La Libertad de Expresión en nuestra sociedad

Comentario de Alfonso García sobre la reciente polémica sobre la retirada de unas obras en la feria de arte ARCO o la condena a un rapero con letras violentas.

«Cadena SER, esta misma mañana. Bloque informativo sobre agresiones a la libertad de expresión. Pepa Bueno, haciendo perceptibles esfuerzos para contener la indignación, dibuja un panorama de neofascismo rampante. Vivimos en un país en el que a un inofensivo rapero le puede caer una condena de prisión por fantasear sobre sesos de guardias civiles estampados contra los cristales de sus coches patrulla o bombas en plazas de toros. Vivimos en un país en el que se puede secuestrar, tres años después de la edición, un libro en el que a un señor no le ha gustado verse retratado como narcotraficante. Vivimos en un país en el que se retiran de exposiciones artísticas obras que denuncian la situación de los presos políticos (sic) en el Estado (sic). Y encima la Ley Mordaza (otra vez sic), con, al parecer, decenas y decenas de miles de sanciones administrativas aplicadas ya en contra de los inocentes desahogos de los pobres ciudadanos.

Pepa casi ha conseguido conmoverme, llevarme a compartir toda su ira justiciera. Que salga a la calle casi con la convicción de que voy a ver a las fuerzas y cuerpos repartiendo porrazos a discreción por las calles. Aleatoriamente, casi con carácter preventivo. Seguro de que pueden irrumpir brutalmente en el hogar de cualquiera y llevarse detenido a alguien porque ha publicado un «tuit» diciendo que el concejal de cultura por el PP en Navalagamella es feo y además está calvo.

El speech de Pepa Bueno es interrumpido por un bloque de publicidad comercial y corporativa (en el que destaca la promoción del «Libro de Estilo de la Cadena SER», con una voz muy solemne detallando el apartado en el que se determina el modo correcto de usar la toponimia autonómica). Al regreso, Pepa, que sigue igual de tensa, detalla, ahora enfocándolo desde el punto de vista de las iniciativas loables, otras cuestiones que atañen a las cosas que expresa gente, incluso desde un pasado que empieza a ser remoto, pero que ya no son tan defendibles como lo del derecho del rapero catalán a soñar con ejecuciones sumarias.

Por ejemplo, glosa del artículo de una autora feminista, en «El País», sobre la posible conveniencia de prohibir la novela «Lolita», de Vladimir Nabokov. A continuación, nuevas propuestas para ampliar la Ley de Memoria Histórica con sanciones de cárcel para cualquiera que exprese una opinión complaciente o tibia, no condenatoria, de cualquier cosa relacionada con el régimen de Franco. Inmediatamente, altavoz para demandas restrictivas de representantes del colectivo LGTBI, proponiendo que determinadas alusiones que entienden como ofensivas para su sensibilidad, desaparezcan para siempre de cualquier medio de comunicación, bajo amenaza de sanciones gordísimas.

Antes de pasar al bloque informativo sobre la huelga feminista del 8 de marzo, Pepa nos cuenta las últimas iniciativas de las activistas de «me too» y nuevos avances en la implantación del lenguaje paritario en los ámbitos educativo y mediático, con advertencia de más sanciones para quien se resista a adoptarlo.»

Alfonso García

El callejón sin salida de la Física moderna

1. Historia de las teorías de la unificación

Para saber por qué la física moderna ha llegado a un callejón sin salida, tenemos que retroceder a mediados del siglo XIX.

En aquel tiempo, se conocían tres tipos de fuerzas en el Universo: la gravedad, la electricidad y el magnetismo. Toda fuerza en el universo podía reducirse a uno de estos tres tipos de fuerzas.

Así, por ejemplo, cuando uno sostiene una piedra con la mano, hay una fuerza para abajo (la gravedad de la Tierra) y una fuerza para arriba (la oposición eléctrica entre los electrones de la mano y los electrones de la piedra), que se cancelan exactamente por ser de la misma intensidad y sentido opuesto, por lo que la piedra permanece inmóvil.

Cada uno de estos tres tipos de fuerzas tenía sus propias ecuaciones (en caso de la gravedad, las ecuaciones de Newton) y sus propias características.

La historia comienza en 1865, cuando el científico James Clerk Maxwell publica un conjunto de ecuaciones que gobiernan al mismo tiempo la electricidad y el magnetismo. Con ellas demuestra que la electricidad y el magnetismo no son dos tipos de fuerzas diferentes sino las dos caras de un mismo tipo de fuerza: el electromagnetismo, que se expresa en ciertas ocasiones como electricidad y en otras ocasiones como magnetismo.

Además, las ecuaciones definían la existencia de ondas electromagnéticas que, más tarde, se identificaron con la luz, tanto visible (rojo, azul, violeta, etc) como invisible (infrarrojo, ultravioleta, microondas, ondas de radio, etc). Así que, de carambola, Maxwell explicó la naturaleza de la luz.

Figura 1. Maxwell, el genio que revolucionó el mundo con un conjunto de ecuaciones. Seguro que era de Apple.

Esto fue un avance revolucionario (un enorme «breakthrough», Miquel). De las ecuaciones de Maxwell se deriva toda la electrónica, informática y comunicación modernas. Cada vez que sostienes el iPhone en tus manos compruebas el inmenso poder de esas ecuaciones para crear artefactos insuperables.

Así, después de la unificación de Maxwell, quedaron dos fuerzas en el universo: la gravedad (regida por la teoría de Newton) y el electromagnetismo (regida por la teoría de Maxwell).

Durante la primera mitad del siglo XX aparecieron dos teorías matemáticas que explicaban mejor el comportamiento de estos dos tipos de fuerzas. Para la gravedad, apareció la relatividad general de Einstein. Para el electromagnetismo, apareció la física cuántica (con gente como Planck, Schrödinger, Heisenberg, Max Born y el mismo Einstein, que fue uno de sus pioneros y su mayor oponente). Las teorías de Newton y de Maxwell siguieron siendo aplicables para la inmensa mayoría de los casos cotidianos, pero las nuevas teorías explicaban mejor los casos no cotidianos, por lo que pueden considerarse una generalización de las teorías antiguas.

Figura 2. Los científicos que crearon la física cuántica. Después de esa generación de genios, ya nadie ni nada los ha igualado, excepto Steve Jobs.

Ahora bien, mucha gente (entre la que me incluyo) considera sumamente desagradable que existan dos tipos de fuerzas diferentes y dos teorías diferentes que las rigen. Por tres razones:

  • Para comenzar, ¿por qué dos tipos de fuerzas? Dos es un número realmente feo y poco elegante. Uno es el número más elegante, más sencillo desde el punto de vista matemático.
  • ¿Por qué dos teorías diferentes? La realidad física es sólo una y única. ¿Por qué necesitamos dos teorías para explicarla?
  • Para más inri, la relatividad general y la física cuántica son teorías incompatibles. No pueden ser las dos ciertas a la vez (pero sí pueden ser las dos falsas a la vez). Es sumamente desagradable que para explicar la realidad tengamos que usar dos teorías incompatibles entre ellas, cuando la realidad física es única y compatible con ella misma.

¿No sería posible unificar las dos fuerzas en una sola teoría con un conjunto único de ecuaciones, de la misma forma que hizo Maxwell con la electricidad y el magnetismo? Si así fuera, la gravedad y el electromagnetismo no serían dos tipos de fuerza sino dos caras del mismo tipo de fuerzas, con una sola teoría.

Eso sería mucho más elegante y bonito. Tendríamos una «teoría del todo», una teoría que explicaría toda la física. Una realidad, un tipo de fuerza, una teoría. Un anillo para gobernarlos a todos.

Como decían los antepasados, «el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones». Esa bella idea de unificar todas las fuerzas en una sola teoría iba a ser el agujero negro que se iba a tragar toda la Física moderna.

El primero que cayó en este agujero fue Einstein, que pasó la segunda parte de su vida buscando esa teoría que unificaría el electromagnetismo con la gravedad, fallando estrepitosamente.

Más adelante, se descubrieron en el Universo dos tipos de fuerzas adicionales: la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil (las cuales operan en el núcleo del átomo). Ahora no teníamos que unificar dos fuerzas sino cuatro. El problema se hizo más difícil. También más importante, porque 4 es un número más feo que 2.

Figura 3. Las cuatro fuerzas fundamentales del Universo (o mejor dicho, cuatro tipos de fuerzas)

La cosa comenzó progresando con un ritmo razonable. Usando algunos trucos matemáticos, los científicos encontraron una manera de unificar la fuerza electromagnética con la fuerza nuclear débil como dos caras de la misma fuerza, que llamaron «electrodébil». La teoría fue comprobada con experimentos. Por ello, Sheldon Glashow, Abdus Salam y Steven Weinberg recibieron el Premio Nobel de Física de 1979.

Figura 4. Recibieron el Nobel de Física que realmente merecía Steve Jobs, que en esos momentos sacaba el ordenador Apple II+. Mucha corrupción es lo que hay.

Cuando yo comenzaba a leer de estos temas durante los años 80, los libros de divulgación científica tenían un tono optimista: era sólo cuestión de tiempo que se formulara una teoría que unificara  las tres fuerzas: gravedad, fuerte y electrodébil en una sola. Así llegaríamos a la «teoría del todo», el Santo Grial de la Física Moderna.

De varias candidatas para la teoría del todo, la más prometedora parecía la teoría de cuerdas («string theory»). Según esta teoría, las partículas elementales (electrón, fotón, quarks, etc) no eran en realidad puntos, sino líneas que vibraban a diferentes ritmos y en diferentes formas (a las que se llamó «cuerdas»). Esas cuerdas vibrantes producían las partículas tal como las conocíamos y, en última instancia, todo el mundo físico. Las ecuaciones derivadas de la vibración de las cuerdas tendrían la posibilidad de unificar las tres fuerzas, es decir, la teoría de cuerdas sería la «teoría del todo».

Fue una época de gran optimismo. Todos estaban convencidos de que se iba a conseguir la teoría definitiva que explicaría el Universo y que sería el logro mayor de la historia de la Física. Una única teoría explicaría todo el Universo de una forma bella y elegante. Algunos incluso profetizaron que, después de esta unificación, sólo quedarían detalles menores por investigar en Física. Aclarados estos detalles, la Física acabaría como ciencia porque nada quedaría por explicar: todo estaría explicado con un esquema racional y bellísimo.

Y entonces, todo comenzó a ir de mal en peor.

2. Intentando solucionar el problema más difícil de todos

Este bello panorama se enfrentaba con un obstáculo muy difícil de salvar.

Para comprobar la teoría de cuerdas u otras teorías unificadoras de fuerza, se necesitaban energías enormes. Alguien calculó que el acelerador de partículas que se necesitaría para hacer los experimentos era tan grande como el sistema solar.

Figura 5. El acelerador de partículas del CERN es inmenso: tiene 27 km (ver la persona en el centro inferior de la foto). Por él viajan los átomos casi a la velocidad de la luz hasta que chocan y los científicos analizan los efectos de los choques, validando teorías atómicas. Un triunfo de la tecnología, sólo superado por el iPhone. Para comprobar algunas de las teorías de unificación de fuerzas se necesitarían aceleradores de partículas del tamaño del Sistema Solar.

Esto colocó a la Física en un problema. ¿Cómo comprobar esas nuevas teorías si los experimentos para comprobarlas o descartarlas no podían llevarse a cabo?

La estrategia más obvia era ponerse a investigar nuevas técnicas para crear aceleradores de partículas más potentes, que no necesitaran ser tan grandes como el Sistema Solar pero que produjeran los mismos efectos. Pero esto es más fácil decirlo que hacerlo: a veces la tecnología encuentra límites difíciles de franquear (por ejemplo, los aviones de hoy viajan a la misma velocidad que los de hace 50 años y, con toda seguridad, a la misma velocidad que los aviones que viajarán 50 años en el futuro).

Además, la estrategia de pasar de concentrarse en ecuaciones a  concentrarse en tecnología de aceleradores de partículas choca con prejuicios muy arraigados en la ciencia occidental, prejuicios que vienen de los antiguos griegos.

En efecto, en el tiempo de los griegos, no existía todavía la ciencia, pero sí existía la filosofía natural (la parte de la filosofía dedicada al mundo natural), que es el antepasado de la ciencia. El problema de la filosofía natural durante los tiempos griegos y helenísticos fue que la teoría se consideraba noble y admirable mientras que mancharse en las manos con los experimentos se consideraba poco digno. Esto era el reflejo de una sociedad en que a los pobres se les consideraba chusma despreciable (el amor por los pobres llegaría después, con el cristianismo), el trabajo manual lo hacían los despreciables esclavos y los únicos que tenían tiempo para el trabajo intelectual era la gente con recursos económicos, que se consideraban demasiado nobles para el trabajo manual y mecánico.

Descartados los experimentos manuales, la filosofía natural se basó en dos pilares puramente intelectuales: el razonamiento y la observación. El razonamiento permitía llegar a conclusiones basadas en la lógica, mientras que la observación de la naturaleza impedía que el razonamiento se alejara demasiado de la realidad. Con estas herramientas, el conocimiento griego y helenístico hizo grandes avances en disciplinas específicas, quedando estancado en otras. Fue muy grande el avance en matemáticas y lógica,  las cuales sólo necesitan de razonamiento. También el avance en astronomía y filosofía fue grande, pues esas disciplinas sólo necesitaban razonamiento y observación. Pero las disciplinas que necesitaban experimentos, como la física o la medicina, quedaron estancadas.

