José Antonio ¿Contrarrevolucionario?

Tomado de https://desdemicampanario.es/2016/11/25/jose-antonio-contrarrevolucionario/

Con motivo del LXXX aniversario del asesinato de José Antonio Primo de Rivera (1903-1936), y con el objeto de repensar, conocer y difundir la obra y doctrina del fundador de Falange Española, desde el Foro Historia en Libertad hemos pedido su colaboración a una serie de filósofos, historiadores, periodistas, profesores… En días sucesivos publicaremos estas aportaciones cuya calidad no dudamos estará a la altura del homenaje merecido por el hombre que las ha suscitado.

JOSÉ MARÍA PERMUY REY. Fue militante y mando provincial y territorial de FFJJE, FE de las JONS, FEI, FE-La Falange y AES. Ha publicado artículos de contenido político y religioso en varias revistas y participado como orador y comunicante en mítines, conferencias y congresos en diversos lugares de España.

¿Puede José Antonio Primo de Rivera ser considerado un pensador contrarrevolucionario?

Antes de responder a esa pregunta, conviene aclarar qué se entiende por contrarrevolución.

Contrarrevolución es lo contrario de la Revolución, es decir, la oposición a la Revolución con el fin de instaurar y restaurar el orden social vigente antes de la Revolución.

Cuando hablamos de Revolución (con R mayúscula) no nos referimos a cualquier revuelta, insurrección o transformación social, sino concretamente al proceso de destrucción de la Cristiandad iniciado con la reforma luterana y continuado por la revolución francesa y la revolución soviética (en la actualidad, por los agentes del Nuevo Orden Mundial, relativista, totalitario y sincretista) por medio de la difusión e imposición de sus erróneas y perversas teorías teológicas, filosóficas, políticas y económicas (protestantismo, liberalismo, democracia, socialismo, capitalismo, comunismo, ideología de género, etc).

Cuando hablamos del orden social imperante en Europa antes de la Revolución, nos referimos a la Cristiandad, que consistía en una sociedad de comunidades políticas organizadas a la manera de un cuerpo místico, en el que individuos y cuerpos intermedios (familia, clases o estamentos, gremios, municipios, etc.) estaban orgánica, jerárquicamente y libremente armonizados y unidos sobre el fundamento de la ley eterna (natural y revelada) y la verdad católica, asumiendo cuanto de bueno heredaron de las civilizaciones romana y griega.

Cuando hablamos de restauración, no queremos decir que haya que copiar exactamente todas las leyes e instituciones existentes en aquella coyuntura (tampoco que haya que dar por caducas o inútiles todas ellas), sino volver a fundamentar el orden social (jurídico, político, económico) sobre las mismas bases religiosas y filosóficas que dieron lugar a la Cristiandad.

Así pues, si José Antonio apreciaba el orden social cristiano prerrevolucionario y lo consideraba un referente o modelo a seguir; si rechazaba y condenaba el proceso de subversión de ese orden social, sus causas y sus efectos, en todas su fases y manifestaciones y elogiaba los esfuerzos por ponerle freno, combatirlo y revertir la situación; si proponía la sustitución de los regímenes políticos hijos de la Revolución, por un orden social asentado sobre los mismos principios fundamentales de la vieja Cristiandad; creo que José Antonio podría ser considerado un político contrarrevolucionario.

Para demostrar que así es, nada mejor que reproducir textos del propio José Antonio.

La Cristiandad como modelo social para José Antonio

«Del siglo XIII al XVI, el mundo vivió una vida fuerte, sólida, en una armonía total; el mundo giraba alrededor de un eje». (Conferencia pronunciada en el Círculo Mercantil de Madrid. 9 de abril de 1935)

«La unidad católica: sentido total de la vida religiosa en la Edad media, es decir, ni sacrificio del individuo a la colectividad ni disolución de la colectividad en individuos, sino síntesis del destino individual y el colectivo en una armonía superior, a la que uno y otro sirven». (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)

“En esta época la idea de todos es la “unidad” metafísica, la unidad en Dios; cuando se tienen estas verdades absolutas todo se explica, y el mundo entero, que en este caso es Europa, funciona según la más perfecta economía de los siglos. Las Universidades de París y de Salamanca razonan sobre los mismos temas en el mismo latín. El mundo se ha encontrado a sí mismo. Pronto se realizará el Imperio español, que es la unidad histórica, física, espiritual y teológica». (Conferencia pronunciada en el Teatro Calderón de Valladolid. 3 de marzo de 1935)

José Antonio rechaza y condena la Reforma protestante y la Revolución francesa

“El siglo XIII es probablemente el comienzo de la última edad clásica, a cuya liquidación estamos asistiendo, y ya podemos contemplar las fuerzas que la disuelven. Han operado sobre ella la Reforma y la Revolución francesa”. (Conferencia pronunciada en Zaragoza, en el cinema Alhambra. 17 de febrero de 1935)

«Todo proceso histórico es, en el fondo, un proceso religioso. Sin descubrir el substratum religioso no se entiende nada. La presente situación del mundo es, ni más ni menos, la última consecuencia de la Reforma». «En el protestantismo están ya en germen: la civilización mecánica; la interpretación económica de la vida (el éxito en los negocios humanos, señal de predestinación; idea calvinista); el capitalismo (por oposición a la función feudal de la propiedad); el optimismo (los calvinistas creen que no todos los hombres son llamados a la gracia, pero ellos se sienten todos llamados a la gracia).

La Reforma: Lutero (la fe sin las obras); Calvino (la gracia inamisible). Luego: ni esfuerzos por ganar el Cielo, ni preocupación por el Infierno. La energía se encauza hacia lo humano. Hay como un desbordamiento de alegría. Y, al lado, la irrupción de los nuevos ricos, compradores de los bienes eclesiásticos. ¿Libertad de creencias? Nada de eso; ese es ya un fenómeno del siglo XIX. La Reforma se manifiesta como una guerra santa contra lo que llama el papismo idólatra; guerra implacable y durísima: (Ginebra, Inglaterra, con los Cecil y Cromwell; Gustavo Adolfo…). En el protestantismo están ya en germen: la civilización mecánica; la interpretación económica de la vida (el éxito en los negocios humanos, señal de predestinación; idea calvinista); el capitalismo (por oposición a la función feudal de la propiedad); el optimismo (los calvinistas creen que no todos los hombres son llamados a la gracia, pero ellos se sienten todos llamados a la gracia). “El optimismo filosófico. Rousseau; el hombre es nativamente bueno. Abolengo protestante del optimismo filosófico (la gracia concedida de balde. ¿Quizá sobra el pecado original? El protestantismo sostiene que la Redención bastó para devolvernos a todos la gracia (a los elegidos, claro), sin necesidad de obras ni Sacramentos; es decir, nos reintegró del estado de penitencia (católico) al estado de inocencia) — Abolengo protestante de la “declaración de los derechos del hombre” . Las “declaraciones” exceden del pensamiento de Rousseau (el individuo no se reserva nada, según él); pero la sustancia está en el optimismo; Rousseau lo es a machamartillo, el ser colectivo siempre quiere ser bien. (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)

José Antonio critica y rechaza el liberalismo

“El liberalismo es, por una parte, el régimen sin fe: el régimen que entrega todo, hasta las cosas esenciales del destino patrio, a la libre discusión. Para el liberalismo nada es absolutamente verdad ni mentira. La verdad es, en cada caso, lo que dice el mayor número de votos. Así, al liberalismo no le importa que un pueblo acuerde el suicidio con tal que el propósito de suicidarse se tramite con arreglo a la ley electoral.

Y como para que funcione la ley electoral tiene que estimularse existencia de bandos y azuzarse la lucha entre ellos, el sistema liberal es el sistema de la perpetua desunión, de la perpetua ausencia de una fe popular en la comunión profunda de destino.

Por otra parte, el liberalismo es la burla de los infortunados: declara maravillosos derechos: la libertad de pensamiento, la libertad de propaganda, la libertad de trabajo… Pero esos derechos son meros lujos para los favorecidos por la fortuna. A los pobres, en régimen liberal, no se les hará trabajar a palos, pero se los sitia por hambre. El obrero aislado, titular de todos los derechos en el papel, tiene que optar entre morirse de hambre o aceptar las condiciones que le ofrezca el capitalista, por duras que sean. Bajo el régimen liberal se asistió al cruel sarcasmo de hombres y mujeres que trabajan hasta la extenuación, durante doce horas al día, por un jornal mísero y a quienes, sin embargo, declaraba la ley hombres y mujeres «libres». (Luz nueva en España. Artículo escrito en mayo de 1934, para el semanario España Sindicalista)

“Las últimas consecuencias del liberalismo político: pulverización de los partidos; duración efímera de los gobiernos; ferocidad en las luchas políticas; la injuria, método polémico: la Prensa insolvente; las bibliotecas nocturnas (fábricas de obreritos pedantes, que se creen cultos porque conocen un manualito tendencioso de cualquier disciplina); el hundimiento de toda jerarquía, la insolidaridad; el nacionalismo…

Las últimas consecuencias del liberalismo económico: superindustrialización (artículos de primer establecimiento fabricados al ritmo de los artículos de consumo; saturación de los mercados). Industrialización de todos los países. Concentración de capitales — Proletarización del artesanado (y, en cierto modo, de la clase media, ya, en su mayor parte, asalariada; la diferencia de salario es meramente cuantitativa pero no cualitativa; la clase media ya no tiene casa, patrimonio familiar; vive suspendida de la existencia material del jefe que la sostiene con su sueldo) — Las profecías de Carlos Marx — Las grandes crisis — El paro”. (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)

José Antonio critica y rechaza el socialismo

“El socialismo vio esa injusticia y se alzó, con razón, contra ella. Pero al deshumanizarse el socialismo en la mente inhospitalaria de Marx, fue convertido en una feroz, helada doctrina de lucha. Desde entonces no aspira a la justicia social: aspira a sustanciar una vieja deuda de rencor, imponiendo a la tiranía de ayer –la burguesía– una dictadura del proletariado.

