{"id":3416,"date":"2020-04-26T13:03:00","date_gmt":"2020-04-26T13:03:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.thetruthcounts.com\/blogtraducciones\/?p=3416"},"modified":"2020-04-26T13:05:32","modified_gmt":"2020-04-26T13:05:32","slug":"los-ofendiditos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.thetruthcounts.com\/blogtraducciones\/2020\/04\/26\/los-ofendiditos\/","title":{"rendered":"Los ofendiditos"},"content":{"rendered":"<header class=\"component-app-header || position-fixed size-full\">\n<div class=\"app-header__wrapper || position-absolute\">\n<div class=\"position-relative\">\n<nav class=\"app-header__nav\"><span style=\"font-size: 29px; font-weight: bold;\">Miguel \u00c1ngel Quintana Paz<\/span><\/nav>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/header>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div class=\"page-elsubjetivo-single type-elsubjetivo\">\n<div class=\"center-wrapper\">\n<div class=\"center-wrapper-inside-small\">\n<div class=\"elsubjetivo-single__top\">\n<p><strong>The Objective. 11 de mayo de 2017<\/strong><\/p>\n<div class=\"time__icon || icon icon-ribbon size-1\">[Tomado de <a href=\"https:\/\/theobjective.com\/elsubjetivo\/los-ofendiditos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener noreferrer\">aqu\u00ed\u00a0<\/a>]<\/div>\n<div class=\"top__image\">\n<div class=\"image-wrapper\">\n<div class=\"image\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"elsubjetivo-single__entry columns columns-2-fixed-1\">\n<div class=\"column entry__left\">\n<div class=\"entry__author\">\n<aside class=\"component-author-data type--subjetivo\">\n<div class=\"author-data__image\">\n<div class=\"image\">Profesor de \u00c9tica y Filosof\u00eda en la Universidad Europea Miguel de Cervantes.<\/div>\n<\/div>\n<\/aside>\n<aside class=\"component-also-at-elsubjetivo hide-mobile\"><\/aside>\n<\/div>\n<div class=\"entry__wrapper\">\n<div class=\"component-backend-content\">\n<p>Sol\u00eda contar el fil\u00f3sofo Gustavo Bueno el siguiente chiste. Cierto vasco, hombre de pocas palabras, asiste a un serm\u00f3n dominical en que el sacerdote se prolonga perorando durante m\u00e1s de una hora. Al volver a casa, su esposa le inquiere acerca de cu\u00e1l fue el contenido de un serm\u00f3n tan prolijo. \u201cHabl\u00f3 sobre el pecado\u201d, contesta nuestro vasco. \u201c\u00bfY qu\u00e9 dijo el se\u00f1or cura?\u201d le repregunta su mujer. \u201cQue no es partidario\u201d.<\/p>\n<p>Las universidades occidentales resulta que tampoco son partidarias del pecado y \u00faltimamente se afanan en dej\u00e1rnoslo claro. Hace unos d\u00edas le toc\u00f3 a la Universidad de Oxford, que difundi\u00f3 entre sus miembros un pormenorizado \u201clistado de microagresiones\u201d. Consisten tales listados en recopilaciones de mandamientos morales que habr\u00e1s de obedecer si no quieres ser tachado de racista, machista, especista, hom\u00f3fobo, tr\u00e1nsfobo, animal\u00f3fobo y dem\u00e1s pecados hodiernos. Las nuevas tablas de mandamientos de la Universidad de Oxford inclu\u00edan, entre las formas de \u201cracismo sutil, cotidiano\u201d que denunciaban, el no mirar directamente a los ojos de la persona con que est\u00e9s hablando. Ahora bien, inmediatamente se alzaron voces protestando porque este precepto ofend\u00eda a los autistas: muchos de ellos encuentran dif\u00edcil mirar a los ojos de su interlocutor, pero ello no implica que sean reos de racismo. Intentando evitar las ofensas a las personas con otro color de piel, la Universidad de Oxford les hab\u00eda ofendido. De modo que esta hubo de pedir perd\u00f3n a los autistas. La moraleja es que en este tipo de asuntos uno camina siempre por terreno resbaladizo: si te esfuerzas por no ofender nunca la gente de Guatemala, a veces acabas ofendiendo a la de Guatapeor.<\/p>\n<p>(Nota aclaratoria: en mi p\u00e1rrafo anterior no pretendo identificar a los autistas como algo \u201cpeor\u201d que los guatemaltecos, sino que solo hago un juego de palabras bastante t\u00f3pico. Aprovecho, por cierto, el par\u00e9ntesis para aclarar asimismo que en el p\u00e1rrafo primero de este art\u00edculo ni don Gustavo Bueno ni un servidor pretend\u00edamos ofender a los vascos poco locuaces).