Después del estancamiento romano y de las edades oscuras que siguieron a la caída del Imperio, la filosofía natural medieval continuó y mejoró la filosofía natural griega en la que se basaba. Sin embargo, a pesar de que sentó las bases de la ciencia moderna, el amor por la teoría y desprecio por la práctica también limitó el alcance de esta filosofía natural medieval, que no pudo avanzar lo suficiente.

Galileo Galilei (1564​-1642) rescató al pensamiento occidental de este problema cuando, ya viejo y en arresto domiciliario decretado por la Inquisición, dejó de perder el tiempo y comenzó a hacer experimentos ingeniosos con el movimiento de los cuerpos, creando la ciencia y la Física modernas.

Pero el prejuicio contra lo manual continuó existiendo de forma más moderada, por inercia y porque es parte de la naturaleza humana. Al fin y al cabo, toda sociedad valora más al trabajo más intelectual, que está mejor remunerado. Así, se valora más al funcionario que al fontanero, al arquitecto que al obrero, al periodista que al que opera la prensa de un periódico, al profesor de Universidad que a la señora que limpia la Universidad.

De la misma manera, siempre se ha celebrado al científico teórico y pocas veces a aquel que crea los instrumentos (que muchas veces es también un científico). Galileo usó el telescopio para observar los cielos, pero no sabemos quien inventó el telescopio. Todos conocemos el nombre de Einstein, pero ¿conocemos el nombre de aquel que creó los instrumentos que se usaron para comprobar la teoría de la relatividad? Yo no lo conozco.

La historia de la Física está llena de grandes teóricos escritos con letras de oro: Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, Maxwell, Einstein y todos los de la mecánica cuántica. ¿Se encuentran en los libros de historia de la Física los que crearon las máquinas con las cuales hacían los experimentos? Se menciona a unos pocos de paso y sin darles reconocimiento. Algunas veces quedan como notas a pie de página y la mayoría de veces ni se menciona. (Las excelentes series de televisión Conexiones 1, 2 y 3 de James Burke, disponibles en Youtube en español, recogen esos avances tecnológicos que quedan fuera de los libros de ciencia y a los que tanto debemos)

Un físico que trabaja en una Universidad o centro de investigación no quiere ser el personaje olvidado que creó los instrumentos que se usaron para comprobar las teorías de Einstein: quiere ser Einstein, alguien que es recordado y celebrado. Además, los físicos eligen la carrera porque les gusta la teoría. Si les gustara crear tecnología, serían ingenieros.

Sin aceleradores de partículas suficientemente potentes para llevar a cabo experimentos que distinguieran las teorías ciertas de las falsas, la Física se encontraba en graves problemas.

Si la estrategia anterior de construir aceleradores de partículas más potentes no resultaba factible, la segunda solución más razonable hubiera sido dejar de investigar en la unificación de fuerzas y pasar a otros temas. Había otros problemas menores en Física, que podían atacarse, aunque no eran tan atractivos como la unificación.

Y, si no se podía o no se quería resolver los problemas menores, se podía dejar reposar a la Física durante un tiempo (quizás siglos). A veces, pasa que una disciplina científica queda estancada durante un largo tiempo y no hay nada malo en ello.

Quizás con el tiempo se encontrara una solución al problema de la unificación. O quizás no existiera tal unificación y tendríamos que aceptar que hay tres tipos de fuerzas en el Universo (gravedad, fuerte, electrodébil) en vez de uno. Al fin y al cabo, que haya un único tipo de fuerzas en el Universo es una hipótesis, que puede ser cierta o falsa (yo no encuentro descabellado que la hipótesis sea falsa, pero esta es una posibilidad que no es ni siquiera considerada por la mayoría de los físicos, por una serie de aspectos no científicos que sería muy largo explicar aquí).

El problema es que no se podía dejar reposar la Física. La ciencia había sido un deber casi religioso hasta tiempos de Einstein y los científicos de la mecánica cuántica, los cuales, en su trabajo, se comportaban con una ética admirable y un amor a la verdad fuera de dudas. Pero en nuestra época se había convertido en una gran industria del que vivían millones de personas en universidades y centros de investigación. Muchos millones de dólares se dedicaban a la investigación científica. Mientras tanto, la cualidad moral de la sociedad (y, por tanto, del científico) había caído en picado. La ciencia era un gran negocio y la corrupción subió hasta extremos insospechados (para un análisis de este problema, ver el libro «Not even trying» de Bruce Charlton, disponible gratuitamente en línea).

Había que seguir con el negocio, costara lo que costara, pues muchos vivían de ello. Había que encontrar una solución. Y entonces, los físicos la encontraron, pero resultó ser una solución falsa que llevó al callejón sin salida actual.

3. La solución: volver a la Edad Media

Si no podemos comprobar teorías en base a experimentos, ¿por qué no comprobamos las teorías en base a su belleza matemática? La idea parecía razonable. Siempre los científicos han usado la belleza matemática para priorizar entre teorías.

En efecto, si una cosa nos han enseñado la filosofía natural y la ciencia, es que el Universo no se comporta al azar sino que es ordenado (es decir, sigue unas leyes).

Lo que se debería esperar si el Universo se hubiera generado por sí solo, es que las partículas del Universo se comportaran al azar, pues por cada comportamiento ordenado de una partícula, hay una cantidad inimaginable de comportamientos al azar de la misma partícula. Si esto lo multiplicamos por el número de partículas del universo, llegamos a una cantidad tan grande de comportamientos azarosos del Universo por cada comportamiento ordenado del Universo que no se puede expresar en términos matemáticos (por ejemplo, si se expresara de forma decimal 10000000….0000, el número de ceros sería inimaginablemente más grande que el número de electrones en el Universo).

No sólo el Universo sigue esas leyes , sino que estas leyes del Universo son de una gran belleza y coherencia matemática. Como descubrió Pitágoras en el siglo V a.C, el Universo está ordenado y este orden está escrito en lenguaje matemático. Este es el descubrimiento más importante de la historia de la ciencia. Siendo la matemática un producto del intelecto, resulta imposible evitar la conclusión de que la existencia de un diseñador inteligente del Universo, como han observado muchos científicos, incluido Einstein.

Es por ello que los científicos siempre han usado la belleza matemática como una orientación para llegar a una teoría científica. En efecto, dados unos datos (obtenidos de la observación o el experimento), hay infinitas teorías que podrían explicarlos, como se ve en la figura siguiente.

Figura 6. En esta figura, se muestra que si tenemos una serie de datos, hay infinitas teorías que explican estos datos. Aquí tenemos cuatro datos obtenidos por observación o experimento (son cuatro puntos que se marcan con las aspas). Por ejemplo, podrían ser observaciones de la posición de un planeta obtenidas mediante un telescopio. Las teorías que explican estos cuatro datos se representan por líneas. Siguiendo el ejemplo anterior, podrían ser teorías sobre la forma de la órbita de ese planeta. Vemos tres teorías posibles: una órbita elíptica, una órbita rectangular y una órbita ondulada, pero se podrían dibujar infinitas líneas que pasaran por estos cuatro puntos (infinitas teorías que concordaran con esos datos).

Dadas las infinitas teorías que concuerdan con los datos, ¿cómo elegir una? ¿cómo encontrar la que es cierta? ¿Cómo encontrar esa aguja única en un pajar infinito?

Normalmente, se intenta primero la que tiene más belleza matemática. Parte de esa belleza matemática es la simplicidad de la teoría. Este es el principio conocido como navaja de Occam (formulado por el monje católico y filósofo medieval inglés Guillermo de Occam, que vivió entre 1280 y 1349). La navaja de Occam dice «entre dos teorías que explican los datos, elige primero la más sencilla».

No es una regla que funcione siempre (como las reglas de la lógica que funcionan siempre). La navaja de Occam es una regla empírica («rule of thumb») que funciona bien la mayoría de las veces, como mínimo para una primera aproximación.

Por ejemplo, en la figura 6, aplicando la navaja de Occam, la teoría que se priorizaría sería la órbita en forma de elipse (es la más sencilla desde el punto de vista matemático). Sólo si los experimentos demuestran que es falsa, se considerarían otras teorías.

Figura 7. Guillermo de Occam, el creador de la navaja de Occam y de la filosofía moderna en la vidriera de una iglesia.

Sin embargo, el término «belleza matemática» no sólo contiene la simplicidad propuesta por Occam, sino también otros presupuestos estéticos subjetivos, lo que puede llevar a errores.

En otro ejemplo, Einstein formuló la teoría de la relatividad sólo con razonamientos y basándose en la belleza matemática de la teoría. Cuando le dijeron que su teoría se había comprobado en la observación de un eclipse dijo algo así como: «Mejor para la realidad, pues mi teoría es cierta» (cito de memoria).

Sin embargo, Einstein se equivocaba. Hay infinitas teorías bellas y sólo unas cuantas son ciertas. Es más: a veces la teoría que es cierta no es la más bella posible. Por ello, los experimentos son necesarios para distinguir una teoría cierta de la falsa.

Por ello, desde Galileo, el método de la física había sido siempre el siguiente:

  • 1) Piensa en teorías posibles que puedan explicar los datos y, de todas las teorías que se te ocurren, elige la que tenga más belleza matemática.
  • 2) Haz experimentos para obtener datos que te permitan comprobar o descartar esta teoría
  • 3) Si se comprueba, ya has acabado. Si los datos de los experimentos la descartan, vuelve al punto 1), pero descartando esa teoría y todas las teorías que vayan en contra de los datos.

Lo que hicieron los físicos para salir del problema que tenían con la imposibilidad de hacer experimentos era prescindir de los pasos 2) y 3). La física se redujo al paso 1)

Es decir, la Física iba a prescindir de los experimentos e iba a volver a tiempos griegos y medievales, antes de Galileo, cuando todos los descubrimientos se hacían a puro trabajo intelectual, usando razonamiento y observación (pero no experimentos). Todo esto fue disimulado con el hecho de que se usaban complejas ecuaciones matemáticas, que daban respetabilidad al hecho de que la Física había dejado de ser ciencia y se había vuelto a convertir en filosofía natural (la cual había tenido éxitos, sin duda, pero que era limitada para un área como la física).

Esto impidió que la industria de la Física se parara. Los estudiantes podían hacer una tesis doctoral resolviendo un problema matemático de la teoría de cuerdas. Los profesores podían corregir estas tesis y pedir subvenciones para explorar detalles de la teoría de cuerdas. La física degeneró en un ejercicio puramente intelectual y matemático de expansión de teoría de cuerdas. Esto daba que comer a la gente, pero ya no era ciencia, sino una especie de ejercicio matemático, con poca relación con la realidad física. Todo ello se justificaba con el argumento que era un paso hacia la unificación de fuerzas o «teoría del todo», lo que, como hemos visto, es el Santo Grial de la Física moderna.

Pero lo peor todavía estaba por llegar y nos volvió a los peores momentos de la filosofía natural.

4. La historia de los epiciclos

Hemos dicho que la filosofía natural se basaba en razonamiento+observación, pero la ciencia se basa en razonamiento+observación+experimentos. Pero, ¿qué diferencia hay? ¿No es acaso la observación un caso especial de experimento?

En realidad, la línea que separa la observación del experimento es borrosa. El criterio principal es que un experimento está específicamente diseñado para comprobar o descartar la teoría que se está considerando. Es dependiente de la teoría que estamos analizando. Por el contrario, la observación es algo que ya está allí de forma independiente a la teoría que se está analizando (a veces, son datos obtenidos de experimentos diseñados para otras teorías). Es por eso que los experimentos obtienen datos más relevantes para evaluar si una cierta teoría es cierta.

No sólo eso, sino que las observaciones están dadas pero uno puede diseñar un número grande de experimentos en una pequeña cantidad de tiempo. Por eso, los experimentos obtienen más cantidad de datos para evaluar si una cierta teoría es cierta.

Sin los abundantes y relevantes datos de los experimentos, la física tiene difícil elegir entre teorías. Puede guiarse por criterios estéticos, de belleza matemática, pero esto puede llevarle a conclusiones inadecuadas.  Específicamente, cuando una observación descarta una teoría, existe la tendencia de complicar la teoría para que cumpla con los datos, sin cuestionar sus fundamentos básicos. Es más fácil reformar algo que tirarlo y comenzar de nuevo.

Nunca fue esto más evidente que con la teoría de cuerdas actual y con la astronomía de los siglos antes de Copérnico y Kepler. Platón había dicho que las órbitas de las planetas eran circulares y así se consideró por mucho tiempo. ¿Al fin y al cabo, no es el círculo la figura geométrica más bella en dos dimensiones (la más sencilla de describir matemáticamente)? El criterio de simplicidad no se había formulado (porque Occam no había nacido todavía) pero ya se estaba utilizando (de forma no sistemática).