Para llegar ahí, además, el socialismo extirpa en los obreros casi todo lo espiritual, porque teme que, dejándolo vivo, tal vez los proletarios se ablanden al influjo de los vapores espirituales burgueses. Y así se aniquila en los obreros la religión el amor a la Patria.. ; en los ejemplos extremos, como el de Rusia, hasta la ternura familiar.

El liberalismo nos divide y agita por las ideas; el socialismo taja entre nosotros la sima, aún más feroz, de la lucha económica”. (Luz nueva en España. Artículo escrito por José Antonio, en mayo de 1934, para el semanario España Sindicalista, que no llegó a publicarse, en Zaragoza)

“Si la revolución socialista no fuera otra cosa que la implantación de un nuevo orden en lo económico, no nos asustaríamos. Lo que pasa es que la revolución socialista es algo mucho más profundo. Es el triunfo de un sentido materialista de la vida y de la historia; es la sustitución violenta de la Religión por la irreligiosidad; la sustitución de la Patria por la clase cerrada y rencorosa; la agrupación de los hombres por clases, y no la agrupación de los hombres de todas las clases dentro de la Patria común a todos ellos; es la sustitución de la libertad individual por la sujeción férrea de un Estado que no sólo regula nuestro trabajo, como un hormiguero, sino que regula también implacablemente nuestro descanso. Es todo esto. Es la venida impetuosa de un orden destructor de la civilización occidental y cristiana; es la señal de clausura de una civilización que nosotros, educados en sus valores esenciales, nos resistimos a dar por caducada.” (La Falange ante las elecciones de 1936. Discurso pronunciado en el Cinema Europa, de madrid, el día 2 de febrero de 1936).

José Antonio critica el fascismo y el nacionalsocialismo

“Fascismo: pretende resolver la inarmonía entre el hombre y su contorno absorbiendo al individuo en la colectividad. El fascismo es fundamentalmente falso: acierta al barruntar que se trata de un fenómeno religioso, pero quiere sustituir la religión por una idolatría. Falso además en lo económico, porque no se remueve la verdadera base: el capitalismo. Eso del sistema corporativo es una frase: conserva la dualidad: patrono-obrero, aunque agigantada en los sindicatos. Es decir, persiste el esquema bilateral de la relación de trabajo y, atenuada o no, la mecánica capitalista de la plus-valía”. (José Antonio. Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)

“Ejemplo de los que se llama Estado totalitario son Alemania e Italia, y notad que no sólo no son similares, sino que son opuestos radicalmente entre sí; arrancan de puntos opuestos. El de Alemania arranca de la capacidad de fe de un pueblo en su instinto racial. El pueblo alemán está en el paroxismo de sí mismo; Alemania vive una superdemocracia.

El movimiento alemán es de tipo romántico; su rumbo, el de siempre; de allí partió la Reforma e incluso la Revolución francesa, pues la declaración de los derechos del hombre es copia calcada de las Constituciones norteamericanas, hijas del pensamiento protestante alemán” (España y la barbarie. Conferencia pronunciada en el Teatro Calderon, de Valladolid. 3 de marzo de 1935).

José Antonio rechaza el absolutismo y el totalitarismo estatales

“Mañana, pasado, dentro de cien años, nos seguirán diciendo los idiotas: queréis desmontarlo [el Estado liberal] para sustituirlo por otro Estado absorbente, anulador de la individualidad. Para sacar esta consecuencia, ¿íbamos nosotros a tomar el trabajo de perseguir los últimos efectos del capitalismo y del marxismo hasta la anulación del hombre? (Discurso sobre la revolución española. Cine Madrid. Madrid, 19 de mayo de 1935).

“La divinización del Estado es cabalmente lo contrario de lo que nosotros apetecemos. Nosotros consideramos que el Estado no justifica en cada momento su conducta, como no la justifica un individuo, ni la justifica una clase, sino en tanto se amolda en cada instante a una norma permanente. Mientras que diviniza al Estado la idea rousseauniana de que el Estado, o los portadores de la voluntad que es obligatoria para el Estado, tiene siempre razón; lo que diviniza al Estado es la creencia en que la voluntad del Estado, que una vez manifestaron los reyes absolutos, y que ahora manifiestan los sufragios populares, tiene siempre razón. Los reyes absolutos podían equivocarse; el sufragio popular puede equivocarse; porque nunca es la verdad ni es el bien una cosa que se manifieste ni se profese por la voluntad. El bien y la verdad son categorías permanentes de razón, y para saber si se tiene razón no basta preguntar al rey –cuya voluntad para los partidarios de la soberanía absoluta era siempre justa–, ni basta preguntar al pueblo –cuya voluntad, para los rousseaunianos es siempre acertada–, sino que hay que ver en cada instante si nuestros actos y nuestros pensamientos están de acuerdo con una aspiración permanente. Por eso es divinizar al Estado lo contrario de lo que nosotros queremos. Nosotros queremos que el Estado sea siempre instrumento al servicio de un destino histórico, al servicio de una misión histórica de unidad” (Discurso pronunciado en el Parlamento el 19 de diciembre de 1933)

“La idea del destino justificador de la existencia de una construcción (Estado o sistema), llenó la época más alta que ha gozado Europa: el siglo XIII, el siglo de Santo Tomás. Y nació en mentes de frailes. Los frailes se encararon con el poder de los reyes y les negaron ese poder en tanto no estuviera justificado por el cumplimiento de un gran fin: el bien de los súbditos.

Aceptada esta definición del ser –portador de una misión, unidad cumplidora de un destino–, florece la noble, grande y robusta concepción del «servicio». Si nadie existe sino como ejecutor de una tarea, se alcanza precisamente la personalidad, la unidad y la libertad propias «sirviendo» en la armonía total” (Estado, individuo y libertad. Conferencia pronunciada en el curso de formacion organizado por FE de las JONS, el dia 28 de marzo de 1935)

«Es preciso configurar un nuevo orden, y éste es el Destino de España en nuestros días. Tenemos que afanarnos por salvar a España y al mundo entero. El Orden nuevo tiene que arrancar de la propia existencia del hombre, del reconocimiento de su libertad y dignidad. “La libertad del hombre y la dignidad humana son valores eternos e intangibles. El orden nuevo ha de arrancar de la existencia del hombre como portador de valores eternos. No participamos pues del panteísmo estatal”». «España podrá rehacer su vida por este camino, en el que se encuentran los valores cristianos y occidentales de nuestra civilización» (Conferencia pronunciada en el Cinema Alhambra de Zaragoza. 17 de febrero de 1935)

«Falange Española aspira a potenciar el valor nacional de España, no con el criterio de idolatría de las entidades naturales que informan a los partidos nacionalistas sino con el criterio que aspira a perpetuar en España la representación histórica de un sentido universal de la vida». (Conclusiones definitivas de José Antonio en el proceso de Alicante, 17 de noviembre de 1936)

José Antonio ensalza la labor de España frente a la Revolución

«España contestó siempre con la afirmación católica. Por su sentido de CATOLICIDAD, de UNIVERSALIDAD, ganó España al mar y a la barbarie continentes desconocidos. Los ganó para incorporar a quienes los habitaban a una empresa universal de salvación». (Puntos Iniciales de Falange Española. F.E., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)

«El destino de España: la incorporación de un mundo a la cultura, a la católica. España estaba exactamente a punto (en forma) cuando el mundo presentó aquella coyuntura. España entonces asumió resueltamente la causa de la unidad católica: bula de Alejandro VI, Trento, Lepanto, Valtelina, Guerra de los 30 años…». (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)

«España supo ser fuerte, sobria, austera y supo sacrificarse por lo espiritual, sabiendo ser heroica sobre todas las cosas y hacer morir a los suyos cuando hizo falta. España no tuvo banderías mientras no perdió su fuerza. Y sin banderías y sin partidos políticos luchó gloriosamente, teniendo por escenario toda la faz de la tierra y por enemigo nada menos que a Satanás». (Discurso pronunciado en Cáceres. 4 de febrero de 1934)

«España en el siglo XVI es el brazo ejecutor de Dios» (Conferencia pronunciada en el Ateneo de Santander. 14 de agosto de 1934)

«Es triste y angustioso ver cómo los españoles consumen sus energías en luchar unos contra otros, pensando sólo en solventar entre sí odios y rencores, con olvido de España, a la que tratan de rendir y aniquilar.

Por fortuna, esto no es posible lograrlo en usa nación de muchos siglos de existencia, y cuyo sentido de unidad ha perdurado siempre, aun en épocas de fragmentación territorial, en las cabezas de nuestros reyes, santos y pensadores, ni con una nación de tal contextura espiritual que, al descubrir para la Humanidad un nuevo continente, lejos de abusar de su poderío y explotar a los indígenas, empieza por declararlos iguales a los españoles.