<\/p>\n<p>Perm\u00edtaseme narrar ahora una an\u00e9cdota m\u00e1s personal. El pasado fin de semana yo mismo asist\u00ed a unas jornadas universitarias sobre transexualidad, bien sustanciosas. En un momento determinado me pareci\u00f3 oportuno preguntar a un conferenciante si hab\u00eda alg\u00fan modo de diagnosticar la transexualidad a edades tempranas. El ponente, en primer lugar, me reproch\u00f3 que utilizara el verbo \u201cdiagnosticar\u201d para algo como la transexualidad, pues le parec\u00eda ofensivo. Dijo que \u201cla patologizaba\u201d. En segundo lugar, me pregunt\u00f3 que c\u00f3mo sab\u00eda yo mismo que yo era un var\u00f3n y no una mujer. Cuando le fui a responder, el hombre me interrumpi\u00f3 para reconocerme que se hab\u00eda dado cuenta de acababa de cometer un grave error. Y me pidi\u00f3 encarecidamente perd\u00f3n por haber dado por supuesto que yo era un var\u00f3n, fund\u00e1ndose solo en cosas tan superficiales como mi aspecto f\u00edsico o mi tono de voz, cuando en realidad yo podr\u00eda poseer una rica interioridad de mujer que era a la postre, seg\u00fan \u00e9l, lo \u00fanico importante. Al final no tuve muy claro si era \u00e9l o era yo quien m\u00e1s cosas supuestamente ofensivas hab\u00eda dicho en tan breve di\u00e1logo. Mas s\u00ed capt\u00e9 n\u00edtido que mi pregunta originaria hab\u00eda quedado sin contestar, sepultada bajo un grueso follaje de posibles ofensas mutuas.<\/p>\n<p>Estos ejemplos que ofrezco seguramente hayan tra\u00eddo a la mente del lector un variopinto elenco de casos similares. Vivimos, caben escasas dudas, en una \u00e9poca en que abunda la gente que se siente ofendida por cosas. Hay quien piensa que toda esa gente tiene siempre la raz\u00f3n, que si se ofenden es porque alguien habr\u00e1 cometido la fechor\u00eda de ofenderles y debe ser castigado. Otros pensamos, sin embargo, que la actitud filos\u00f3fica correcta reside en ponerse a distinguir entre ofensas reales y ofensas meramente imaginarias, dado que, al menos desde Plat\u00f3n, lo sensato es diferenciar siempre entre la verdad y lo enga\u00f1oso.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n cabe otra pregunta filos\u00f3fica acerca de todo esto: \u00bfpor qu\u00e9 vivimos en una \u00e9poca en que tanta gente se siente cada vez m\u00e1s ofendida por cada vez m\u00e1s cosas? Antes nunca ocurri\u00f3 as\u00ed.<\/p>\n<p>Se ha dado una respuesta de tipo, digamos, \u201cpsicol\u00f3gico\u201d a tal interrogante. Vivimos en un mundo en que los adultos de hoy empiezan a ser cada vez m\u00e1s los antiguos cr\u00edos de familias en que los padres pasaban poco tiempo con ellos. A veces por motivos laborales, a veces por divorcio, a veces porque los ni\u00f1os estaban sobrecargados de tareas extraescolares. Como consecuencia, esos padres han tratado a tales ni\u00f1os, en el escaso tiempo que pod\u00edan pasar con ellos, con excesiva laxitud. Meredith Haaf, en su libro\u00a0<em>Dejad de lloriquear<\/em>, explica que cada vez m\u00e1s padres ven como un deber dar siempre la raz\u00f3n a sus hijos, preservarles de todo problema y contarles continuamente cu\u00e1nto les gusta todo lo que hacen. Por consiguiente, esos ni\u00f1os, que hoy van siendo ya j\u00f3venes adultos o simplemente adultos, no han aprendido c\u00f3mo reaccionar ante gente que piensa o act\u00faa de modo diferente al que ellos querr\u00edan. Y se ofenden.<\/p>\n<p>Existe tambi\u00e9n una respuesta pol\u00edtica a nuestra pregunta. Ya en 1983, el soci\u00f3logo Alain Touraine explic\u00f3 que nos adentr\u00e1bamos en una \u00e9poca que \u00e9l denomin\u00f3 \u201cpostsocialismo\u201d. Durante tal postsocialismo la izquierda dejar\u00eda de defender solo a los trabajadores o a las partes m\u00e1s depauperadas de la sociedad y tratar\u00eda de mostrarse como la principal defensora de cualquier minor\u00eda social (mujeres, gais, j\u00f3venes, grupos \u00e9tnicos o nacionales minoritarios\u2026). Dado que esos grupos a menudo pueden sentirse ofendidos por lo que la mayor\u00eda de