Pero por la época de la Edad Media la tecnología de observación astronómica había avanzado y las observaciones astronómicas eran cada vez mejores y estaba claro que los planetas no se movían en círculos. La estrategia correcta hubiera sido rechazar la teoría de las órbitas circulares y empezar de nuevo.

Pero los pocos datos que había no justificaban un cambio tan radical. Así que los teóricos encontraron una salida, complicando la teoría para que se ajustara a los datos, sin cuestionar el círculo como fundamento básico. De esta manera, nació la teoría de los epiciclos.

Podemos ver esta teoría en la figura siguiente. Recordemos que estamos antes de Copérnico y se considera a la Tierra el centro del Sistema Solar.

Figura 8. La teoría de epiciclos más sencilla.

El planeta se mueve orbitando una pequeña orbita circular (que está en rojo en la figura), a la cual se le llama «epiciclo». El centro de este epiciclo (el punto negro) orbita a su vez alrededor de la Tierra en una gran órbita circular (que está en azul).

La combinación de estas dos órbitas circulares produce un movimiento combinado complejo del planeta, el cual vemos en la siguiente figura:

Figura 9. Como el movimiento del planeta se deriva de la combinación de las dos órbitas (la principal y el epiciclo)

La línea en azul indica cómo se mueve el planeta cuando se combinan las dos órbitas circulares: la órbita grande y el pequeño epiciclo. Vemos que el movimiento es muy diferente a una órbita circular pero se ha producido a partir de dos órbitas circulares.

¿Para qué complicarse la vida de esta manera? Simplemente para reconciliar las observaciones astronómicas con el principio de que las órbitas son circulares.

Hemos visto en el apartado 3 que, cuando una observación u experimento falsea una teoría (por ejemplo, que las órbitas son circulares), hay que formular una nueva teoría. Pero, ¿cuál? Como he dicho, dada una serie de datos obtenidos por observación o experimentos, hay infinitas teorías que los explican. ¿Cómo elegir una entre las infinitas posibilidades?

Figura 10. Supongamos que las observaciones han descartado la órbita elíptica. ¿Cuál es la segunda que probaremos? ¿La rectangular, la ondulada o cualquiera de las infinitas que no están dibujadas en el papel?

 

Dadas las infinitas teorías que concuerdan con los datos, ¿cómo elegir una?. Como he dicho, el científico se guía por la belleza matemática. Muchas veces esto ha significado aplicar la navaja de Occam. Pero esta a veces resulta difícil de aplicarse y además a veces hay criterios de belleza diferentes de la simplicidad. Por ejemplo, los antiguos tenían muy arraigado el principio de que la Tierra era el centro y el principio platónico de que las órbitas eran circulares. Les resultaba inimaginable tirarlo todo y comenzar de nuevo.

Con los epiciclos podían tener las dos cosas: una teoría basada en el círculo y que explicaba los datos de las observaciones astronómicas.

Esto resolvió el problema por un tiempo. Sin embargo, la tecnología de observación astronómica seguía mejorando y, como consecuencia, las observaciones astronómicas eran cada vez más exactas.

Figura 11. Las tablas alfonsíes

En 1252 se publican las «Tablas alfonsíes», conjunto de observaciones astronómicas creadas a iniciativa de Alfonso X el Sabio (1221​- 1284), rey de Castilla y León. Las tablas indicaban la posición de los cuerpos celestes (Sol, Luna, planetas y estrellas) en el cielo de Toledo desde 1263 hasta 1272. Durante siglos fueron las tablas utilizadas para saber la posición de los cuerpos celestes en el cielo, lo que era de importancia vital para los navegantes, que se orientaban con las estrellas y que usaron estas tablas de forma intensiva.

A partir de las tablas alfonsíes, pronto se vio que el movimiento de los planetas no coincidía con el movimiento de la teoría de los epiciclos (que se ha dibujado en azul en la figura 9).

¿Qué hacer? Nosotros sabemos que lo razonable era poner al Sol en el centro del Sistema Solar y hacer las órbitas elípticas. Sin embargo, a los antiguos eso les parecía inimaginable, por lo que resolvieron el problema creando un segundo nivel de epiciclos, como se ve en la figura siguiente.

Figura 12. Una teoría con dos niveles de epiciclos.

Ahora el planeta orbitaba sobre un pequeño epiciclo (en rojo), que a su vez orbitaba sobre un epiciclo grande (azul claro), que a su vez orbitaba en una órbita principal sobre la Tierra (azul oscuro).

Los astrónomos creían que, si jugamos con el tamaño y velocidad de cada órbita, podemos reproducir el movimiento del planeta sin desechar los principios de que la Tierra es el centro y las órbitas son circulares.

¿Y si no es así? No hay problema. Se podría crear un nivel más de epiciclos por cada planeta. En la figura 12, podemos colocar otro epiciclo sobre el círculo rojo y jugar con el tamaño y la velocidad hasta que coincida con las observaciones. ¿Y si no lo hace? Pues se puede poner otro nivel de epiciclos sobre ese anterior.

El problema es que esto es más fácil decirlo que hacerlo, pues la complejidad matemática de la teoría es muy grande y crece con el número de niveles de epiciclos. De hecho, los movimientos de los planetas y el Sol vistos desde la Tierra son los siguientes (recordemos que sólo se conocía hasta Saturno).

Figura 13. Los movimientos del sistema solar vistos desde la Tierra

Crear un sistema de epiciclos que explicara estos complejos movimientos era de una gran complejidad matemática. Y esto en una época en que todos los cálculos se hacían a mano.

Cuando le enseñaron el sistema de epiciclos a Alfonso X el Sabio, comentó: «“Si Dios Todopoderoso me hubiera preguntado cuando hizo la creación, le hubiera recomendado algo más sencillo”.

Es fácil reírse de nuestros antepasados, que tuvieron que descubrir el camino que a nosotros se nos ha enseñado, pero veremos que una situación similar se da con la Física actual. En general, de la misma manera que los antiguos no podían ni imaginar que una órbita no fuera circular, nosotros no podemos ni imaginar que haya tres tipos de fuerzas en el Universo, en vez de una. Como veremos más adelante, esta idea fija está produciendo en la actualidad una complejidad mucho mayor que la teoría de los epiciclos. Así que no tenemos nada de lo que reírnos.

La historia de los epiciclos nos enseña dos cosas. La primera es que, si complicas suficiente la teoría, puedes demostrar cualquier cosa. De hecho, cuanto más compleja es la teoría, más variables o parámetros tienes (en nuestro caso, los parámetros son el tamaño y la velocidad de cada órbita). Por lo tanto, más combinaciones de parámetros son posibles y más comportamientos puedes explicar usando una combinación de estos parámetros.

Así, una teoría de una órbita circular sin epiciclos sólo puede demostrar movimientos circulares de los planetas. La teoría simple de epiciclos que se muestra en la figura 8 puede demostrar movimientos circulares (reduces el radio de cada epiciclo a 0 y lo tienes) y muchos otros movimientos más. La teoría de dos epiciclos por cada planeta es aún más general. De hecho, si añades suficientes epiciclos, puedes demostrar cualquier órbita.

La segunda lección es que el precio que debes pagar por una teoría que puede encajar con los datos reales sin abandonar supuestos básicos erróneos es que la teoría se hace cada vez más compleja y barroca.

Basándome en esta historia, llamaré «epiciclo» (entre comillas) a cualquier complicación de una teoría que se introduce para evitar el fracaso de esta teoría ante los datos de la realidad. Estos «epiciclos» hacen más compleja la teoría y hacen que sea más general, permitiéndole explicar más comportamientos posibles. Distinguir con la palabra epiciclos (sin comillas), que tiene el significado original de una órbita secundaria.

Como Alfonso X el Sabio, un monje católico polaco, Nicolás Copérnico (1473-1543)  se dio cuenta de que la teoría astronómica era demasiado compleja pero, al contrario del rey, decidió hacer algo. «Luego de realizar estudios sobre los griegos en Italia, este monje inicia la búsqueda de una explicación más sencilla, más simple, más de acuerdo con la naturaleza del Creador» («El búho de Minerva», Rafael Echeverría). Una explicación más bella, diría yo.

Copérnico puso el Sol en el centro del Sistema Solar, esperando simplificar este sistema endiablado y con la navaja de Occam se cargó a todos los epiciclos.

A partir de este sistema copernicano, el astrónomo Erasmus Reinhold publicó en 1551 las «Tablas prusianas», que los navegantes germanos utilizaron como mejora a las tablas alfonsíes, pero que no consiguieron llegar a toda Europa.

El problema del sistema copernicano es que se quedó a medias. Correctamente, Copérnico supuso que el Sol era el centro del Sistema Solar. Pero siguió suponiendo que las órbitas eran circulares, cuando son elípticas.

Seguro que la oscurantista Iglesia Católica lo condenó a la muerte por poner al Sol como centro del Sistema Solar. Por supuesto que no. Murió tranquilamente, la Iglesia lo enterró con todos los honores y sus teorías eran la moda en toda Europa y conversación animada entre los obispos y cardenales.

No se aceptó la teoría copernicana, simplemente porque la teoría no coincidía con las observaciones. Como los planetas se movían en órbitas elípticas y Copérnico decía que se movían en órbitas circulares, las predicciones hechas por la teoría copernicana no concordaban con las observaciones astronómicas. La teoría era falsa y era obvio que era falsa.

Aparecieron teorías intermedias, como las de Tycho Brahe, en que los planetas giraban alrededor del Sol y el Sol, a su vez, giraba alrededor de la Tierra. Todo estaba en ebullición y nada estaba seguro (un caso similar se da hoy en día con la génesis del Islam).

Este fue el problema de Galileo durante toda su vida. Galileo era un hombre de un orgullo intelectual enorme, que había colocado en la teoría de Copérnico. Quería obligar a la Iglesia a aceptar esta teoría, pero los obispos y cardenales decían que todavía no había suficiente evidencia y que, en el futuro, se podría reconsiderar si los datos la apoyaban. Después insultó veladamente al Papa (que había sido su mayor apoyo y aliado pero que era un hombre tan orgulloso como él) y todo se descontroló.

Al final, Johannes Kepler (1571 – 1630) dedicó toda su vida a resolver el problema. El astrónomo aficionado Tycho Brahe (1546 – 1601) había construido el mejor observatorio astronómico de toda Europa, inventando nuevas tecnologías de observación y guardando celosamente los datos de las observaciones sólo para él. Kepler se dirigió a su «corte» y esperó pacientemente por años. Sólo consiguió los datos cuando Brahe murió. Después se dedicó durante años a formular teorías y a demostrarlas haciendo cálculos a mano durante años. Su vida fue dura: huyendo de sitio en sitio en una Europa devastada por la guerra, su madre fue acusada de bruja y él empleó mucha energía en defenderla.

Devoto protestante, creía en la belleza matemática de un universo creado por Dios. Por ello, el día en que se dio cuenta de que las órbitas no eran circulares fue un día muy amargo para él. Comentó que sólo quedaban porquerías de figuras geométricas: parábolas, elipses… lejos del bello círculo. Al final, demostró que las órbitas eran elípticas (entre otras cosas). A partir de esta teoría y de las observaciones de Tycho Brahe, Kepler publicó las «Tablas Rudolfinas», que iban a sustituir a las tablas alfonsíes como guía de navegantes en todo el mundo.

Sin embargo, a pesar de la navaja de Occam, las teorías de Kepler tardaron mucho tiempo en aceptarse. Galileo y Descartes las ignoraron. Sólo Isaac Newton (1642-1727) consiguió hacerlas universales, al incorporarlas dentro de su teoría de la gravedad, que explicaba el motivo de las órbitas elípticas.

5. La Física actual es un juego de epiciclos

¿Por qué me he desviado tanto del tema principal para contar esta parte de la historia de la ciencia? Porque creo que la Física se encuentra ahora en un momento similar al de los epiciclos. La teoría de los epiciclos actual de la Física es la «teoría de cuerdas», que ya hemos visto.

Como habíamos visto en el apartado 3, la Física se ha convertido en una filosofía natural alejada de los experimentos: un ejercicio teórico disimulado por el uso de lenguaje matemático. Los físicos ya no hacen ecuaciones y comprueban que son ciertas usando experimentos. Ahora hacen ecuaciones y deciden que son ciertas basándose en su belleza matemática.

Esto es peligroso, pues la física no es una disciplina puramente teórica, como las matemáticas o la lógica. Desde Galileo, que la fundó, la física ha sido una disciplina basada en los experimentos. Sin ellos, la física tiene tendencia en caer en problemas parecidos a la teoría de epiciclos que acabamos de ver.

Esto pasó con la teoría de cuerdas. La idea de que las partículas eran líneas vibrantes («cuerdas») y que esta vibración podía explicar todo el universo físico y unificar todas las fuerzas resultó ser tan seductora para los físicos actuales como la idea de que las órbitas eran circulares para los astrónomos medievales.

Pasó lo mismo que en tiempos medievales: cada vez que una observación desmentía las órbitas circulares, simplemente se complicaba la teoría añadiendo una complicación o epiciclo más para que la teoría concordara con las observaciones y mantener el fundamento circular que tanto se amaba.