Mas España comienza a perder su propio estilo y personalidad cuando por obra de las doctrinas rousseanianas y de la Revolución francesa, surgen las divisiones en territorios y regiones; cuando, por no mirarse de frente a España, abarcándola total y absolutamente, sino desde un punto de vista particular de clase o de interés, nacen los partidos políticos; esto es, cuando se niega la existencia de ciertas verdades permanentes, se admite la teoría absurda de que las sociedades políticas son consecuencia de un pacto expresado mediante sufragio» (Discurso pronunciado en Callosa de Segura. 22 de julio de 1934)

José Antonio propone el retorno a la unidad religiosa de Europa y de España

“Solución religiosa: el recobro de la armonía del hombre y su contorno en vista de un fin trascendente. Este fin no es la patria ni la raza, que no pueden ser fines en sí mismos: tienen que ser un fin de unificación del mundo, a cuyo servicio puede ser la patria un instrumento; es decir, un fin religioso. — ¿Católico? Desde luego, de sentido cristiano”.

Y así acaso un día vuelva a encenderse sobre Europa unificada la alegría católica”.

“Alemania: llegará a ser un sistema profundo y estable si alcanzase sus últimas consecuencias: la vuelta a la unidad religiosa de Europa; es decir, si se aparta de la tradición nacionalista y romántica de las Alemanias y reasume el destino imperial de la casa de Austria”. (Cuaderno de notas de un estudiante europeo. Septiembre de 1936)

«Falange Española de las J.O.N.S. contempla al pueblo en su integridad y quiere vitalizarlo del todo: de una parte, implantando una justicia económica que reparta entre todos los sacrificios, que suprima intermediarios inútiles y que asegure  a millares de familias paupérrimas una vida digna y humana. Y, de otra parte, compaginando esa preocupación económica con la alegría y el orgullo de la grandeza histórica de España, de su sentido religioso, católico, universal, de  sus logros magníficos, que pertenecen por igual a los españoles de todas clases». (Discurso pronunciado en Pamplona en un Centro local de Falange. 15 de agosto de 1934)

José Antonio propone reconstruir España sobre la base de la religión católica, que el Estado debe reconocer como única verdadera, inspirándose en ella y reconociendo sus deberes para con la Iglesia

«La interpretación católica de la vida es, en primer lugar, la verdadera «. (Puntos Iniciales de Falange Española. F.E., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)

«Así, pues, toda reconstrucción de España ha de tener un sentido católico». (Puntos Iniciales de Falange Española. F.E., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)

«Nuestro Movimiento incorpora el sentido católico –de gloriosa tradición y predominante en España- a la reconstrucción nacional» (Norma Programática de Falange Española de las J.O.N.S. Noviembre de 1934)

«El Estado nuevo se inspirará en el espíritu religioso católico tradicional en España y concordará con la Iglesia las consideraciones y el amparo que le son debidos». (Puntos Iniciales de Falange Española. F.E., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)

José Antonio propone la reconstrucción de una sociedad orgánica y jerárquica respetuosa del hombre concreto y de la autoridad de los cuerpos intermedios

“La construcción de un orden nuevo la tenemos que empezar por el hombre, por el individuo, como occidentales, como españoles y como cristianos; tenemos que empezar por el hombre y pasar por sus unidades orgánicas, y así subiremos del hombre a la familia, y de la familia al Municipio y, por otra parte, al Sindicato, y culminaremos en el Estado, que será la armonía de todo” (Discurso sobre la revolución española. Madrid, 19 de mayo de 1935).

“El individuo, como portador de un alma, como titular de un patrimonio; la familia, como célula social; el Municipio, como unidad de vida, restaurado otra vez en su riqueza comunal y en su tradición; los Sindicatos, como unidad de la existencia profesional y depositarios de la autoridad económica que se necesita para cada una de las ramas de la producción. Cuando tengamos todo esto, cuando se nos integre otra vez en un Estado servidor el destino patrio, cuando nuestras familias y nuestros Municipios, y nuestros Sindicatos, y nosotros, seamos, no unidades estadísticas, sino enteras unidades humanas, entonces, aunque no formemos cola a las puertas de los colegios para echar los papelitos que acaso nos obligaron a echar nuestros usureros o nuestros amos, entonces sí podremos decir que somos hombres libres” (Discurso pronunciado en el Frontón Betis. Sevilla, 22 de diciembre de 1935).

“Así, el nuevo Estado habrá de reconocer la integridad de la familia, como unidad social; la autonomía del Municipio, como unidad territorial, y el sindicato, el gremio, la corporación, como bases auténticas de la organización total del Estado” (FE, núm.1, 7 de diciembre de 1933). “Interviene, pues, el individuo en el Estado como cumplidor de una función, y no por medio de los partidos políticos; no como representante de una falsa soberanía, sino por tener un oficio, una familia, por pertenecer a un municipio. Se es así, a la vez que laborioso operario, depositario del poder. Los sindicatos son cofradías profesionales, hermandades de trabajadores, pero a la vez órganos verticales en la integridad del Estado. Y al cumplir el humilde quehacer cotidiano y particular se tiene la seguridad de que se es órgano vivo e imprescindible en el cuerpo de la Patria. Se descarga así el Estado de mil menesteres que ahora innecesariamente desempeña. Sólo se reserva los de su misión ante el mundo, ante la Historia. Ya el Estado, síntesis de tantas actividades fecundas, cuida de su destino universal. Y como el jefe es el que tiene encomendada la tarea más alta, es él el que más sirve. Coordinador de los múltiples destinos particulares, rector del rumbo de la gran nave de la Patria, es el primer servidor; es como quien encarna la más alta magistratura de la tierra, «siervo de los siervos de Dios». (Estado, individuo y libertad. Conferencia pronunciada en el curso de formacion organizado por FE de las JONS, el dia 28 de marzo de 1935)

José Antonio propone revitalizar las instituciones, leyes, fueros y costumbres de la España prerrevolucionaria

“España, aunque no sea ni mejor ni peor que las demás naciones, desde luego es distinta. Tiene características muy acusadas, que es preciso respetar, si no se quiere ir al fracaso, porque sería necio el luchar contra la Naturaleza. Por otra parte, la tradición española es demasiado fuerte y rica, y nosotros no vamos a cometer el desatino de desaprovechar esas existencias y lecciones de la tradición. Nuestro país ha vivido anteriormente muchas experiencias sociales, políticas y económicas que hoy en el mundo empiezan a reivindicarse. Tenemos en nuestra Historia ejemplos de legislación agraria y ganadera que puede hoy mismo aplicarse con feliz eficacia; así como la organización por gremios y oficios, y los fueros municipales, y los montes y bienes comunales, y la «mesta», y tantas otras costumbres que nacieron y prosperaron a impulso de la necesidad propia y característica de la raza” (El Pueblo Vasco, de San Sebastián, 9 de enero de 1935)

“La Falange sabe muy bien que España es varia, y eso no le importa. Justamente por eso ha tenido España, desde sus orígenes, vocación de Imperio. España es varia y es plural, pero sus pueblos varios, con sus lenguas, con sus usos, con sus características, están unidos irrevocablemente en una unidad de destino en lo universal. No importa nada que se aflojen los lazos administrativos, mas con una condición: con la de que aquella tierra a la que se dé más holgura tenga tan afianzada en su alma la conciencia de la unidad de destino, que no vaya a usar jamás de esa holgura para conspirar contra ella” (Discurso sobre la revolución española. Madrid, 19 de mayo de 1935) “Entendida  España así, no puede haber roce entre el amor a la tierra nativa, con todas sus particularidades, y el amor a la Patria común, con lo que tiene de unidad de destino. Ni esta unidad habrá de descender a abolir caracteres locales, como ser, tradiciones, lenguas, derecho consuetudinario, ni para amar estas características locales habrá que volverse de espaldas –como hacen los nacionalistas- a las glorias del destino común” (Discurso pronunciado en el Centro local de Falange. Pamplona, 15 de agosto de 1934).

18-de-julioHasta aquí algunos textos del fundador de la Falange que demuestran, en definitiva, que, sea por casualidad o por causalidad, si comparamos el pensamiento de José Antonio con el pensamiento contrarrevolucionario de su época (carlismo, Acción Española…), no existen diferencias en lo esencial, sino coincidencias.

Deseo aclarar que para realizar esta comparativa he tenido en cuento los escritos de diversos pensadores tradicionalistas (carlistas y no carlistas), tales como Aparisi y Guijarro, Donoso Cortés, Jaime Balmes, los Nocedal (padre e hijo), Vázquez de Mella, Ramiro de Maeztu y Vázquez Pradera, entre otros. Pero no he tenido en cuenta los escritos de otros políticos falangistas, sino sólo los de José Antonio.

Es una aclaración importante, porque para comparar bien y llegar a una conclusión correcta es necesario conocer bien todas las partes comparadas. En este caso, el pensamiento contrarrevolucionario y el pensamiento de José Antonio.

Creo que uno de los motivos por los que muchos admiradores de José Antonio y muchos seguidores de la Tradición coinciden en considerar incompatibles ambos pensamientos es que no conocen bien el pensamiento del otro y, a veces, tampoco el propio.

Y a ello contribuye el hecho de que, tanto en torno al pensamiento joseantoniano como en torno al pensamiento tradicionalista, ha habido y hay muy diversas interpretaciones subjetivas distantes de la realidad.

Si un carlista, por ejemplo, confunde el pensamiento de José Antonio con lo que atribuyen a José Antonio “falangistas” liberales o “falangistas” socialistas (es decir, visiones sesgadas, parciales. incompletas, descontextualizadas, de José Antonio) es lógico que considere al fundador de la Falange un personaje ajeno a la Tradición.

Lo mismo ocurre cuando un falangista confunde el pensamiento tradicionalista español con el absolutismo o el conservadurismo político, o, por otro lado, con el carloshuguismo, que poco o nada tienen que ver con la Tradición española.