la sociedad dice con respecto a ellos (las mayor\u00edas son as\u00ed, no conocen todo lo que les molesta a las minor\u00edas), la nueva misi\u00f3n de la izquierda, seg\u00fan el an\u00e1lisis de Touraine, bien puede ser la de fomentar esos sentimientos de ofensa para, inmediatamente despu\u00e9s, erigirse como el \u00fanico palad\u00edn que librar\u00e1 a los ofendiditos de las garras de los p\u00e9rfidos ofensores. Y, cuantos m\u00e1s sean tales ofendidos, m\u00e1s votos ir\u00e1n al regazo de esa izquierda postsocialista que los quiere acurrucar. Alguien estar\u00eda sacando pr\u00f3speros beneficios, pues, del actual incremento del n\u00famero de ofendidos.<\/p>\n<p>Con todo y con eso, creo que ni la respuesta psicol\u00f3gica ni la respuesta pol\u00edtica son capaces de explicar completamente por qu\u00e9 nos vamos sumergiendo en un mundo repleto de ofendidos. Y voy a proponer, para terminar, el esbozo de una respuesta m\u00e1s hist\u00f3rico-filos\u00f3fica a todo este asunto.<\/p>\n<p>Occidente, que es la sociedad donde est\u00e1n sucediendo estas cosas, es desde hace unos 1.700 a\u00f1os una civilizaci\u00f3n marcada por el cristianismo. Y el cristianismo se caracteriza por dar una respuesta muy peculiar al problema del sufrimiento humano. En vez de echarle la culpa a la persona que sufre, como hacen algunas morales, o a las vidas anteriores que tuvo esa persona que sufre, como hacen otras religiones, el cristianismo aqu\u00ed hace una afirmaci\u00f3n atrevid\u00edsima: Dios mismo sufri\u00f3. Fue crucificado. Y, por tanto, el sufrimiento, por intolerable que parezca a veces, tiene siempre un sentido (divino). El Dios cristiano acompa\u00f1a al que sufre, pero no como un cireneo que echa la mano por el hombro al sufriente, sino padeciendo Dios mismo tambi\u00e9n. Cualquier persona que sufre, pues, deber\u00eda merecer de un cristiano su atenci\u00f3n: Dios mismo est\u00e1 en ella. Mientras que, en otras culturas, podr\u00eda merecer m\u00e1s f\u00e1cilmente condenas, desprecio o indiferencia.<\/p>\n<p>Ahora bien, hoy nuestra sociedad ha olvidado estas nociones cristianas sobre lo divino del sufrimiento, pero parece haber conservado el empe\u00f1o cristiano por fijarse en los que sufren. As\u00ed, no sabemos muy bien c\u00f3mo tratar a todo el que dice que sufre, aunque tampoco aceptemos volver a la mentalidad romana o hel\u00e9nica, que invitaba a simplemente ignorarlos. Ya no creemos en un Dios que acompa\u00f1e a todo el que padezca alg\u00fan da\u00f1o, de modo que intentamos sustituirle y ser nosotros los que prestemos atenci\u00f3n a cualquiera que diga sufrirlo. Sin fijarnos mucho en si, a menudo, la causa de su dolor puede ser solo una ofensa nimia. Entramos as\u00ed en un mercadeo en que, si queremos recibir la atenci\u00f3n de los dem\u00e1s, lo m\u00e1s f\u00e1cil es mostrarnos como v\u00edctimas (el cristianismo apostaba por la v\u00edctima), pero sin tener ya muy claro cu\u00e1l es el criterio para ser una verdadera v\u00edctima (hemos perdido al Dios cristiano, que s\u00ed lo ten\u00eda). Pensando habernos librado de un Dios crucificado y sus mandamientos, nos vemos ahora rodeados de cientos de diosecillos que exhiben sus cruces y nos reclaman miles de nuevos preceptos\u00a0para no hac\u00e9rselas m\u00e1s pesadas.<\/p>\n<p>Resulta poco sorprendente, pues, que ante todo esto Nietzsche pensara que nuestra sociedad es la sociedad de \u201clos \u00faltimos hombres\u201d. Donde, naturalmente, ni la palabra \u201chombres\u201d pretende ofender a las mujeres (Nietzsche no las exclu\u00eda de tal decadencia), ni la palabra \u201c\u00faltimos\u201d pretende hacer da\u00f1o a quienes preferimos no ir los primeros a algunos sitios. Como, pongamos por caso, en una carrera por la estupidez.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel \u00c1ngel Quintana Paz &nbsp; The Objective. 11 de mayo de 2017 [Tomado de aqu\u00ed\u00a0] Profesor de \u00c9tica y Filosof\u00eda en la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Sol\u00eda contar el fil\u00f3sofo Gustavo Bueno el siguiente chiste. 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