Con la teoría de cuerdas pasó lo mismo. Aunque la teoría no podía comprobarse con experimentos, sí que había datos obtenidos con otros experimentos físicos con los que tenía que concordar (podríamos considerarlos análogos a las observaciones astronómicas de la teoría de epiciclos).

Pronto se vio que la teoría de cuerdas no concordaba con estas observaciones. Pero ya los físicos se habían enamorado de la física de cuerdas y no la iban abandonar tan fácilmente, de la misma forma que los astrónomos medievales se resistieron a abandonar el círculo.  Este enamoramiento se basa en parte en cuestiones prácticas (en parte porque los científicos son reacios a abandonar una teoría en la que han trabajado por toda su vida y empezar de nuevo) y también en cuestiones teóricas (algunos físicos con poco conocimiento filosófico habían hecho de una teoría de este estilo la base de sus concepciones filosóficas deficientes).

¿Qué hacer cuando no quieres abandonar una teoría pero quieres que concuerde con los experimentos que la desmienten? Siempre puedes añadir un «epiciclo», una complicación de la teoría que le permite explicar más comportamientos y que, por lo tanto, pueda explicar los comportamientos que has obtenido de las observaciones. Si añades suficientes «epiciclos», puedes justificar cualquier cosa.

En la teoría de cuerdas, los primeros «epiciclos» consistieron en añadir dimensiones espaciales. Como sabemos, el Universo tiene tres dimensiones espaciales y una temporal. De repente, se dijo que, en realidad, el Universo constaba de ocho, diez, once o doce dimensiones espaciales (dependiendo la versión de la teoría). No era un impedimento que estas dimensiones no se habían detectado: se dijo que eran microscópicas e indetectables y, de todas maneras, lo importante es que las ecuaciones matemáticas cuadraran. Añadiendo más dimensiones podías explicar más comportamientos posibles: entre ellos, los que se habían observado. Esta era la situación durante los años ochenta, en que yo estudiaba.

Pronto esto se reveló insuficiente, pues los datos no cuadraban con estas teorías primeras, ni incluso añadiendo varias dimensiones. Lo razonable hubiera sido desechar la teoría, pero como hemos dicho, los físicos amaban demasiado la teoría de cuerdas. Se solucionó añadiendo más «epiciclos» a la teoría. Volviéndola a complicar para añadirle más parámetros y, por lo tanto, poder explicar más comportamientos posibles. Así nació la teoría de supercuerdas (o supersimetría o SUSY) que, como habrás supuesto, falló en obtener ninguna comprobación experimental (pero dio de comer a mucha gente).

Pero los físicos siguieron haciendo ecuaciones sin desanimarse por ello. Como consecuencia, aparecieron seis versiones de la teoría de supercuerdas, llamadas:

  • La Teoría de supercuerdas de Tipo I.
  • La Teoría de supercuerdas de Tipo IIA.
  • La Teoría de supercuerdas de Tipo IIB.
  • La Teoría de supercuerdas heterótica SO(32).
  • La Teoría de supercuerdas heterótica E8xE8.
  • La Teoría de supercuerdas supergravedad 11D

En 1995, Edward Witten demostró que estas seis versiones eran casos particulares de una teoría más general llamada «teoría M» («M-theory»). Como se ve, la teoría M es más general que cualquiera de estas teorías de supercuerdas y, por lo tanto, es más complicada, tiene más parámetros y permite explicar más comportamientos posibles.

Figura 14. Las seis teorías de supercuerdas son casos particulares de la teoría M.

¿En qué se basa la «teoría M»? En este contexto, «M» significa «membrana». Al contrario que la teoría de cuerdas clásicas (que suponía que las partículas eran líneas unidimensionales que vibraban), la teoría M supone que las partículas son planos o membranas, objetos bidimensionales que vibran. Obviamente, una línea es un caso específico de un plano, por lo que las membranas permiten explicar más cosas que las cuerdas. Se trata, en suma, de otro «epiciclo» que permite explicar más comportamientos al precio de complicar la teoría.

En todo este proceso, la matemática se hizo cada vez más compleja e inmanejable. Pronto, cada «avance» en teoría de cuerdas constaba de cientos de páginas con abstrusas ecuaciones. Como la teoría era cada vez más compleja, tenía cada vez más parámetros y era difícil saber qué combinación de parámetros era la cierta.

Uno imagina a Alfonso X el Sabio resucitando y diciendo a los teóricos de cuerdas: “Si Dios Todopoderoso me hubiera preguntado cuando hizo la creación, le hubiera recomendado algo más sencillo”.

A falta de un rey medieval, otros han dado la voz de alarma, en 2006, Peter Woit, Doctor en Física Teórica y profesor de matemáticas en la Universidad de Columbia publica el artículo «Not Even Wrong: The Failure of String Theory and the Search for Unity in Physical Law«, que acaba convirtiéndose en un libro. En junio de 2018, está prevista la publicación de «Lost in Math: How Beauty Leads Physics Astray» de Sabine Hossenfelder. El texto de la solapa no puede ser más aclarador:

Ya se considerando los agujeros negros o prediciendo descubrimientos en el CERN, los físicos creen que las mejores teorías son bellas, naturales y elegantes y que este criterio separa las teorías populares de las que se desecha.  Sabine Hossenfelder afirma que esta es la razón de que no hayamos visto un avance importante («major breakthrough») en los fundamentos de la Física durante más de cuatro décadas.

La creencia en la belleza se ha hecho tan dogmática que ahora entra en conflicto con la objetividad científica: la observación ha sido incapaz de confirmar teorías excitantes, como supersumetría o la gran unificación, inventadas por los físicos basándose en criterios estéticos.

Aún peor, esas teorías «demasiado buenas para no ser ciertas» son imposibles de comprobar en la realidad y han dejado la disciplina en un callejón sin salida. Para escapar, los físicos deben replantearse sus métodos. Sólo aceptando la realidad como es puede la ciencia descubrir la verdad.

Como el texto anterior afirma, se sabe que la teoría de cuerdas no es falsificable. Es decir, que no hay ningún experimento concebible que pudiera demostrar que es falsa. Así, por ejemplo, la teoría de la gravedad de Einstein es falsificable, pues se podría imaginar un movimiento que no se ajustara a las ecuaciones de la teoría, lo que demostraría que la teoría es falsa («falsificaría la teoría»).

Que la teoría de cuerdas no es falsificable es consecuencia de lo que contaba anteriormente: la teoría se ha hecho tan compleja y con tantos parámetros que puede explicar cualquier cosa (de la misma que una teoría con suficiente número de epiciclos podía explicar cualquier movimiento planetario). De forma que ningún experimento puede descartarla, pues cualquier observación es compatible con la teoría.

Figura 15. Karl Popper (1902 – 1994), el filósofo de la ciencia (y de la política) que formuló el criterio de falsificabilidad.

Que la teoría de cuerdas no sea falsificable es importante, pues, desde Karl Popper, se ha supuesto que una teoría que no es falsificable, no es una teoría científica. Los teóricos de cuerdas se defienden diciendo que hay que redefinir el concepto de ciencia, para que incluya teorías no falsificables por experimentos. A estos extremos lamentables hemos llegado.

Otros menos radicales dicen que, aunque la teoría de cuerdas no es falsificable, lo puede ser en el futuro. Pero en el futuro, puede pasar cualquier cosa y no es ningún argumento válido «el futuro me dará la razón», que todo el mundo puede decir para sostener su posición.

Mientras tanto, la teoría de cuerdas ha llegado al gran público. Los libros de divulgación científica la presentan como cierta a un público incauto, a pesar de no contar con ninguna evidencia. Los más importantes de estos libros incluyen «El universo elegante» (1999) por Brian Greene o «El gran diseño» (2010) por Stephen Hawking y Leonard Mlodinow.

El 21 de junio de 2000, en una reunión de físicos en Copenhaguen, se formuló una apuesta (llamada «SUSY bet») bajo la pregunta: «¿Cree usted que en 10 años se habrá descubierto experimentalmente «una pareja supersimétrica de una partícula conocida»? (es decir, una partícula que demuestre que una teoría de las supercuerdas es cierta). Esta apuesta (que involucraba una botella de coñac) se renovó en 2011. En 2016, cuando no se descubrió nada, los perdedores pagaron deportivamente la botella, pero no renunciaron a la teoría de cuerdas, que se ha vuelto una pared que está bloqueando el avance de la física.

Es difícil saber que hacer ante este callejón sin salida de la Física actual. La mayoría de físicos siguen diciendo que hay que seguir con la teoría de cuerdas y que, aunque no hay evidencias, debemos esperar pacientemente a que los dé. Si hace falta, esperar siglos. Uno recuerda la teoría de epiciclos que detuvo la teoría astronómica por siglos sin ninguna evidencia.

Uno de los perdedores de la apuesta «SUSY bet» (David Gross) dijo lo siguiente:

En la ausencia de alguna evidencia experimental positiva de la supersimetría, es un buen momento para aterrorizar a los jóvenes en el público y decirles: «No seguid a vuestros mayores…Id y buscad algo nuevo y loco y poderoso y diferente. Especialmente, diferente. Definitivamente, esta es una buena lección. Pero soy demasiado viejo para ello.

Palabras sabias, sin duda. Sin embargo, no llegan al fondo del asunto, que es la dificultad de comprobar las teorías con experimentos, dadas las inmensas energías que se necesitan. Sin los experimentos, cualquier teoría «nueva y loca y poderosa y diferente», acabará siendo otra teoría matemática que añada «epiciclos» y «epiciclos» hasta convertirse en un maremágnum parecido a la teoría de cuerdas actual. Sin experimentos, la física no puede avanzar.

Mi predicción es que, de la misma manera que se pasaron siglos con la teoría de los epiciclos, pasaremos mucho tiempo con la física en punto muerto, con los físicos ganándose el pan formulando versiones más complejas de teorías matemáticas sin relación con la realidad y diciendo que la unificación está a la vuelta de la esquina. Hemos entrado en una segunda época de los epiciclos.

En última instancia, lo que hizo desechar la teoría de los epiciclos y adoptar la teoría de Copérnico-Kepler no fue la idea de que el Sol podía estar en el centro, lo cual ya había sido propuesto por Aristarco de Samos (310 – 230 a.C). Lo que acabó con la teoría de los epiciclos fueron las observaciones astronómicas cada vez más exactas que se estaban dando en la Edad Media y el Renacimiento. Las tablas alfonsinas o las observaciones de Tycho Brahe fueron las que hicieron que los modelos teóricos no tuvieran más remedio que variar. Y estas observaciones eran consecuencia de una tecnología de observación astronómica cada vez más avanzada. Fue la tecnología la que hizo avanzar la ciencia y la que hizo desechar teorías demasiado complejas para acercarse a la verdad.

De la misma manera, cuando la tecnología de aceleradores de partículas avance y permita comprobar las teorías de unificación, la Física saldrá de las arenas movedizas actuales (similares a la teoría de epiciclos) y hará un progreso hacia adelante. Pero seguramente nosotros ya no veremos esto. Para nosotros, la Física ha entrado en una segunda era de los epiciclos, en un callejón sin salida.

 

Sobre Sola Scriptura e inerrancia bíblica

[Traducción apresurada de un comentario apresurado en inglés que hice a un hermano evangélico sobre este tema. He corregido algún error. El original en inglés se encuentra aquí.

El comentario explica dos conceptos que separan a los católicos y protestantes.

El concepto protestante de Sola Scriptura: el mensaje cristiano es solamente el que se encuentra en la Biblia por lo que cualquier cosa que no está en la Biblia no es cristiano. Este concepto fue creado por Lutero y es el más importante de la doctrina protestante.

El concepto más moderno de inerrancia bíblica, que significa que la Biblia no tiene errores. Los protestantes construyen este concepto a finales del siglo XIX, como un refuerzo sobre Sola Scriptura.]

Como católico, intento suprimir el impulso de decir a nuestros hermanos evangélicos: «Os lo dijimos». No es una actitud como la de Cristo pero es la verdad.  Un pequeño resumen:

Lutero intentó establecer su autoridad por encima de la autoridad del Papa. ¿Cómo podía hacer esto? Era sólo un monje y el Papa era (teóricamente) el sucesor de San Pedro. Encontró una solución: la Biblia es la autoridad máxima y yo (Lutero) tengo la razón porque soy más fiel a la Biblia que el Papa. Abrió una caja de Pandora. Porque su razonamiento se podía replicar ad infinitum. De repente, cada persona pensó que era más fiel a la Biblia que el vecino.

Este es el motivo por el cual hay solo una Iglesia católica, 8 iglesias orientales, 12 iglesias ortodoxas y 30 mil iglesias protestantes. ¡30 mil! No es broma. Lutero dijo que cada persona podía interpretar la Biblia, ayudada por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo debe tener 30 mil diferentes personalidades (un caso extremo de desorden de personalidad múltiple, no hay duda).