Otra consideración relevante es que, en algunos temas, José Antonio fue cambiando de parecer. Así, por ejemplo, su valoración del fascismo no es la misma al principio de la fundación de Falange que al final de su vida. Lo mismo se podría decir de su opinión sobre el corporativismo o el uso del término totalitario aplicado al Estado.

Obviamente, es su posicionamiento final lo que definitivamente define el pensamiento joseantoniano.

Teniendo en cuenta las anteriores puntualizaciones, si existen diferencias entre José Antonio y otros tradicionalistas, son de forma, no de fondo. Más que nada, de táctica política.

Una de esas diferencias entre el pensamiento joseantoniano y el de otros tradicionalistas y contrarrevolucionarios tiene que ver con la gente a la que va dirigido su mensaje. Los carlistas tratan de captar o conservar, sobre todo, a aquellos compatriotas preocupados por la situación religiosa de España, a los partidarios de la monarquía, a quienes desean conservar o restaurar los fueros.

José Antonio, que cree inminente la invasión de los bárbaros (el comunismo) y tarea prioritaria evitarla, intenta atraer a los españoles cuya principal preocupación no es el tema religioso sino la injusticia social y los abusos capitalistas, para sustraerlos al influjo y manipulación de los partidos y sindicatos marxistas.

Ello no implica que los carlistas no tuvieran un mensaje social y económico partidario de la justicia y contrario al capitalismo liberal, ni tampoco que José Antonio (como hemos leído en los textos reproducidos anteriormente) no tuviera como meta última la supremacía de lo espiritual.

Otras dos diferencias son la falta de concreción y desarrollo de que adolece el pensamiento joseantoniano en algunas cuestiones, si se lo compara con el tratamiento de esas cuestiones que hacen otros autores tradicionalistas, así como el distinto énfasis puesto en determinados temas.

En lo que respecta al desarrollo de los postulados políticos, si leemos, por ejemplo, el libro El Estado Nuevo, del carlista Víctor Pradera, comprobamos que el autor aborda la cuestión de la construcción de un nuevo Estado de principio a fin, entrando en todo tipo de detalles y de un modo íntegro y sistemático. Algo parecido podemos decir del Tratado de Derecho Político de Enrique Gil Robles.

Por el contrario, José Antonio no escribió un tratado o un libro exponiendo pormenorizadamente en qué consistía su idea del nuevo orden social que deseaba implantar en España.

Las obras completas de José Antonio se componen de breves artículos, transcripciones de conferencias y discursos (en muchas ocasiones resúmenes), intervenciones parlamentarias, entrevistas periodísticas…

Todo ello dicho o escrito con la precipitación a que le abocaba el ritmo trepidante de la política de su tiempo y la urgencia de tratar de detener el triunfo, que parecía inminente, del marxismo.

José Antonio no fue un filósofo dedicado exclusivamente a reflejar su pensamiento con tiempo, con calma y sin apremios; sino un hombre de acción; el jefe de un movimiento político, obligado a actuar bajo la presión de las circunstancias en las que tuvo que desenvolver su vida pública. Unas circunstancias (viajes por toda España y por el extranjero con fines electorales y propagandísticos, reuniones políticas, etc.) que le robaban, más que le brindaban, el tiempo necesario para plasmar con densidad y exactitud su pensamiento. Ni tan siquiera tuvo la oportunidad que tuvo un Vázquez de Mella de contar con una vida dilatada para ir desgranando sus ideas y desarrollándolas a lo largo de los años.

Todo ello no quiere decir que no le preocupasen el rigor doctrinal y lo que él llamaba constante vigilancia del pensamiento sobre la acción.

Pero sería injusto esperar de José Antonio un compendio de teoría política tan amplio y preciso como los que otros tradicionalistas y contrarrevolucionarios lograron redactar.

Ahora bien, tampoco es justo que quienes deseen profundizar en el pensamiento de José Antonio -que no surge de la nada, sino que es heredero y deudor del de otros anteriores, contemporáneos y posteriores a él-, no tomen en consideración las aportaciones de esos otros pensadores que forman parte de la escuela tradicionalista y contrarrevolucionaria española.

Lamentablemente, así como algunos tradicionalistas han menospreciado y malinterpretado a José Antonio por no no comprender  la diferencia entre lo esencial de su pensamiento. lo accesorio y el modo de expresarlo en la coyuntura que le tocó vivir, algunos falangistas y joseantonianos han idolatrado a José Antonio, considerándolo una especie de nuevo mesias inaugurador de una nueva era y predicador de un nuevo mensaje político absolutamente original y superior al de cualquier otro.

Nada más lejos de la realidad.

No trato aquí de juzgar si José Antonio fue mejor o peor que otros teóricos del pensamiento tradicional español, pero sí que, para entender la fundamentación teológica, filosófica y política de su pensamiento, y aun para ayudar a desarrollar y concretar muchas de sus propuestas temporales, es bueno, útil y conveniente recurrir a los escritos de otros autores tradicionalistas.

Nadie que admire a José Antonio y comulgue con su ideario puede querer a José Antonio encumbrado en el altar de la divinidad, sino a José Antonio encaramado sobre el faro de la Tradición católica y española que debe iluminar el pensamiento político y social.

Un José Antonio que despunta con estilo propio en su modo muy peculiar de comunicar las grandes verdades y los grandes principios, deducir sus últimas consecuencias y divulgarlos haciendo su comprensión asequible a personas de toda condición.

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(Para profundizar en el tema tratado en este artículo recomiendo la lectura de los siguientes textos:

  • José Antonio y la Tradición. Conferencias pronunciadas por José María Permuy Rey el 19 de abril de 2004 en Gerona, en la Sede de la Comunión Tradicionalista (invitado por la Asociación Gerona Inmortal) y el 20 de abril de 2004 en Barcelona en la Sede de la Asociación de Estudios Sociales (ADES)
  • José Antonio, la Falange y la Ciudad Católica. Artículo de José María Permuy. publicado en el número 37 de La Gaceta del Centenario, el 14 de marzo de 2002.
  • La interpretación católica de la vida en el pensamiento falangista. Conferencia pronunciada por José María Permuy Rey, Jefe Provincial de FE-La Falange de La Coruña, en el Aula de Cultura de Fuerza Nueva, en Madrid, el 21 de noviembre de 2002.
  • Las relaciones Iglesia-Estado en el pensamiento de José Antonio. Conferencia pronunciada por José María Permuy en la Sede Nacional de Falange Española Independiente. Madrid, 5 de junio de 1999.
  • José Antonio visto a derechas. Luis María Sandoval Pinillos. Actas. 1998. ISBN: 84-87863-66-3
  • La Tradición en José Antonio y el sindicalismo en Mella. José María Codón Fuerza Nueva. 1978. ISBN: 9788473780179
  • Catolicismo y política. La interpretación católica de la vida en José Antonio. Francisco Torres García.
  • El último José Antonio Francisco Torres García. Editorial Barbarroja. 2013. ISBN: 9788487446818
  • Sobre el pretendido “influjo directo de Marx en José Antonio”. Sigfredo Hillers de Luque. Artículo publicado en Historia en Libertad. 18 de julio de 2015.
  • Falange y Teología Católica. Sigfredo Hillers de Luque. Artículo publicado en Historia en Libertad. 19 de octubre de 2016
  • José Antonio y la Religión. Ángel David Martín Rubio Artículo publicado en Historia en Libertad. 20 de noviembre 2015.
  • Entre lo espontáneo y lo difícil (Apuntes para una revisión de lo ético en el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera). Miguel Argaya Roca. Oviedo, TARFE, 1996. ISBN 84-921050-6-2
  • Los fundamentos de la Falange. Miguel Argaya Roca. Falange Española de las JONS. 2000.

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Todos los artículos de la serie:

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La historia de Boota Singh

[En Esta noche, la libertad, los dos maestros del best-seller Dominique Lapierre y Larry Collins cuentan cómo la partición de la India británica en dos estados, India [hindú y sikh] y Pakistán [musulmán], hizo a masas de población desplazarse, dejar sus hogares y padecer todo tipo de desgracias.

Ellos simbolizan este desgarro en la historia real de un campesino sikh enamorado de una musulmana que huía. Una de las historias más conmovedoras que yo haya leído.]

El campesino sikh Boota Singh, antiguo soldado de [el último virrey inglés de la India] Mountbatten durante la campaña de Birmania, trabajaba su campo una tarde de setiembre cuando oyó gritos de terror. Vio a una adolescente correr desesperadamente arrancada a una columna de refugiados en marcha hacia el Pakistán. Agotada, la desventurada se echó a sus pies: «¡Sálveme, sálveme!», imploró.

Esta intrusión en su trozo de tierra ofreció a Boota Singh la providencial ocasión de resolver el problema que más le abrumaba: su soledad. A los sesenta y cinco años, este hombre tímido no se había casado nunca. Se interpuso entre la muchacha y su raptor.

—¿Cuánto quieres? —preguntó a éste.

—Mil quinientas rupias.

Boota Singh no pensó ni por un solo instante en regatear. Entró en su casa de barro y paja y regresó con la cantidad exigida. Hija de un campesino del Rajastán, la j oven musulmana tenía dieciséis años y se llamaba Zenib. Su llegada transformó la solitaria existencia de su bienhechor iluminándola con una presencia maravillosa. Boota Singh trató a su joven compañera como a una princesa, colmándola de todos los regalos que le permitía su modesta condición: un sari, agua de rosas, sandalias incrustadas con lentejuelas.