Al contrario del Corán, que [los musulmanes suponen que] es la Palabra de Dios y, por lo tanto, perfecto; la Biblia es la palabra de escritores inspirados por Dios (por ejemplo, los libros de Isaías y Baruc fueron escritos por Baruc, el escriba de Isaías, del que tenemos su sello). Como eran humanos, los escritores introdujeron errores y sesgos, pero el mensaje original (la inspiración que venía de Dios) era correcta. Yo lo comparo a un letrero perfecto que dice «No se permite fumar» que se ve a través de un vidrio imperfecto. Quizás la forma de las letras del letrero no se ve perfecta a través de un vidrio imperfecto, pero el mensaje puede leerse. Quizás la cosmología de la Biblia refleja la ignorancia de sus escritores, pero el mensaje de salvación se puede leer.

El sello de Baruc, el autor de dos libros de la Biblia.

Lo importante del cristianismo no es la Biblia (no somos [como los] musulmanes), es el mensaje de salvación que trajo Jesús, que incluye el hecho de que Jesús es nuestro Salvador. El mensaje fue entregado a los apóstoles y a la Iglesia de forma oral (Jesús no escribió nada). El conjunto de libros del Nuevo Testamento no se acabó de escribir hasta el año 90 d.C. [Nota: los evangelios y las cartas de Pablo son más tempranos. Es el Apocalipsis el que retrasa la fecha final]. Incluso entonces, eran libros aislados en el medio de otra literatura religiosa. La Biblia como la conocemos fue fijada por la Iglesia Católica en los concilios de Hipona (393 d.C) y Cártago (397, 419). Estos concilios decidieron qué libros se incluían en la Biblia y qué libros se excluían en la Biblia.

Así que, por 400 años, los cristianos no tuvieron Biblia. Entonces, ¿no eran cristiano? ¿No fue cristiano el apóstol Pablo porque no tenía Biblia? No, porque lo importante no es el texto de la Biblia sino el mensaje de salvación escrito en ella y este mensaje fue entregado de otras maneras (de forma oral, por ejemplo) a través de la Iglesia.

Jesús fundó una Iglesia, no fundó una Biblia. El dio el mensaje a sus discípulos de forma oral. No escribió una letra. La Biblia es sólo la mejor manera de tener este mensaje que ha sido entregado a través de otros canales (la tradición de la Iglesia). Por ejemplo, la historia de Lucifer como ángel caído no está en la Biblia. Es realmente triste ver que nuestros hermanos evangélicos cometen el error de bibliolatría, que es contrario a la historia y el sentido común. Al principio, existía la Iglesia y la Iglesia engendró la Biblia y no al contrario.

About Biblical inerrancy

As a Catholic, I try to suppress the urge to tell to our Evangelical brethren: «We told you so». This is not a Christ-like attitude like but it’s the truth. A brief short with my broken English:

Luther tried to establish his authority over the Pope’s. How could he do that? He was only a monk and the Pope was (theoretically) the successor of Peter. He found a way: the Bible is the highest authority and I (Luther) am right because I am more faithful to the Bible than the Pope. He opened a can of worms. Because his reasoning could be replicated ad infinitum. Suddenly, everybody thought he was more faithful to the Bible than the neighbor.

This is why there is only one Catholic church, 8 Eastern churches, 12 Orthodox churches and 30 thousand Protestant churches. 30 thousand! I kid you not. Luther said that everybody could interpret the Bible, helped by the Holy Spirit. The Holy Spirit must have 30 thousand different personalities (a case of extreme multiple personality disorder, no doubt about it)

Unlike the Qur’an, which is the Word of God and hence perfect, the Bible is the word of writers inspired by God (for example, the books of Isaiah and Baruch are written by Baruch, the scribe). As humans, the writers introduced mistakes and biases, but the original message (the inspiration coming from God) was right. I see like a perfect sign telling «Smoking is not allowed» that you see through an imperfect glass. Maybe the shape of the letters is not perfect when you see them through an imperfect glass, but the message can be read. Maybe the cosmology of the Bible reflects the ignorance of his writers, but the salvation message can be read.

The important thing of Christianity is not the Bible (we are not Muslim), it is the message of salvation brought by Jesus, which includes the fact that Jesus is our Savior. The message was delivered to the apostles and the Church in an oral way (Jesus wrote nothing). The biblical books were not written until 90 AD and, even then, there were isolated books in the middle of other religious literature. The Bible as we know it was fixed by the Catholic Church at the councils of Hippo (393 AD) and Carthage (397, 419). They decided which books were included in the Bible and which books were excluded in the Bible.

So for 400 years, Christian people had no Bible. Weren’t they Christians? Wasn’t the apostle Paul Christian because he had no Bible? No, because the important thing is not the text of the Bible but the message of salvation written in it, and this message was delivered in other ways (in oral way, for example) through the Church. Jesus founded a Church, He did not found a Bible. He said the message to his disciples in an oral way. He did not wrote a letter. The Bible is only the best way to have these message that has been delivered by other channels (the tradition of the Church). For example, the story of Lucifer as a fallen angel is not in the Bible. It is really sad to see our Evangelical brethren commit the mistake of Bibliolatry, which goes against history and common sense. First, it was the Church and the Church begat the Bible and not the other way around.

Sobre el feminismo

El feminismo se basa en dos principios. Los dos falsos y contradictorios uno con otro.

Principio 1. Los hombres y las mujeres son iguales. Los estudios del documental y muchísimos estudios más demuestran que esto no es cierto. Son diferentes.

Principio 2. El rol tradicional del hombre es el único adecuado para hombres y mujeres. (Para llamarse femi- , el feminismo es una ideología completamente machista).

Si hombres y mujeres fueran iguales, sería tan valioso una ama de casa como un ejecutivo. El feminismo, aunque dice eso con la boca pequeña, está a favor de que las mujeres se conviertan en esclavos de corporaciones mientras los niños los (mal)cuidan otros. A la ama de casa se la desprecia y todo se concentra en hacer que la mujer se incorpore al mercado de trabajo y escale puestos en las empresas.

Hay que decir que, desde siempre, el hombre y la mujer han trabajado. El hombre ha trabajado fuera de casa y la mujer dentro de casa (no sólo en las tareas domésticas y el cuidado de los niños sino también recolectando vegetales próximos en sociedades primitivas, trabajando de forma compatible con esto: haciendo cosas para vender, llevando negocios caseros, (ver Proverbios 31, 10-31 para una mujer antes de Cristo, que era toda una empresaria doméstica).

Esta división sexual del trabajo (el hombre trabaja fuera de casa y la mujer cerca de casa) se da en todas las especies animales. Durante el siglo XIX, algunas mujeres de ricos dejaron de trabajar (esto se consideraba un signo de estatus para sus maridos: no necesitaban trabajar). Esto se hizo algo más popular durante el siglo XX, cuando hubo más prosperidad y muchas mujeres se concentraron en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos (a esto se le llamó en España «sus labores»).

El feminismo le dice a la mujer que lo que debe aspirar es a trabajar fuera de casa, como el hombre. Cualquier otra opción es opresión. Así, cuidar de los seres que más quieres es opresión y aguantar a un jefe cabrón es liberación. Con el doble de trabajadores en la economía, los salarios bajan a la mitad en términos de poder adquisitivo. Así, el empresario con lo que pagaba antes un empleado, paga dos. Y mantener una familia antes se podía con un salario y ahora requiere dos, por lo que las mujeres están atascadas en el feminismo y ya no pueden salir. No es extraño que quienes financiaron el surgimiento del feminismo fueron los Rockefeller.

La mujer es lanzada a un juego que no es el suyo. Es el juego que está diseñado para los hombres y los hombres han sido diseñados por la naturaleza durante billones de años para este juego (por eso, son competitivos, entre otras cualidades). Es el juego que los machos hacen en todas las especies animales, por lo que la hembra está en desventaja. Se le dice a la mujer que, si no es tan buena como el hombre en el juego del hombre, es un fracaso o una oprimida.

Así se condena a la mujer a la frustración y al odio contra el hombre al quererla convertir en una mala copia del hombre, en vez de celebrar sus características únicas, que el hombre no puede nunca alcanzar. Desde el punto biológico, lo importante es la mujer pues crea la siguiente generación. El hombre es sólo una ayuda. Pero se le ha hecho creer a la mujer que el rol tradicional del hombre es el importante, que ella debe ser tan buena como el hombre en el rol del hombre y que el rol tradicional de la mujer es un rol inferior.

Ha sido una estafa y lo peor que le ha pasado a la mujer. Los estudios lo demuestran cuando certifican que la mujer de ahora es menos feliz que la de hace 30 años.

¿Por qué atacamos al mundo?

Por su extraordinario interés, reproducimos por extenso un artículo de Ghasan Charbel, director del diario internacional en lengua árabe Asharq al Awsat. El original en inglés está aquí y la traducción en español (excepto unos pocos párrafos) se obtuvo de aquí

Siempre que una explosión sacude una ciudad, se repite la misma escena. La atención se fija en los boletines especiales. Escucho a mis colegas: esperemos que el autor no sea árabe, que no sea musulmán; no necesitamos más…

Los escucho y comparto sus esperanzas. Pero los acontecimientos enseguida dan la réplica a nuestros deseos. Ya no es un secreto que los ataques son una vergonzosa especialidad en la que somos únicos.

Sé muy bien que el hombre que atropelló a los turistas aquí o allí no representa su país o a la confesión a la que pertenece; que no obtuvo permiso oficial para cometer su crimen; que estaba buscado en su país antes de ser incluido en una lista internacional de individuos buscados por la policía y que la amenaza que representa para su país es más peligrosa que su amenaza a la distante escena del crimen.

Sé que la intolerancia no está limitada a un único pueblo, secta o país y que las personas violentas provienen de muchos orígenes diferentes. Pero debemos admitir, sin lugar a dudas, que ostentamos el record de agresiones en el mundo. Y nos hemos reservado una posición invencible en el libro Guiness de lo récords.

No exagero, querido lector. La imagen de turistas desangrándose hasta morir como resultado de un atentado perpetrado por una persona que viene de nuestra región me sume en una gran confusión. No sé porque siento el deber de pedir disculpas a una familia china, que resulta que estaba en Barcelona; o a un hombre japonés que paseaba por Niza; o a un alemán que visitaba Luxor. Esto es horrible.

¿Quién nos ha dado el derecho a violentar mapas, ciudades y Estados? ¿Quién nos ha dado el derecho a asesinar a un grupo de jóvenes que celebraban la vida en Estambul? ¿Quién nos ha dado el derecho a asesinar a los que estaban en las Torres Gemelas de Nueva York?

[Nota del traductor: El derecho lo ha dado el mismo Alá, como explican los textos sagrados del Islam: el Corán y los hadices]

La invocación a la injusticia aquí o allá es sólo una cortina para ocultar un profundo deseo de matar al otro; de eliminar a quienes no tienen nuestras características o afiliaciones. Supongamos que sí, que hay injusticia: ¿tenemos que responder infligiendo una injusticia aún mayor a gente inocente? Lo de que el mundo nos odia no es cierto.

Uno no puede negar el daño limitado que a veces producen en Occidente ciertas prácticas en respuesta a nuestras brutales actuaciones, pero ciertamente no son equiparables a los mortíferos banquetes que organizamos en escenarios tan distintos y distantes.

Quienes conocen Occidente saben que allí la ley es soberana y tiene primacía que beneficia incluso a los intolerantes. Muchos saben que las comunidades árabes y musulmanas disfrutan en Europa de una libertad de la que a menudo carecen en sus países.

¿Por qué atacamos al mundo? ¿Porque ha decidido poner rumbo al futuro, mientras nosotros estamos determinados a navegar hacia el pasado? ¿Es porque ha inventado el avión en el que viajamos, el coche que conducimos, los tratamientos contra el cáncer que aplicamos en nuestros hospitales?

¿Cuál es la justificación del odio a Occidente, si lo que deseamos es ver a nuestros hijos y nietos graduarse en sus universidades?

¿Por qué atacamos al mundo? ¿Es porque hemos fracasado a la hora de erigir Estados modernos, de alcanzar el desarrollo, de generar empleo, de garantizar las libertades y de consolidar el imperio de la ley?

¿Acaso vemos en el progreso del otro una derrota propia y una amenaza a nuestra existencia? ¿Cuál es la solución, ponernos un cinturón explosivo y reventarnos o salir de los túneles en los que hemos decidido meternos?

¿Es cierto que estamos horrorizados por la multiplicidad de colores, elecciones y oportunidades que se nos presentan y que buscamos preservar el mundo monocolor que percibimos como la garantía de nuestra existencia y de la continuidad de nuestra identidad, bien lejos de cualquier interacción o enriquecimiento?

¿Es cierto que nos saltan todas las alarmas cada vez que escuchamos el campaneo del advenimiento de una nueva era? El campaneo de la ciencia, la tecnología, la medicina, las ideas, la cultura, la educación, la música…

¿Por qué atacamos al mundo? ¿De dónde sacamos semejante carga de odio? ¿Por qué sentimos la tentación de colisionar con el mundo y no de vivir con él y en él?

[Nota del traductor: Porque tenéis un libro sagrado que está lleno de odio y os dice que debéis atacar al mundo. Muchos pueblos son retrasados y han perdido el tren de la modernidad, pero sólo aquellos que tienen ese libro sagrado producen esa cantidad de atentados y agresiones en nombre de su dios.]

¿Por qué anteponemos las explosiones al diálogo, la muerte a la interacción y el acuerdo; los escombros al acomodo en espacios comunes; las cenizas a la multiplicidad? ¿Por qué preferimos retirarnos en lugar de tender la mano? ¿Por qué preferimos la receta de la muerte en vez de la del diálogo y el reconocimiento?

No podemos seguir atacando al mundo. Eso significa destruir sociedades antes que destruir un café,un museo o un rascacielos en [otros lugares]. Los asesinos itinerantes asesinan a sus países mientras piensan que están atacando a otros.
Esos países, que parecen frágiles, son capaces de vivir con el peligro porque tienen Estados e instituciones que cometen errores, [pero] los corrigen, revisan sus cálculos y refuerzan sus capacidades.

Ha llegado la hora de considerar la guerra contra el extremismo la gran prioridad de nuestra vida. Es imperativo erradicar el vocabulario del extremismo de nuestros hogares, vecindarios, escuelas y manuales. Hay que detener el torrente de odio que anega nuestras pantallas y redes sociales.

Tenemos que reflexionar sobre una cultura que promueve esa tendencia a atacar al mundo. Si no le hacemos frente con coraje y sensatez, nos hundiremos aún más en la sangre y el fango y produciremos más asesinos itinerantes.

Me niego a rendir homenaje a las víctimas de los atentados de Barcelona

(Original en francés aquí )

Me niego a rendir homenaje a las víctimas de los atentados de Barcelona.

Para rendir homenaje, hay que estar legitimado para hacerlo. Ahora bien, nosotros, países occidentales, nos negamos obstinadamente a combatir las causas del terrorismo musulmán que golpea nuestras tierras (inmigración musulmana, islamismo). Combatimos, a penas, los síntomas, para evadirnos ante la dificultad de afrontar la raíz del problema.

En estas condiciones, un homenaje a las víctimas (después de tantos otros) no es más que una manipulación mediática (si el homenaje es organizado) y una evasión de nuestras responsabilidades (si el homenaje es espontáneo).

Exaltaremos una vez más nuestra condición de víctimas pasivas para neutralizar las cóleras sanas y justas, por miedo al conflicto, por miedo de mirar al enemigo a los ojos, por apatía hacia nuestros deberes. Este homenaje no será lo que debería ser, un recogimiento antes de tomar medidas. Será justamente lo contrario, una gesticulación hipócrita, llorosa y sentimental para evitar la mala conciencia por los muertos. Será una reunión de cobardes completamente decididos a no hacer nada serio para impedir que los atentados musulmanes se reproduzcan.

No sabría como ser cómplice de una vileza como esa. Dejo a los imbéciles y a los gallinas con sus velas y con sus ositos de peluche.

El único homenaje que estoy dispuesto a rendir, de todo corazón, es a los héroes que han matado a los terroristas o les han impedido actuar.

 

La familia y la cultura. Lista de videos

La familia y la cultura (1): Introducción. En este primer video, haremos una serie de primeras consideraciones necesarias para esta serie de videos de «La familia y la cultura».

La familia y la cultura (2): Adaptación y selección biológica. En este video, veremos los fundamentos de la teoría darwinista que explica la relación entre los sexos.

La familia y la cultura (3): Las dos premisas fundamentales. En este video, veremos los dos hechos biológicos fundamentales que gobiernan la relación entre los sexos.

La familia y la cultura (4): La selección sexual de las mujeres. En este video veremos un modelo de selección sexual y cómo se aplica a la selección sexual de las mujeres, incluyendo sus estrategias de seducción.

La familia y la cultura (5a): Selección sexual de los hombres. Fundamentos biológicos. En este video, veremos las necesidades biológicas que tienen las mujeres de sus parejas y cómo esto fundamenta la selección sexual de los hombres.

La familia y la cultura (5b): Selección sexual de los hombres. Rasgos atractivos (primera parte). En este video, veremos algunos rasgos de los hombres que son atractivos para las mujeres, como la belleza física, los indicadores de estatus y el potencial económico.

La familia la cultura (5c). Selección sexual de los hombres. Rasgos atractivos (segunda parte). En este video, veremos el tipo de personalidad que atrae a las mujeres y los motivos de qué cada vez sea más escaso. También se verán las causas del interés de las mujeres en «hombres con potencial».

La familia y la cultura (5d). Selección sexual de los hombres. Rasgos atractivos (tercera parte).  En este video, como la inteligencia, el humor y la preselección como rasgos atractivos de los hombres para las mujeres. También veremos las causas del famoso «doble estándar» o «doble rasero» sobre la promiscuidad.

La familia y la cultura (5e): Selección sexual de los hombres. Rasgos atractivos (cuarta parte). En este video, veremos cómo las mujeres buscan hombres que son buenos padres y cómo esta característica choca con otros rasgos atractivos. Veremos que rasgos son predominantes según las circunstancias.

La familia y la cultura (5f). Selección sexual de los hombres. Estrategias de seducción. En este video, veremos las estrategias de seducción de los hombres para conquistar a las mujeres en nuestra cultura occidental contemporánea.

Sobre Mahoma (II): El problema de La Meca

Es imposible sobreestimar la importancia que tiene La Meca en la religión islámica. Mahoma nació en La Meca y su familia y tribu eran de ese lugar. En La Meca, Mahoma recibió la visita del ángel que le dijo que era un profeta y comenzó a revelarle el Corán. En La Meca, Mahoma comenzó a predicar el Islam. Por motivos de seguridad, huyó a Medina (lo que se conoce como «la hégira») y desde allí atacaba a las caravanas de la Meca. Al final, conquistó La Meca y la convirtió en islámica.

Antes de morir, Mahoma indicó que todo musulmán que pudiera debía realizar una peregrinación a La Meca una vez en la vida. Esta peregrinación (llamada «hajj») es uno de los cinco pilares del Islam y millones de personas la realizan cada año. Al musulmán que ha completado el «hajj», se le da el título honorífico de «hajji».

¿Pero es verdad esta historia ? ¿De verdad  vivió Mahoma en La Meca? ¿De verdad es La Meca la ciudad de la que habla el Corán?

Como en cualquier otro tema histórico, debemos sopesar la evidencia a favor y en contra de esta afirmación.

Comencemos con la evidencia a favor. La evidencia más fuerte a favor de La Meca se encuentra en las tradiciones sobre Mahoma, es decir, en la Sira y los hadices, que son las fuentes del relato tradicional de la vida de Mahoma. Pero ya hemos que estas tradiciones son tardías (es como si los evangelios fueran de 271 d.C. y las cartas de Pablo de 324 d.C). También se basan en información poco fiable y de transmisión no controlada. Para más información, ver la primera parte de esta serie aquí.

¿Qué hay del Corán, que es un documento más antiguo? El Corán habla de una ciudad donde vive el Profeta, pero en principio no dice su nombre. La palabra «Meca» sólo aparece una vez en el Corán: «Él es quien os protegió de vuestros enemigos [los idólatras], y dispuso que después de daros la victoria sobre ellos no les agredieras en el valle de Makka» (Corán 48:24). Parece referirse a La Meca (pues «Makka» es el nombre de la ciudad en árabe), aunque esto no es seguro. Incluso si se trata de La Meca, no es seguro de que ésta sea la ciudad del Profeta.

Tradicionalmente, se ha considerado que Bakka es otro nombre para Meca. Si es así, La Meca se menciona dos veces en el Corán. Esto es evidencia a favor, aunque sea muy tenue (hay que decir que nombres tan cortos se repiten: así, en la Biblia, en el Salmo 84:6 aparece un valle de Baka que se cree que está en Israel y no tiene nada que ver).

Esto parece muy poco para una ciudad en el que, según la tradición islámica, vivieron Adán, Abraham, Ismael y Mahoma. Muy poco para una ciudad que todo musulmán debe peregrinar una vez en la vida, como uno de los cinco pilares del Islam. Como comparación, la palabra «Jerusalén» aparece 800 veces en la Biblia.

Esta es toda la evidencia a favor, que corresponde a la tradición islámica. Sin embargo, cuando los historiadores modernos comenzaron a examinar este tema, comenzaron a ver que había algo extraño con la geografía temprana del Islam.

Lo que contaré comenzó a ser descubierto en los años 80 por la historiadora Patricia Crone (una de las pioneras de la investigación sobre el Islam que, tristemente, nos dejó hace dos años). El tema ha ido creciendo hasta la publicación en 2011 del volumen «Quranic Geography», por el historiador Dan Gibson.

Veamos a continuación la evidencia en contra que fue descubierta por estos historiadores, en orden de importancia creciente (es decir, de las menos importantes a las más importantes).

Primera evidencia en contra. El entorno de la ciudad del Corán no se corresponde con el entorno de La Meca. Por ejemplo, el Corán habla de que la ciudad está rodeada por campos agrícolas, incluyendo campos de olivos. Pero no hay agricultura en La Meca, que está en pleno desierto arábigo, ni hay olivos, que no se pueden cultivar en su clima. La ciudad del Corán pareciera corresponderse a una vegetación más propia de un entorno más norteño, más cercano al Mediterráneo, que está unos mil kilómetros más al norte.

Segunda evidencia en contra. La descripción de la ciudad del Corán tampoco corresponde con la de la Meca. El Corán habla de una ciudad que está en un valle, con un río, con montañas que tienen vista a la Ka’aba y que tiene un valle paralelo. La Meca está en un valle, pero no tiene valle paralelo ni un río (de hecho, no tiene pozo, ni agua). Las montañas más próximas están a cinco kilómetros, por lo que no tienen vista a la Ka’aba.

Tercera evidencia en contra. La Meca no aparece como ciudad en los documentos antiguos. Si hubiera sido el centro comercial que el relato tradicional islámico describe, su nombre aparecería en los documentos y mapas de la época.

Patricia Crone (que podía leer 15 lenguajes antiguos) examinó los mapas y documentos del siglo II, III, IV, V y VI. No hay ninguna mención de La Meca. Se menciona Ta’if (al sudeste de La Meca), se menciona Yathrib (que después se llamaría «Medina», ver más arriba), se menciona Kaybar, pero no se menciona La Meca.

Lo que es más sangrante: en el siglo VII (siglo en el que supuestamente vivió Mahoma) tampoco hay mención ninguna de La Meca. La primera mención de La Meca se produce a mitades del siglo VIII, en el año 741 d.C (109 años después de la muerte del Profeta, que supuestamente había vivido en ella). Por entonces, debía ser una ciudad poco importante porque no aparece en los mapas hasta el año 900 d.C (268 años después de la muerte de Mahoma).

Esto no solo es disonante con el tema geográfico, sino que cabe preguntarse porque una ciudad tan sagrada no se puso en los mapas por más de dos siglos y medio. ¿No era lo suficiente importante si era uno de los cinco pilares del Islam?

Cuarta evidencia en contra. El relato tradicional del Islam menciona a La Meca como un centro de comercio al que llegan las caravanas de camellos. Una encrucijada de diferentes rutas comerciales. De hecho, Mahoma, antes de casarse y hacerse profeta, trabajó en estas caravanas.

Sin embargo, sólo mirar al mapa, se ve que algo no está bien.

Trayendo las especias de la India…de forma complicada

 

 

Las rutas de comercio en aquella época traían los productos de China y la India a los centros de civilización, que estaban en el Imperio Bizantino, al norte de Arabia (Jerusalén, Damasco, Gaza donde se comerciaba con el Mediterráneo). Arabia era el «Lejano Oeste» de la época, un territorio poco poblado, culturalmente atrasado y alejado de la civilización.

Para llegar a Meca, la ruta debería seguir el camino en rojo: rodear el desierto de An-Nafud  y llegar a La Meca haciendo un enorme rodeo de 2500 kilómetros más de lo necesario… porque sí.  Porque a los camellos les gusta caminar. Y a los árabes les gusta la aventura suicida.

Es como si para enviar un producto de París a Madrid, se enviara de París a Andalucía y después de Andalucía a Madrid.

Obviamente, lo lógico sería que la ruta fuera recta, como indica el tramo en azul. Una ruta secundaria podía bajar desde el norte para enviar productos sólo para el mercado poco importante de Arabia, pero la ruta principal debería ir recta.

Por ello, los estudiosos del Islam crearon una teoría según, debido a la guerra entre persas y bizantinos, el Golfo Pérsico y sus costas no pudieron ser transitado.  Según esta teoría, las rutas serían como aparecen en el mapa siguiente:

Ruta por mar y después por tierra.

 

La ruta (en rojo) comenzaría por el Mar Arábico hasta llegar al Yemen, donde los productos serían descargados por tierra en el golfo de Adén. De ahí se iría hacia el norte, a Sana’a, a Ya’if, a Medina y al Imperio Bizantino (Jerusalén, Mediterráneo, etc).

De nuevo, no se ve el sentido de pasar por la Meca. Si se va de Ya’if directamente a Medina (como se ve en el tramo en azul), se ahorra camino. No sólo porque se va en línea recta, sino porque para bajar de Ya’if a La Meca se deben bajar 1000 metros de altitud y después para ir de La Meca a Media se deben subir 1000 metros de altitud para volver al altiplano arábigo. Si se va directo de Ya’if a Medina, no se bajan y suben 1000 metros y todo es más sencillo. La Meca resulta ser una encrucijada de caminos que está apartada del camino.