Para Zenib, que había sido arrancada de su familia, apaleada y violada, su tierna compasión y sus delicadas atenciones fueron tan reconfortantes como inesperadas. No tardó en sentir un vivo afecto hacia el viejo sikh. Éste se convirtió en el polo alrededor del cual gravitó en lo sucesivo su vida. Le acompañaba a los campos, ordeñaba sus dos búfalos a la salida y a la puesta del sol, dormía a su lado. A sólo unos kilómetros de la tormenta del éxodo, Boota Singh le ofrecía un puerto de paz y de amor.

Un día, mucho antes del amanecer, como lo exige la tradición sikh, sonó en el camino un alegre concierto. Escoltado por cantadores, flautistas y vecinos con antorchas, cabalgando una montura empenachada y engualdrapada de terciopelo, Boota Singh acudía para pedir su mano a la pequeña musulmana que había comprado. Un gurú que llevaba un ejemplar del Granth Sahib, el libro santo de los sikhs, le siguió al interior de la casa, donde, temblorosa en su sari de boda entretejido de oro, esperaba Zenib. Resplandeciente de felicidad, tocado con un nuevo turbante de intenso color roj o, Boota Singh se sentó j unto a su futura esposa en el suelo de tierra aplastada. El gurú les recordó las obligaciones de la vida conyugal y leyó los versículos sagrados que ambos repitieron después de él. Luego, Boota Singh se levantó, tomó el extremo de un pañuelo bordado y tendió a Zenib el otro extremo. Unidos así uno a otro, realizaron j untos cuatro lawan, describiendo cuatro círculos místicos en torno al libro santo. El gurú pudo entonces declararlos marido y mujer. Afuera, el sol se levantaba sobre los campos de Boota Singh.

Sinónimos de tantos sufrimientos para millones de penjabíes, los días venideros completarían la felicidad del viejo sikh. Su joven esposa esperaba un hijo. Esta bendición suprema parecía mostrar que la Providencia velaba sobre la tierra maldita del Penjab. Sin embargo, esta pareja feliz no se salvaría. Una cruel prueba habría de afligirles muy pronto. Para sus divididos correligionarios, Boota Singh y Zenib encarnarían la tragedia de la partición.

[…]

Foto: La hija de Boota Singh y Zenib, años después

 

 

Pero la restauración de la paz no podía borrar las dolorosas huellas dejadas por la pesadilla del éxodo. A ambos lados de la frontera trazada por el lápiz de Sir Cyril Radcliffe, subsistían el rencor e, incluso, el odio.

El lastimoso destino de un hombre, Boota Singh, el campesino sikh que había comprado a una joven musulmana que huía de su raptor, simbolizaría para millones de penjabíes las trágicas consecuencias de sus escisiones, pero también la esperanza en que la capacidad del amor del hombre pudiera triunfar sobre los más tenaces odios.

Once meses después de su matrimonio, nació una niña en el hogar del sikh y la musulmana. Conforme a la costumbre, Boota Singh abrió al azar el libro santo de lo sikhs, el Granth Sahib, y eligió para la niña un nombre que empezaba por la primera letra de la primera palabra de la página. Ésta era una «T». Puso a su hija el nombre de «Tanvir», que significa «Milagro del Cielo» o «Fuerza de la Gracia».

Ocho años después de este nacimiento, dos sobrinos de Boota Singh, furiosos por la merma que ello supondría en su herencia, denunciaron a Zenib y su hija a las autoridades que buscaban a las muj eres raptadas durante el éxodo para proceder a su repatriación. Zenib fue arrancada del lado de su marido y depositada en un campo de tránsito en espera de que fuesen hallados sus padres en el Pakistán.

Loco de dolor, Boota Singh corrió a Nueva Delhi a realizar el acto más difícil para un sikh. Se cortó los cabellos y se hizo musulmán en la gran mezquita. Convertido en Jamil Ahmed, se presentó entonces en el despacho del alto comisario del Pakistán para pedir que le fuera devuelta su mujer. En vano. Los dos gobernadores habían acordado aplicar una norma implacable: casadas o no, las mujeres raptadas debían ser devueltas a su comunidad de origen.

Durante seis meses, Boota Singh visitó todos los días a su esposa en el campo en que esperaba su traslado al Pakistán. Permanecía sentado a su lado durante horas, llorando en silencio el sueño perdido de su felicidad. Un día, supo que había sido localizada su familia y que iba a ser enviada con ella. En una conmovedora escena de despedida, Zenib juró no olvidarle jamás y regresar en cuanto pudiera.

Proclamando su calidad de musulmán, Boota Singh cursó una solicitud para emigrar al Pakistán. Fue denegada. Pidió un visado, pero recibió una nueva negativa. Repartió entonces todos sus bienes entre los pobres de su aldea, hizo un hatillo con un poco de ropa y varios utensilios, introdujo dos mil rupias en su cinturón y cruzó clandestinamente la frontera con su hija, rebautizada Sultana.

Dejando a la niña en Lahore, se dirigió al pueblo en que se había establecido la familia de Zenib. Al llegar, descubrió que su mujer se había vuelto a casar con un primo suyo a las pocas horas de bajar del camión que la había traído de la India. El pobre hombre gemía: «¡Devolvedme a Zenib ! ¡Devolvedme a mi mujer !» Fue salvajemente apaleado por los hermanos y los primos de Zenib y, luego, denunciado a la Policía por haber cruzado ilegalmente la frontera.

Ante el tribunal, Boota Singh alegó que era musulmán y suplicó al juez que le devolviera su esposa, por lo menos que la de ara expresar libremente su voluntad. Conmovido por la aflicción del anciano, el juez aceptó. El careo tuvo lugar una semana más tarde en una sala rebosante de una multitud advertida por los periódicos. Todo Lahore estaba ya al corriente y de parte de Boota Singh. Llegó Zenib, rodeada por todos los miembros de su familia. Parecía aterrorizada.

—¿Conoces a este hombre? —le preguntó el juez.

—Sí —respondió ella, temblorosa —, es Boota Singh, mi primer marido.

—¿Conoces a esta niña?

—Sí. Es nuestra hija.

—¿Deseas volver a la India con ellos?

Zenib volvió la cabeza hacia los miembros de su familia, que no apartaban los ojos de ella. Una insoportable tensión reinaba en la sala. Boota Singh contenía el aliento. Por fin, Zenib, bajando los ojos, murmuró solamente:

—No.

Un grito de animal herido brotó de la garganta de Boota Singh. Se tambaleó. Cuando recuperó el dominio de sí mismo, llevó su hija hacia Zenib.

—No puedo privarte de tu hija. Te la dejo.

Mientras hablaba, había sacado del bolsillo un fajo de rupias, que ofreció a su esposa.

El juez preguntó a Zenib si aceptaba la custodia de su hija. De nuevo, un angustiado silencio llenó la sala. Desde sus asientos, los hombres del clan de la joven le hicieron seña de que rehusase. No querían que su familia pudiera quedar contaminada con sangre sikh.

Zenib miró a su hija. Tomarla consigo habría sido condenarla a una vida de desdicha.

—No.

Boota Singh permaneció inmóvil largo rato, mirándola. Luego, cogió de la mano a su hija y salió del tribunal sin volver la vista atrás.

El pobre hombre pasó la noche llorando y rezando en el mausoleo del santo musulmán Data Ganj Bakhsh, mientras su hija dormía al pie de una columna. Al amanecer, llevó a la niña a un bazar próximo. Con las rupias que su esposa no había aceptado, le compró un vestido nuevo y un par de sandalias bordadas con hilo de oro.

Cogidos de la mano, el anciano y su hija caminaron hasta la cercana estación de Shahdarah. En el andén, explicó a la niña que nunca volvería a ver a su mamá.

Cuando la locomotora entró en la estación, Boota Singh levantó dulcemente a su hija en brazos, la estrechó contra sí y avanzó hasta el borde del andén. La niña tuvo la impresión de que se apretaba el abrazo de su padre. De pronto, se sintió caer hacia delante. Oyó un pitido y un grito desgarrador. Luego se encontró al otro lado de la locomotora. Boota Singh había saltado a la vía. Murió instantáneamente, pero, por un milagro, la niña estaba ilesa. Sobre el cuerpo destrozado del viejo sikh, la Policía encontró una carta de despedida manchada de sangre.

«Mi querida Zenib, has escuchado la voz de la multitud, pero esta voz nunca es sincera. No te guardo rencor. Mi último deseo es estar cerca de ti. Quisiera que me enterrases en tu pueblo y que vinieras de vez en cuando a poner flores sobre mi tumba».

El suicidio de Boota Singh conmovió al Pakistán. Sus funerales se convirtieron en una cuestión nacional. Sin embargo, aun en la muerte, continuaría siendo víctima del odio el viejo sikh que había creído escapar a la pesadilla comprando la felicidad por 1.500 rupias. La familia de Zenib y los habitantes de su pueblo le negaron el derecho a reposar en su cementerio. El 22 de febrero de 1957, una barricada defendida por todos los hombres del clan bajo el mando del segundo marido de Zenib se opuso al paso del féretro.

Temiendo que se produjeran disturbios, las autoridades ordenaron al cortejo fúnebre, seguido por millares de paquistaníes, que regresara a Lahore, donde los restos de Boota Singh fueron sepultados bajo una montaña de flores.

Furiosa por el honor que se había rendido al viejo sikh, la familia de Zenib envió un comando para profanar y arrasar su sepultura. Este gesto provocó la indignación de la población. De todas las ciudades y aldeas del Pakistán afluyeron millares de rupias ofrecidas para que se edificara un grandioso mausoleo al mártir del amor. Boota Singh fue de nuevo enterrado bajo una montaña de flores. Esta vez, centenares de musulmanes montaban guardia ante la sepultura del viejo sikh, afirmando con este gesto la esperanza de que, algún día, el tiempo acabaría quizá borrando del Penjab la cruel herencia del año 1947.

Ukraine aid is a great investment. Don’t let MAGA Republicans end it.

Opinion.  This is what the U.S. is getting by aiding Ukraine

Ukrainian soldiers in the 68th Jaeger Brigade prepare an FPV drone at dawn on Sept. 1 in the Luhansk region of Ukraine. The drone was intended to attack a nearby Russian military position. (Heidi Levine for The Washington Post)

The good news is that Congress, at the last minute, averted a government shutdown, at least for now. The bad news is that billions of dollars of funding for Ukraine were stripped from the continuing resolution as a sop to House Republicans who want to cut off the embattled democracy altogether.

Aid to Ukraine still has the support of roughly two-thirds of both houses — something you can’t say about many other issues — but a dangerous milestone was reached last week when more House Republicans voted against Ukraine aid (117) than voted for it (101). That reflects a broader turn in Republican opinion, with only 39 percent of Republicans saying in a recent CBS News-YouGov poll that the United States should send weapons to Ukraine and 61 percent saying it shouldn’t.

To do the right thing for Ukraine, House Speaker Kevin McCarthy (R-Calif.) will now have to go against a growing portion of the Republican base. It is, nevertheless, imperative that he show a modicum of backbone and bring a Ukraine funding bill to the floor immediately. It is not only the right thing to do morally — we have an obligation to support a fellow democracy fending off an unprovoked invasion — but it also is the right thing to do strategically. In fact, it is hard to think of any U.S. foreign policy initiative since the end of the Cold War that has been more successful or more important than U.S. aid to Ukraine.

Yes, in absolute terms, Washington has given a lot of money to Ukraine: $76.8 billion in total assistance, including $46.6 billion in military aid. But that’s a tiny portion — just 0.65 percent — of the total federal spending in the past two years of $11.8 trillion. With U.S. and other Western aid, Ukraine has been able to stop the Russian onslaught and begin to roll it back.

In the process, Russia has lost an estimated 120,000 soldiers and 170,000 to 180,000 have been injured. Russia has also lost an estimated 2,329 tanks, 2,817 infantry fighting vehicles, 2,868 trucks and jeeps, 354 armored personnel carriers, 538 self-propelled artillery vehicles, 310 towed artillery pieces, 92 fixed-wing aircraft and 106 helicopters.

The Russian armed forces have been devastated, thereby reducing the risk to front-line NATO states such as Poland and the Baltic republics that the United States is treaty-bound to protect. And all of that has been accomplished without having to put a single U.S. soldier at risk on the front lines.

That’s an incredible investment, especially compared with U.S. involvement in other recent wars. In Afghanistan and Iraq, both launched under a Republican administration, almost 7,000 U.S. troops were killed and more than 50,000 were wounded while Washington spent more than $8 trillion — only to see Afghanistan fall to the Taliban and Iraq come under Iranian influence.

Republicans who claim to worry so much about corruption in Ukraine, even though there is no evidence that any U.S. aid has been misused, seldom had anything to say about the truly pervasive corruption in Afghanistan and Iraq, which siphoned off billions in U.S. taxpayer dollars. A forensic accountant who audited U.S. spending in Afghanistan from 2010 to 2012 found that about 40 percent of $106 billion in Defense Department contracts “ended up in the pockets of insurgents, criminal syndicates or corrupt Afghan officials.” Yet Republicans never proposed to end funding for that war.

The war in Ukraine also stacks up impressively compared with other proxy wars that Republicans, under the Reagan administration, did so much to support — from Afghanistan to Nicaragua to Mozambique. In Ukraine, we don’t have to worry about our weapons going to anti-American religious fundamentalists such as the Haqqani network. We are funding a free people fighting to preserve a liberal democracy that will be a stalwart member of the Western community for years to come.

Republicans often complain that the United States is doing the heavy lifting and our European allies aren’t doing their fair share. That’s not true in the case of Ukraine. This summer, the Kiel Institute for the World Economy reported that “Europe has clearly overtaken the United States in promised aid to Ukraine, with total European commitments now being twice as large.” Yet, despite the growing European assistance, Ukraine still relies on U.S. support; even combined, Europe and the United States can barely keep up with Ukraine’s need for artillery ammunition and other munitions as it wages an industrialized war of attrition.

By funding Ukraine, we are strengthening transatlantic ties and keeping faith with our closest allies. If we were to cut off Ukraine, that would be an unspeakable betrayal not only of the people of Ukraine but also of all of Europe. Stopping Russian aggression is an existential issue for the entire continent. Cutting off Ukraine would mean that the United States is turning its back on its post-1945 security commitment to Europe — a commitment that has underpinned the longest period without a major-power conflict since the emergence of the modern state system in the 17th century.

Supporting Ukraine is also needed to deter Chinese aggression. Some on the right claim that the war in Ukraine is a distraction from the Pacific, but that’s not how the Taiwanese see it. Taiwan’s representative in Washington noted this year that supporting Ukraine — as Taiwan is doing with humanitarian assistance — “will help to deter any consideration or miscalculation that an invasion can be conducted unpunished.”

Many Republicans understand that. “It’s certainly not the time to go wobbly,” Senate Minority Leader Mitch McConnell (RKy.) said recently. But the MAGA wing of the party, led by former president Donald Trump, has turned against the war because of its isolationism and soft spot for Russian dictator Vladimir Putin, a war criminal whom some on the right ludicrously see as a champion of Christian values.

Ironically, many on the right claim to want a negotiated solution to the conflict while doing everything possible to ensure that Putin has no incentive to negotiate seriously. The more Republicans do to endanger aid to Ukraine, the more likely Putin is to assume he can outlast the West and keep fighting.

Once upon a time, Republicans understood the need to resist the “evil empire.” As a former Republican, it sickens me to see so many Republicans so eager to do Moscow’s bidding. But, mercifully, the vast majority of members of Congress — including many Republicans — still staunchly support Ukraine. McCarthy cannot let the MAGA caucus block the best investment the United States can make in its own security.

Max Boot is a Washington Post columnist, a senior fellow at the Council on Foreign Relations and the author of “The Road Not Taken: Edward Lansdale and the American Tragedy in Vietnam.” Twitter

No te preocupes, esto era inevitable

William Wildblood

(Original en inglés aquí)

Es difícil ver cómo la civilización a la que perteneces se destruye a sí misma. Especialmente cuando esa civilización ha creado muchas cosas grandes y nobles y ha alcanzado alturas que civilizaciones anteriores no habían alcanzado,  tanto a escala humana (en arte y ciencia) como a escala espiritual (en religión). Y es desconcertante que tanta gente no vea esto, aunque sospecho que más personas comienzan a hacerlo a medida que la naturaleza suicida de nuestra civilización se vuelve cada vez más evidente y su comportamiento cada vez más absurdo. 

También es extraño que tantos miembros de esa civilización parezcan empeñados en arrastrarla al fango. Podríamos hablar de envidia y resentimiento. Estos son obviamente los principales impulsores de esta conducta destructiva, pero ¿son realmente suficientes para explicar la completa locura de gran parte del comportamiento actual? No creo que lo sean. Un gran número de personas en la era moderna sufre de un profundo desorden espiritual y sólo se puede especular qué lo ha causado. ¿Es el odio a sí mismo de los decadentes? ¿O es la rebelión contra Dios de los soberbios?

Y, sin embargo, aunque es difícil permanecer impasible viendo cómo las cosas empeoran día a día, disfrazadas de nuestra relativa prosperidad (pues la gente puede soportar muchas cosas si tiene el estómago lleno), es importante que no sucumbamos a la desesperación,. La mejor manera de evitar esto es darse cuenta de dos cosas. Uno, nada dura en este mundo. Todo pasa por un ciclo de primavera, verano, otoño e invierno. Así son las cosas en un mundo en el que la decadencia o la entropía es el telón de fondo de todo, como debe ser en un mundo material (ya que sólo el espíritu perdura).

Ahora estamos en pleno invierno. Entonces debemos darnos cuenta de que Occidente tenía los defectos dentro de sus cualidades. Durante un tiempo estas últimas dominaron, pero ahora han surgido los primeros y están derribando todo el asunto. Nuestra civilización contenía las semillas de su propia destrucción y ahora han brotado y las malas hierbas están ahogando las flores. La principal cualidad de Occidente era el fuerte sentido de un yo individual y la idea relacionada de libertad. En esto se ha basado nuestra civilización. Pero la desventaja de esta cualidad es el egoísmo y, más especialmente, la tendencia del yo a sacar a Dios de su trono e instalarse allí. Esto es lo que hemos hecho tanto colectiva como individualmente. La idea de que podemos rehacer la creación a nuestra propia imagen es una consecuencia de ello.

Occidente también dio origen a «la máquina» gracias a su exploración de las ciencias naturales. Esto tuvo los beneficios que conocemos, pero también fue un monstruo tipo Frankenstein que ciertamente se volvió contra nosotros. Materialmente milagroso pero espiritualmente mortal. ¿Habríamos estado mejor sin ella? Ésa es la forma equivocada de plantearlo. La llegada de la máquina tuvo que ser así, ya que todas las posibilidades deben resolverse por sí solas al final de una era como la que nos encontramos actualmente. Podríamos haber reaccionado mejor ante ello, pero que la conciencia se centrara cada vez más en lo material produjo, de alguna forma, que fuera inevitable.

El segundo baluarte contra cualquier desesperación que pueda surgir a medida que nuestro mundo se desmorona es darnos cuenta de que nuestro verdadero hogar no está aquí sino en el Cielo. Esta vida es una experiencia de aprendizaje. Sólo somos visitantes y el mundo es un puente, no un hogar.