Así que Patricia Crone decidió examinar los documentos de la época para ver por dónde en realidad iban las rutas comerciales. Descubrió que las rutas comerciales de aquel entonces no iban por tierra (mediante caravanas de camellos) sino por mar (por barcos). Esto es lógico, pues, por motivos físicos, siempre ha costado menos transportar bienes por mar. También en la actualidad la mayor parte del comercio se hace por barco, por los mismos motivos.

Así, las rutas no estaban controladas por árabes sino por africanos e iban por el Mar Rojo. Para tocar La Meca, deberían llevar la ruta siguiente:

Cuando uno se cansa de ir por el mar, visita La Meca porque el turismo es agradable

 

 

Una vez uno navega hacia el norte por el Mar Rojo, para tocar la Meca debe descargar sus productos de barcos a camellos, llevarlos a La Meca en un viaje de cien kilómetros en camello, pasar por delante de casa de Mahoma para que lo vean a uno (quizás gritando «¡oye, tronco! ¡no te olvides de incluirme en el Corán!»), volver los productos al mar cien kilómetros con camellos, meterlos en barcos de nuevo y seguir camino al norte. Es decir, como dice la tradición islámica, «La Meca está en una encrucijada de caminos»… y los cerdos vuelan por la aerolínea Halal Lines.

Obviamente, para que los productos que suben por el Mar Rojo pasaran en La Meca, La Meca debería ser una ciudad portuaria pero no lo es (está a cien kilómetros del mar) y tampoco lo es la ciudad del Corán.

Esta es la razón porque las rutas comerciales no pasaban por La Meca. Y, en efecto, Patricia Crone comprobó que no hay ninguna mención de La Meca en documentos comerciales, ni ninguna mención en la descripción de las rutas comerciales de la época.

Con toda esta información de la tercera y cuarta evidencia, Patricia Crone escribió su libro «Meccan Trade and the origins of Islam» (1987)  que le valió una amenaza de muerte de los islamistas y tener que cambiar de Universidad, así como insultos y ataques ad hominem de los eruditos occidentales. Ver, por ejemplo, el lamentable artículo que hay aquí (la respuesta de Crone está aquí ) .

Quinta evidencia en contra. No existen restos arqueológicos en La Meca. En estos momentos, La Meca está en medio de un ambicioso proyecto de remodelación urbanística, que pretende crear el nuevo rostro de la ciudad (una ciudad que crece y crece pues el número de peregrinos crece debido a los modernos medios de transporte).

Con esta remodelación, se intenta cubrir con cemento los lugares que la tradición islámica considera la casa del Profeta y la casa de Jadiya, su primera esposa. Por ello, se han enviado arqueólogos que han explorado los restos en esos lugares, excavando debajo de la superficie. No han encontrado nada.

Proyectos de expansión urbanística de La Meca. La flecha superior izquierda indica la casa de Jadiya, primera esposa del Profeta. La flecha superior derecha indica la casa de Mahoma. Las dos quedarán cubiertas de cemento encubriendo cualquier evidencia (o, mejor dicho, ausencia de evidencia, pues no se han encontrado restos arqueológicos en ellas)

En general, no hay restos arqueológicos en La Meca del tiempo del Profeta (comparar con los restos arqueológicos de la Biblia, que llenan libros enteros).

A partir de la tercera, cuarta y quinta evidencia, podemos afirmar, con alto grado de probabilidad, que no hubo una ciudad en La Meca durante la vida del Profeta. Quizás había una aldea apartada, pero no la ciudad que describe el Corán.

Pero las tres últimas evidencias son las mejores.

Sexta evidencia en contra. Como la Biblia, el Corán también habla de la destrucción de la ciudad de Sodoma, en varias ocasiones.  En la sura 37, refiriéndose a la destrucción de Sodoma, el Corán dice «Y ciertamente vosotros [¡Oh, incrédulos!] pasáis por sus ruinas por el día y por la noche. ¿Es que no reflexionáis?» (Corán 37:136-137).

Sin embargo, las ruinas de Sodoma no están cerca de La Meca para que se pueda pasar por el día y por la noche, sino mil kilómetros al norte.

Séptima evidencia en contra. Cuando el historiador Dan Gibson examinó el Corán encontró En específico, el Profeta interactúa con 3 tribus. Con la tribu de `Ad (que es la bíblica`Uz) interactua 23 veces. Con la tribu Thamud (que son los nabateos), interactua 24 veces. Con la tribu de Midian (que son los midianitas) interactua 7 veces.

Sin embargo, las tres tribus están en el norte de Arabia, muy lejos de La Meca, como se ve en esta imagen.

Las tribus con las que el profeta interactua están alejadas de La Meca

De hecho, están mil kilómetros al norte, lo que en tiempos antes de los autos era una grandísima distancia para un contacto diario. De nuevo, podemos comparar con el evangelio de Lucas para referencia:

  • El Corán tiene  65 referencias geográficas, 9 lugares con nombre, todos ellos mil kilómetros al norte de donde deberían estar.
  • El evangelio de Lucas (que es mucho más corto que el Corán) tiene 110 referencias geográficas, 31 lugares con nombre, todos en los sitios correctos.

Octava evidencia en contra. Es mi preferida. Se trata de la evidencia de la alquibla. Según la tradición islámica, Mahoma mandó a sus seguidores orar en dirección a Jerusalén, durante la época en la que intentaba que los judíos le reconocieran como un profeta auténtico. Pero, cuando los judíos no le aceptaron, en 622 d.C., Mahoma cambió la dirección de la oración hacia La Meca.

Desde entonces hasta ahora, todos los musulmanes oran en dirección a La Meca. Pero, ¿cómo saber la dirección? Hoy hasta hay apps para esto pero, tradicionalmente, había otros métodos. Por ejemplo, todas las mezquitas tienen una pared especial que está orientada hacia La Meca. Esta pared se llama la qibla o alquibla en español y está indicada de forma especial (normalmente con un nicho en la pared, llamado mihrab), de forma que todos los musulmanes dentro de una mezquita sepan hacia donde orar.

La alquibla en la mezquita Jama (Nueva Delhi, India), indicado con el mihrab.

Obviamente, todas las mezquitas del mundo tienen su alquibla orientada a La Meca.

Y aquí es donde la historia se vuelve extraña. En 1905, los profesores Creswell y Feherwari estaban estudiando algunas de las mezquitas más antiguas del mundo en Egipto y el Oriente Medio y se encontraron que la alquibla original de estas mezquitas no estaba orientada a La Meca (obviamente, su alquibla actual sí que estaba orientada a La Meca) .

En esta imagen vemos la orientación de las alquiblas de esas mezquitas:

Las alquiblas apuntaban a un mismo punto, pero ¿cuál?

En el mapa, se ve que las alquiblas originales no apuntan a La Meca. Primero pensaron que quizás los arquitectos se habían equivocado, pero después se dieron cuenta que todas las alquiblas apuntaban al mismo punto, que no era La Meca. Después pensaron que este punto era Jerusalén (aunque no hay mezquitas construidas antes de 622 d.C), pero estaba desviado por tres o cuatro grados.

Entonces, ¿cuál era el punto al que apuntaban las alquiblas originales? Creswell y Feherwari no lo explicaron, pues estaban estudiando otras cosas. Sólo anotaron el dato.

También en 705 d. C. (73 años después de la muerte de Mahoma), el escritor cristiano Jacob de Edesa se refiere a los «mahgraye» (uno de los nombres primitivos para los musulmanes) con estas palabras: «Así que, por todo esto, está claro que no es al sur que los judíos y mahgraye oran aquí, en la región de Siria, sino hacia Jerusalén o la Ka’aba los lugares patriarcales de sus razas». Así que parece que los musulmanes de Siria no oraban al sur, donde está La Meca.

A partir de todos estos indicios, el historiador Dan Gibson decidió resolver el asunto. Examinó las mezquitas más antiguas del mundo y sus alquiblas originales, para ver hacia donde estaban orientadas.

Estos son sus resultados, ordenados por antigüedad de la mezquita, indicando el nombre de la mezquita, el país el año de construcción y la dirección de su alquibla original.

  • Mezquita de Medina (Arabia Saudita), 623. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra (en Jordania).
  • Mezquita de Guangzhou (China), 630. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de Fustat (Egipto), 641. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita del Palacio de Humeima (Jordania), 700. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de Ba’albek (Líbano), 700. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de la Ciudadela de Amán (Jordania). 701. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Gran Mezquita de Sana’a (Yemen), 705. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de Khirbat al-Minya (Israel), 706. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita Wasit (Iraq), 706. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de Al-Aqsa (Jerusalén), 706.  Tanto la alquibla, como la mezquita y el complejo apuntan a la a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de Damasco (Siria), 709. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de Omar (Siria), 720. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de Khirbat al Mafjar (Palestina), 724. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de Anjar (Líbano), 724.  La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.

Está claro que las mezquitas más antiguas del mundo tienen su alquibla original orientada hacia la ciudad de Petra, aunque estén tan lejos como China.

A partir de 731, cien años después de la muerte del Profeta, algo cambia. Se abre un periodo de confusión. Así, vemos que las alquiblas apuntan a diversas direcciones.

  • Mezquita de Banbhore (Pakistán), 731. La alquibla original apunta a la ciudad de La Meca!!!.
  • Mezquita de Mushatta, (Aman, Jordania), 743. La alquibla original apunta a la ciudad de Petra.
  • Mezquita de la Fortaleza de Ribat (Tunez), 770. La alquibla original no apunta ni a Petra ni a La Meca.
  • Mezquita de Córdoba (España), 784. La alquibla original no apunta ni a Petra ni a La Meca.
  • Mezquita de Kairouan (Túnez), 817. La alquibla original no apunta ni a Petra ni a La Meca.

A partir de esta época todas las alquiblas se orientan hacia La Meca. Los resultados se resumen en este gráfico.

La orientación de la alquibla. Las fechas se dan en la era cristiana (AD) o musulmana (AH). La era musulmana comienza diez años antes de la muerte de Mahoma

Habíamos visto que según la tradición islámica, Mahoma orientó la oración hacia La Meca en 622 d.C. Sin embargo, estas alquiblas nos demuestran que Meca no se impuso hasta 822 d.C. Eso es doscientos años demasiado tarde.

Esto es extraordinario. ¿Es posible que Petra sea la ciudad sagrada original del Islam? ¿Es posible que la ciudad de la que habla el Corán sea Petra? No sólo tenemos la evidencia de las alquiblas, sino que todo encaja.

Veamos si lo que el Corán explica sobre la ciudad del Profeta se puede aplicar a Petra, ya que hemos visto que no se puede aplicar a La Meca. Revisemos las evidencias en contra de La Meca, para ver si son evidencias a favor de Petra.

Primera evidencia. La ciudad del Corán tiene campos agrícolas y olivos, como Petra, pero al contrario de La Meca.

Segunda evidencia. La ciudad del Corán tiene un valle paralelo, un río y montañas cerca, como Petra, pero al contrario de La Meca.

En este mapa de Petra, se ve muy claramente el valle paralelo y las montañas cercanas

Tercera evidencia. Petra aparece en los documentos de la época en qué vivió el Profeta (y también muchos siglos atrás), al contrario de La Meca.

Cuarta evidencia. La ciudad del Corán está en una encrucijada de caminos, donde se cruzan las rutas comerciales. Esto vimos que no se aplica a La Meca pero sí se aplica a Petra, como se ve en la foto siguiente:

Petra está en el punto verde y La Meca está en el interrogante.

Quinta evidencia. En Petra hay restos arqueológicos de la época del Profeta, pero no en La Meca.

Sexta evidencia. Las ruinas de Sodoma que están cerca de la ciudad del Corán están en el Norte de Arabia en la región de Petra, pero a mil quilómetros de La Meca.

Séptima evidencia. Las 3 tribus (`Ad, nabateos y midianitas) con los que el Profecta interactua cotidianamente, están en la región de Petra, muy alejados de La Meca.

Octava evidencia. Las alquiblas originales de todas las primeras mezquitas apuntan a Petra y a no a La Meca (durante el primer siglo después de la muerte de Mahoma). Esto encajaría con el informe de Jacob de Edesa en 750 d.C, que decía que los musulmanes de Siria no oraban en dirección al sur.

¿Es Petra la ciudad de la que habla el Corán? Todavía no es seguro, pero lo que sí parece altamente probable es que La Meca NO és la ciudad de la que habla el Corán. Esto destruye el relato tradicional islámico (que se deriva de la Sira y los hadices), que centra toda la acción en La Meca.

No sólo esto: hay otras partes de este relato que también se están derrumbando. Aquí sólo hemos explicado un punto concreto: la ubicación de la ciudad del Profeta, pero hay varios puntos importantes del relato que ya no se sostienen.

Una vez se compruebe que el relato tradicional es falso, comienza la labor de los historiadores de intentar adivinar cuál fue la verdadera historia.

Sobre Mahoma (I): Las fuentes

¿Qué sabemos sobre la vida de Mahoma?