Si estamos vivos ahora es porque estamos destinados a estar vivos ahora. Hay lecciones que podemos aprender y servicios que podemos prestar y quizás la más importante sea la que acabo de mencionar. Deberíamos valorar el pasado pero no podemos preservarlo porque nada en él puede durar para siempre.

Por otra parte, nada bueno, nada verdadero, puede perderse jamás. Todo lo bueno aquí no es más que un vago reflejo de una realidad en otros lugares. La perfección existe pero no está aquí. Este mundo es sólo para hacernos dignos de él. La civilización material de Occidente está pasando, pero todo lo bueno que hay en ella será recogido y absorbido en el Cielo.

Why did the West go to Hell (IIc)? The return of the self (c)

What should be explained

Restlessness

Opposition to natural law

Script

Not talking about spiritual things

Leftism works for the powerful. In other societies, powerful were restricted because of a rigid justification.

It is sold as an expansion of rights. But it is an slavement.

The cause as a moral crusade.

Overton window

Benefits that a cause brings

Why causes go in a unique direction

The new religion is a cemetery of causes

 

 

 

 

 

Summary of previous posts

In previous posts, we have seen that the natural selfishness of humans (this roaring lion that wants to have everything and to the hell with everybody else) is contained by two kind of restrictions: practical restrictions and cultural restrictions. These are the bars of the cage that restrict the movements of the lion (that is the expression of the selfishness of every citizen), which are contained so they don’t harm other people.

In our society, practical restrictions have been drastically relaxed because of the incredible wealth that has produced the Industrial Revolution. Cultural restrictions have been drastically relaxed because of the ideology/religion of liberalism (which is a form of relativism). As we have seen in previous posts, this is the official ideology used as an ultimate justification of behavior and public policy in Western civilization and it is an ideology that can be used to justify anything. So it is as if it did not exist.

Its void is filled by another official ideology: leftism, which is the base of the law and culture in Western civilization. Leftism is an absolutist ideology with absolute goods and absolute evils. In this sense, it is not different from any other official religion. But there are two properties that make leftism an unprecedented phenomenon when it comes to official religion of a society.

1. Its restlessness. Leftism is always evolving and incorporating new absolute goods and evils in a process that has been accelerating. Its latest absolute evil (transphobia) won’t be the last. Some things that were common sense only five or ten years ago, now they are the evilest of evil things and they cannot be disputed.

2. Its opposition to obvious reality and natural law, which is constantly increasing. What is true and good for all societies is false and evil for leftism and vice versa. Leftism is a reality inversion and a moral inversion, which constantly increases. So, for example, protecting your tribe is bad (if you are a white person) while promiscuity is good.  Men and women being different is false while men and women being equal is true. A man being a man is false while a man being a woman is true. And so on and so forth.

The first property can be explained by the fact that leftism uses liberalism (a relativistic ideology) as its ultimate justification so it can justify anything, no matter what outrageous. So there is no mechanism for get leftism to be still. It is free to wander where he wants.

Fair enough. But why does leftism always evolve in the same direction: getting farther and farther away from obvious reality and the natural law? If leftism is free to wander, we should expect that it wanders in random ways. There must be some mechanism for it to always go left. Explaining this mechanism is the objetive of this post.

Spiritual reality. Satan works with secondary causes so it does not reveal its existence.

We are interested in these secondary causes.

Might makes right

Once you have removed the practical and cultural restrictions to the selfishness, it is logical and natural that everybody wants to express his own selfishness to the highest extent. Since the selfishness of one person limits the selfishness of another person, this would lead to a world when everybody is fighting with everybody to express its selfishness as much as he cans. This is the «state of nature» that Enlightenment «philosophers» claimed it was

In fact, the state of nature is not real and has never been because  power is and has always been unequally distributed. Without practical and cultural restrictions, when two selfishness conflict, the selfishness of the most powerful person wins.

So, without an official ideology that restricts the selfishness of the powerful, might makes right. Whatever the powerful want, it gets justified by liberalism and it gets incorporated to leftism. Might makes right.

We see in ancient societies that religion was a real restriction to the power of rulers. So the king had to do penance before the grave of Beckett because he had violated the sacredness of bishops, according to the official religion of Christianity. No amount of power could go against the rule that killing a priest was bad.

Those were the times. Now when the powers that be want something, they  incorporates it into the official religion (leftism), so it is indisputable. To incorporate it, it justifies based on liberalism, which can justify anything, as seen in the previous installment. As a result, might makes right.

The structure of power in our society

So the evolution of leftism is explained based on the structure of power in Western society. This structure of power is currently composed by the following groups:

  • The economic powers. These include the globalist financial powers: the Rotschild, the Rockefellers, the Wallenbergs, etc. The ones in power. They hide behind a myriad of organizations: Blackrock, the Open Society, the WEF, etc. They also include multinational corporations and national and regional banks.
  • The clergy (these are the ones that create and enforce the religion). That is, the managerial class. Including the intellectuals that create the ideas in universities. The journalists and entertainers that transmit these ideas to the people. And the politicians, civil servants and white collars employees that enforce these in ideas in the public space and private companies.
  • The true believers. The ones that belief the religion created and enforced by the clergy.

These groups of power are not exclusive. The vast majority of the clergy are true believers and many of the people belonging to the financial powers are too. However, there are true believers (progressives, LGBTI, feminists, immigrants who believe in uncontrolled immigration, etc.) that are not part of the financial powers or the clergy.

These groups of power can be conceptualized according to their  power so they can also be divided it:

The nobility. (or «the optimates» in the Roman sense) The financial powers and the upper classes of the clergy (international civil servants, well-paid civil servants, university professors, most important journalists and politicians, well-paid corporate managers).

The good serfs (or «the clients» in a Roman sense). The true believers that are not part of the clergy and the lower part of the managerial class (school teachers, your average civil servant, a white collar clerk in a private company, etc.)

The nobility gives money and psychological rewards (status, self-perceived morality and intelligence, meaning, etc.) to the good serfs while the good serfs give power (votes) and enforcement of the ideology to the nobility. This is the

What do I mean by enforcement? The good serfs ensure that the ideology is enforced in real life, even in the smallest spaces, by attacking the ones that don’t comply with a series of tools: defense of the ideology in private and public life, shaming (you’re an homophobe! in private life and social networks), withdrawing of means of life (dismissal of a job, demands of resignations, removal of customers, etc.), reporting violations of the ideology to the administration, etc.

In reality, the good serfs also give money to the nobility but this is done in a not obvious way so the good serfs don’t notice too much (taxes, debt, printing of money, prices of goods and services, etc.) and, when they notice, they blame the enemies of the ideology (foreign actors, bad serfs or some mythological entities: «the rich and capitalists that don’t belong to the nobility»).

The citizens that are not part of the groups of power are called:

The bad serfs. People who create its own wealth and don’t (totally) believe in the leftist religion.

The main characteristic of the groups of power is its parasitism. With the exception of true believers that are not part of the clergy, all other people belonging to the structure of power live out of the money not created by them. The financial powers make their money by using other people’s wealth . The clergy lives «of»** the taxes of other people.

Leftism as a power grab

What does this have to do with leftism as an official religion? Leftism is a rationalization (an ideological justification) of the increasing parasitism of the groups of power.

Power has always had a tendency to concentrate but they faced practical and cultural restrictions. Technology has decreased practical restrictions and liberalism has decreased cultural restrictions. So we are in an era of concentration of power like the world has never seen.

More specifically, the nobility rules how money, power, status and morality are to be created, used and distributed. They are judge and jury.  This is why they have an incentive to expand by taking more and more of these good things from other people.

All innovations in Western civilizations are ways to take more wealth from the serfs to give to the nobility. And Leftism is the ideological justification to do that:

More specifically, all innovations can be categorized in three classes:

  • In favor of the structure of power. Taking material wealth, power and psychological rewards (status, virtue signaling, self-perceived morality and meaning) from the bad serfs and giving them to the nobility and good serfs.
  • In favor fo the nobility. Taking material wealth and power from the serfs (good and bad) and giving them to the nobility.
  • Expanding the number of good serfs and decreasing the number of bad serfs.

(As you see, the second way implies that good serfs work for their own destruction, although they are so ideologically blinded that they don’t notice.)

The end game is the expansion of the number of good serfs until they are no bad serfs. So good serfs are parasitized by the nobility while being satisfied about the order of things. People will have the barest minimum to live but they will be happy because they think they are fighting for the common good or the planet or some other vague concept. You will own nothing and be happy.

Leftism is the rationalization of these actions. Their alibi. It has evolved to justify the transfer of wealth power and psychological rewards that has been explained. So it has a very definite direction: the impoverishment and enslavement of the population by a handful of very wealthy people.

Enslavement and the natural law are in opposite directions

However, why this direction towards impoverishment and enslavement coincides with the known direction of Leftism towards the opposite direction of obvious reality and natural law

The answer is simple: obvious reality and natural law are restrictions that don’t allow powerful people to implement their plans, to do their will. If they are removed, there is no protection for less powerful people. With no restrictions, it is a fight of everybody against everybody, where the powerful always win.

However, we are here interested how this is «sold» to the population so they accept their own impoverishment and enslavement. The short summary is impoverishment and enslavement is sold as an expansion of rights. Since each right is someone else’s obligations, new obligations are introduced into the population while claiming they are rights and concealing the obligations attached.