El Corán no nos cuenta nada sobre la vida de Mahoma, aunque habla de un cierto profeta. El nombre «Mahoma» («Muhammad», en árabe) sólo aparece 4 veces en el Corán y ni siquiera estamos seguros de que sea un nombre propio (pues «Muhammad» en árabe significa «el alabado»). Por comparación, de Abraham («Ibrahim») se habla 69 veces, de la Virgen María («Maryam») 34 veces y de Jesús («Isa») 25 veces.

Las fuentes de la vida de Mahoma son una biografía llamada la Sira, una serie de dichos llamados los hadices y un comentario primitivo llamado el Tafsir. Sobre la vida de los Compañeros de Mahoma tenemos un documento llamado Tahdib.

Los equivalentes cristianos serían los siguientes: los evangelios serían la Sira y los hadices juntos (pues contienen los hechos y dichos de Jesús), el Tahdib sería el libro de los Hechos de los Apóstoles y el Tafsir serían las cartas de Pablo, el comentario sobre el que se basan todos los otros comentarios. El Corán no tiene paralelo cristiano, pues, en él, Dios habla directamente al pueblo para darle sus reglas, mientras que en la Biblia, Dios siempre habla por medio de un profeta o por medio de Jesús.

Lo impresionante es lo tardíos que son estos documentos sobre la vida de Mahoma, lo que los hace poco fiables. En historia es un principio generalizado que, cuánto más tardío es un documento, menos fiable es su información.

Así, por ejemplo, los evangelios gnósticos son del siglo II o III y, por lo tanto, los historiadores lo rechazan como fuentes fiables de la vida de Jesús. Mientras que el evangelio de Mateo puede de ser de 20 a 40 años después de la muerte de Jesús, por lo que se considera fiable. Para ser exactos, no sólo se considera la fecha (y este no es lugar para hablar sobre este tema) pero la fecha es un dato importante.

Veamos en el gráfico siguiente las fechas de las fuentes de la vida de Mahoma, comparándolas con las fechas de las fuentes de la vida de Jesús, como una referencia.

Comparación de la datación de las fuentes de la vida de Mahoma contra la de Jesús.

En el gráfico, se indican los años que aparecen las fuentes después de la muerte de los fundadores de las religiones. El año de muerte de Jesús y Mahoma se indica como 0.

En el caso de Jesús, vemos que en un breve espacio de tiempo, entre 15 años y 35 años después de la muerte del Maestro, se escriben la mayoría de biografías, los Hechos de los Apóstoles y las cartas de San Pablo (comentarios o Tafsir). Antes de los 15 años, tenemos algunos credos aún más primitivos, como 1 Corintios 15, que quedó incorporado en las cartas de Pablo. El evangelio de San Juan tarda más en escribirse (entre 35 y 60 años después de la muerte de la muerte del Maestro).

La autoría de los escritos (excepto para Pablo) corresponde a los apóstoles Mateo y Juan, a Lucas (historiador que era el escriba de Pablo) y a Marcos (que escribió lo que dijo Pedro). La información viene de testigos oculares (como se demuestra en el libro «Jesus and the Eyewitnesses»).

El caso de Mahoma es mucho más tardío. Para comenzar, la primera biografía sabemos que se escribe 133 años después de la muerte de Mahoma. Lo que es más: no tenemos esta primera biografía, escrita por Ibn Ishaq. Lo único que tenemos una edición posterior, revisada por Ibn Hisham, 201 años después de la muerte de Mahoma.

Ibn Hisham dice que se basa en Ibn Ishaq (y sólo tenemos su palabra en esto, porque no tenemos manuscritos). También dice que ha manipulado el texto de Ibn Ishaq.  En su introducción, Ibn Hisham explica que él alteró la historia de la vida de Mahoma. «Cosas que es vergonzoso discutir, cuestiones que afligirían a ciertas personas y reportes tales que como [mi maestro] dijo no podían ser aceptados como de confianza… todas estas cosas las he omitido».

Es como si la única biografía que tenemos de Jesús se hubiera escrito en 166 d. C y que no estuviera disponible, pero que tuviéramos una edición de 233 que su propio autor considera manipulada. Obviamente, documentos tan tardíos (que los hay) no se consideran válidos en el caso del cristianismo sino falsos (apócrifos).

Continuando con la línea de tiempo, los dichos de Mahoma (hadices), que también contienen alguna información biográfica, los recopila Al-Bujari 238 años después de la muerte de Mahoma. Finalmente, la vida de los Compañeros (Tahdib) y el primer comentario del Corán (Tafsir) lo realiza Al-Tabari 291 años después de la muerte de Mahoma.

El equivalente cristiano del Tafsir son las cartas de Pablo (entre 15 y 35 después de la muerte de Jesús). Pero el Tafsir es más importante, por un motivo: al contrario de los evangelios, el Corán no se entiende nada si se lee solo. La única forma de entenderlo es que te lo expliquen y eso es el Tafsir.

Vemos pues las diferencias de fechas. Mientras que una persona madura puede recordar lo que pasó hace 20 o 40 años en su vida (sobre todo, si le impactó especialmente), la primera biografía de Mahoma que tenemos es de 200 años y sus dichos son de 238 años después de su muerte (comparar con evangelios entre 15 y 35 años).

Pero no sólo está el asunto de las fechas. Un documento tardío puede ser fiable si contiene información de fuentes fiables más tempranas (sean orales o escritas). ¿Cuáles son las fuentes de la protobiografía de Ibn Ishaq? ¿Podemos considerar la biografía fiable?

Las fuentes de la protobiografía de Ibn Ishaq (que, repetimos, no tenemos en forma original) fueron las tradiciones orales sobre la vida de Mahoma. No sabemos si eran fiables, pero el contenido de la protobiografía fue polémico incluso en su tiempo. Algunos tenían una opinión favorable: un árabe del siglo VIII llamó a Ibn Ishaq «el emir de los tradicionalistas». Otros le llamaron mentiroso y Malik ibn Anas (muerto en 795), lo llamó «uno de los anticristos». También hay opiniones más matizadas e intermedias.

Algunos contenidos de Ibn Ishaq (o, al menos, de la edición que tenemos a través de Ibn Hisham, llamada «la Sira») son muy dudosos. Por ejemplo, el Corán dice una y otra vez que el Profeta era incapaz de hacer milagros. La gente de su tiempo le pide milagros en varias ocasiones, para que demuestre que es un verdadero profeta. Sin embargo, él se niega, diciendo que el contenido del Corán ya es un verdadero milagro (Corán 2:118; mirar 6:37, 10:20, 13:7, 13:27). Sin embargo, la biografía (Sira) presenta a Mahoma haciendo milagros en varias ocasiones.

También la Sira presenta a un monje cristiano diciendo a Mahoma, cuando era niño, que iba a ser un profeta, mientras que otras tradiciones lo presentan atemorizado y al borde del suicidio cuando, de adulto, el ángel le comunica lo mismo. Obviamente, esto no encaja.

Como vemos, el contenido de la Sira (de Ibn Hisham basada en Ibn Ishaq) tiene problemas. Pero los dichos de Mahoma o hadices son todavía más problemáticos. Un hadiz es una pequeña historia sobre Mahoma que contiene un dicho de él. En los dos siglos después de la muerte de Mahoma proliferaron de forma espectacular, pues se inventaban por motivos políticos y personales o por simple folclore. Según la tradición llegaron a ser centenares de miles de hadices.

Esto llegó a ser un caos tan grande que los estudiosos decidieron tomar cartas en el asunto. Un puñado de estudiosos examinaron los hadices existentes y seleccionaron los que consideraron auténticos. El más importante de estos estudiosos es Al-Bujari y hasta hoy los musulmanes consideran su colección de hadices como la más respetable (seguida de la colección de Al-Muslim y cuatro o cinco más, que son también muy importantes). Lo que digamos de Al-Bujari se aplica, con leves variaciones, a todos ellos.

Se dice que Al-Bujari examinó 600 mil hadices y consideró como auténticos sólo 7275. Su método, que es alabado por los estudiosos musulmanes, suena muy extraño para los eruditos modernos.

En efecto, cada hadiz comienza de la manera siguiente: «Dice Fulanito que le dijo Menganito que le dijo Zutanito que le dijo Ayesha, esposa del Profeta que, en una ocasión, el Profeta se encontraba, bla, bla, bla…». A este comienzo se le llama «cadena de transmisión» o isnad y no hay hadiz sin su isnad. La cadena de transmisión indica cómo llegó la información y pueden ser bastante largas (no olvidemos que, cuando Al-Bujari recopila los hadices, han pasado casi dos siglos y medio desde la muerte del Profeta).

Al-Bujari consideró un hadiz como auténtico si su cadena de transmisión (isnad) era factible. Es decir, si los personajes en la isnad habían vivido cerca y sus fechas de nacimiento y muerte se solapaban, de forma que pudieran haberse encontrado para transmitirse el hadiz. Así, si Fulanito y Menganito habían vivido cerca y en la misma época podrían haberse transmitido el hadiz. Lo mismo con Menganito y Zutanito y, si esto se observa en toda la cadena de transmisión, el isnad es factible y el hadiz se toma como auténtico.

Obviamente, un método como este es bueno para descartar hadices pero no para aceptarlos. Si la isnad no es factible, la isnad es falsa y es razonable pensar que el hadiz también lo es. Pero una isnad que es verdadera, no garantiza que el hadiz sea verdadero, como Al-Bujari supuso. Esto hace muy dudosa la información de los hadices para los historiadores modernos. Hay algunos hadices que parecen tener información fiable mientras que otros parecen ser puro folclore o invenciones posteriores.

El problema de la Sira y de los hadices no es que se fundamentan en la tradición oral (es decir, en contenidos que se pasan de boca a boca, sin ser escritos). Esta ha resultado ser muy fiable en las circunstancias correctas. Si una tradición oral se considera sagrada, el maestro hace que el discípulo la repita una y otra vez hasta que la memorice exactamente. Así, los Vedas (libros sagrados del hinduismo) se han transmitido 3000 años sólo de forma oral sin ningún error, hasta que los ingleses los escribieron en el siglo XIX. Y no es el único caso: abundan los ejemplos en todas las religiones del mundo (por ejemplo, los fariseos transmitían así sus enseñanzas, que, siglos después, acabaron escritas en el Talmud).

Incluso cuando se trata de un texto literario no sagrado, la tradición oral puede ser muy fiable. Por ejemplo, la Ilíada se transmitió por siglos de forma oral y la información era tan exacta que, en 1871, Schliemann encontró Troya siguiendo las indicaciones geográficas que se dan en la Ilíada. Entre 1977 y 2001, el geólogo John C. Kraft y el clasicista John V. Luce, compararon la Ilíada, con otras obras antiguas (como la Geografía de Estrabón) y con la geología de la zona. Llegaron a la conclusión de que la Ilíada tenía una descripción extraordinariamente precisa de la geografía de la zona alrededor de Troya, lo que otra vez demuestra la precisión de la tradición oral en circunstancias correctas. Abundan también otros ejemplos de tradiciones orales no religiosas transmitidas de forma exitosa.

A veces, hay varios niveles de fiabilidad en la transmisión. Así, como dice Jeaneane D. Fowler aludiendo a las tradiciones indias:  «Al contrario de los Vedas, que debían de ser conservados sin alterar una letra, el Bhagavad Gita era una obra popular cuyos recitadores se ajustaban inevitablemente a cambios en el lenguaje y el estilo» (Fowler, Jeaneane D. (2012). The Bhagavad Gita: A Text and Commentary for Students. Eastbourne: Sussex Academic Press. p. 302. ISBN 978-1-84519-520-5.).

En general, la forma de transmisión de una tradición oral depende de lo qué la comunidad considera importante sobre ella. Si el contenido y la forma se consideran importantes, se trata de una tradición de transmisión controlada (como los Vedas): ni una letra puede cambiarse. Si sólo el contenido es importante, es una tradición de transmisión semi-controlada, como el Bhagavad Gita,. El contenido no se cambia pero si la forma de expresarlo, que suele adaptarse al público específico en cada ocasión. Si ni el contenido ni la forma son importantes, la tradición es de transmisión no controlada y varía de forma libre, como en los chistes modernos o en el «juego del teléfono».

El problema de la Sira y los hadices es que las tradiciones orales en las que se basan no se consideraron importantes hasta que las recopilaron los estudiosos, varios siglos después. No se las consideró en serio, como algo valioso a preservar. Eran cuentos y anécdotas que la gente distorsionaba a su placer y por intereses propios, propagándose de forma no controlada, no diferente a cómo se extienden los chistes modernos.

Siglos después, los estudiosos quisieron recopilarlas y hacer su transmisión controlada (y de hecho, desde Al-Bujari han sido transmitidas de forma controlada). Sin embargo, ya era tarde. Cuando se quiso formalizar estas historias y controlar su transmisión, ya el contenido estaba corrompido por siglos de transmisión no controlada y la verdad histórica era muy difícil de distinguir de las invenciones posteriores.

Con una Sira y unos hadices tan poco fiables, el relato tradicional de la vida de Mahoma debe ponerse en tela de juicio. Sobre todo, cuando aparece evidencia abundante en contra, que es lo que veremos a continuación.

Nota: En 743, San Juan Damasceno incluye su crítica del Islam.