For example, rights of illegal immigrants to be given healthcare imply the duty of everybody else to pay for this healthcare through taxes. By claiming «rights» are introduced, the impoverishment and enslavement of the population is concealed. Only the bright side is presented in a constant propaganda campaign. It is again a fallacy of omission («stacking the deck» fallacy)

The political cause

This is the **general view but we are interested here in knowing the details.

How this introduction of «new rights» and hence «new obligations»?

How do Leftism justifies this transfer of good things and expansions of the groups of power? This justification is based on the concept of «the political cause».

A «political cause» is an initiative to change society in some aspect. This change is considered to be good and justified based on liberalism (it is said that this change will produce more freedom, more equality and more rights). The «political cause» is perceived by its supporters as a «moral crusade»: a fight of good against evil. That is, a fight of the good people to remove some aspect of society that is considered evil.

The goal is to remove this aspect of society so the society works the same way but without this evil. There is no understanding of Chesterton’s fence. There is no concept that some things perceived as evils can be preventing greater evils. Almost always, if the cause succeeds and that aspect of the society is removed, greater evils are produced, which can be addressed by new political causes in a cycle of destruction of the society.

The most important causes have been: the abolition of slavery, the social gospel, the feminine suffrage, the illegalization of alcohol, the second-wave feminism, civil rights movement, LGBTI causes, the cause for the uncontrolled immigration and its legalization and  the environmental cause. The movement to restrict movement and rights under Covid can be seen as a short-lived cause: it was expressed in moral terms and as a fight of good against evil, altruism against egoism.

Some of these causes are composed of other smallest causes. So feminism has a cause about equality in the workplace, removing of social stigma of female promiscuity, divorce, abortion, etc. And some other movements can be political cause in the future: incest, pedophilia, polyamory or reparations for black people.

How political causes work

 

Leftism evolves to justify this transfer of wealth and psychological rewards listed above.

Yes, but why does this direction coincide to getting farther and farther away from obvious reality?

 

EXPANSION OF THE GOOD SERFS.

 

 

The rest of the population

The high echelons of the managerial classe. The leaders of the international civil servants

The rest of the managerial classe

Why is this against the natural law?

 

 

El pontificado de Francisco en su hora más sombría

La crisis de la Iglesia Católica se aproxima a un clímax.

El pasado 13 de marzo se cumplieron diez años de la elección del Cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Ese aniversario fue recordado por muchos artículos elogiosos en los principales medios de la prensa mundial. Ross Douthat fue una de las pocas excepciones al coro de alabanzas, al sostener en su columna del New York Times que el Papa Francisco trajo a la Iglesia Católica una década de división. Douthat considera que las reformas de Francisco tienden hacia una autodestrucción del catolicismo.

¿Qué decir de esa crítica? Lo cierto es que Francisco ha proporcionado sobrados motivos de preocupación a los católicos que muchos llaman “conservadores”, y que en realidad son “ortodoxos”, o sea fieles a la doctrina católica bíblica y tradicional. Presentaré algunos de esos motivos sintéticamente, clasificándolos en tres áreas: la doctrina cristiana, la relación de la Iglesia con el mundo y el gobierno de la Iglesia. Cada una de estas áreas daría para escribir un libro.

En el frente doctrinal, el pontificado de Francisco presenta características que lo vuelven único en la historia de la Iglesia, dado que las declaraciones y actuaciones cuestionables o dudosas de Francisco en materia doctrinal son numerosísimas. El libro de varios autores Denzinger-Bergoglio: Los sorprendentes aportes de Francisco al bimilenario Magisterio de la Iglesia recopila y analiza en 1.769 páginas cientos de esas declaraciones, con base en los primeros tres años de su pontificado. [Nota del transcriptor: los tres primeros años son los que Francisco menos se dedicó a la herejía. Después fue mucho más audaz]

Se puede entender fácilmente que un Papa locuaz sea impreciso en un discurso improvisado; pero cuando una idea se repite con insistencia, esa explicación ya no vale. Por ejemplo, Francisco ha dicho muchas veces que Jesús no multiplicó los panes y ha llegado a hablar de “la parábola (sic) de la multiplicación de los panes”.

Otra de las ideas extrañas que Francisco repite sin cesar es su condena del proselitismo. En el lenguaje cristiano tradicional, “proselitismo” es sinónimo de “misión”; por lo tanto, es algo no sólo legítimo, sino incluso necesario y esencial. Recientemente se comenzó a distinguir entre un “proselitismo bueno”, guiado por el amor a Dios y al prójimo, y un “proselitismo malo”, impulsado por motivaciones egoístas o mundanas. Francisco ha condenado muchas veces el proselitismo sin hacer ninguna distinción. Da la impresión, a veces reforzada por el contexto, de condenar cualquier intento de convencer a no cristianos de que el cristianismo es la religión verdadera. Esta última convicción, tan central en toda la historia de la Iglesia (y tan enfatizada por Benedicto XVI), no parece jugar un rol importante en el magisterio de Francisco.

Por si acaso aclaro que, según la fe católica, el Papa es infalible sólo cuando habla ex cathedra y Francisco nunca lo ha hecho.

Pasemos a la gran cuestión de la relación de la Iglesia con el mundo. En esta área Francisco se ha caracterizado por imponer a toda la Iglesia sus opiniones personales sobre temas que parecen obsesionarlo. Indicaré dos ejemplos que son novedades absolutas:

1. Su prédica sobre la obligación incondicional de acoger a todos los inmigrantes que vengan. Es verdad que sus declaraciones sobre este tema han sido un poco oscilantes, pero en general ha transmitido esa idea. Según la doctrina moral cristiana tradicional, si bien obviamente se debe respetar los derechos de los migrantes, los gobiernos tienen derecho a regular la inmigración de una manera justa. Se trata de una cuestión compleja y prudencial que no admite recetas únicas.

2. Su apoyo entusiasta a la teoría científica del calentamiento global antropogénico catastrófico, convirtiéndola en la premisa básica de una especie de nueva moral ecológica. Dado que la cuestión de la verdad o falsedad de esa teoría es un tema estrictamente científico, en la práctica se está desconociendo la legítima autonomía de la ciencia con respecto a la Iglesia. Esto trae consigo el riesgo de causar una suerte de nuevo “caso Galileo”.

En este punto conviene mencionar un hecho sintomático. Hace pocos años, un miembro de la Curia Romana dijo, con alegría, que por primera vez la agenda del Papa y la de las Naciones Unidas están en sintonía. Opino que cualquiera que recuerde con admiración la cruzada épica de San Juan Pablo II contra el imperialismo demográfico neomalthusiano no podrá menos que estremecerse ante semejante novedad.

En cuanto al gobierno de la Iglesia, destacaré un solo aspecto del pontificado de Francisco: su toma de partido a favor del “progresismo” eclesial.   

El término “progresismo” no tiene aquí un sentido político, sino teológico. El progresismo es una desviación del cristianismo que se caracteriza por su relativismo teológico y moral: los progresistas tienden a pensar que no hay verdades objetivas en materia religiosa o moral; o que, si las hay, no podemos conocerlas. Por ende, hasta los dogmas de fe pueden cambiar según el espíritu de la época.

Francisco ha rehabilitado, premiado o apoyado a muchos progresistas. Daré sólo dos ejemplos entre muchos posibles: 1) Leonardo Boff, teólogo de la liberación condenado en 1985 por su tendencia filomarxista, dice haber sido uno de los principales asesores de Francisco para la redacción de su “encíclica ecológica” Laudato Si’; 2) James Martin SJ, principal adversario (dentro de la Iglesia) de la doctrina cristiana sobre la homosexualidad, ha recibido varias cartas de apoyo y varios nombramientos importantes de parte de Francisco. 

La citada toma de partido se profundizó después de la muerte de Benedicto XVI. Francisco está intensificando su lucha contra la Misa latina tradicional y está multiplicando sus intervenciones sobre (¿o contra?) las porciones más “conservadoras” (o sea, como ya expliqué, más ortodoxas) de la Iglesia.

[Nota del transcriptor: El autor deja de lado muchas fechorías de Francisco, como:

  • el apoyo a la China comunista que persigue a la Iglesia (sus alabanzas a China mientras se niega a reunir con el obispo Zen de la Iglesia perseguida),
  • la adoración en el Vaticano de la diosa pagana Pachamama (contradiciendo el primer mandamiento) y la emisión de una moneda glorificando a esa diosa
  • la persecución y disolución de órdenes religiosas que celebraban la misa latina,
  • la declaración de Abu Dhabi, en la que dice que las diferentes religiones son igualmente válidas, contradiciendo la doctrina católica, lo que conecta con su rechazo del proselitismo.
  • la creación de nuevos pecados, como el pecado ecológico y la pena de muerte, como si un Pontífice tuviera la autoridad para crear nuevos pecados.
  • la contradicción de la prohibición del adulterio, contradiciendo las palabras del mismo Jesús, en la encíclica Amoris Laetitia
  • su negativa a contestar las Dubia que le preguntaban por esa encíclica, mientras que, de manera extraoficial, declaraba que la interpretación correcta era la anticristiana.
  • de sus declaraciones heréticas e incluso blasfemas no hay que hablar porque son demasiadas para poderlas comentar]

El 01/07/2023 ocurrió algo insólito. Francisco nombró como nuevo Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe a Mons. Víctor Manuel Fernández, Arzobispo de La Plata (Argentina), un teólogo ultraprogresista amigo suyo. [Nota del transcriptor: Este teólogo había publicado un libro de poesía erótica homosexual. Otros nombramientos también producen escándalo, como el nombramiento del obispo que se pintó en una catedral teniendo relaciones homosexuales para la Academia Pontificia de la Vida]

Además, en el próximo “Sínodo de la Sinodalidad”, que tendrá lugar en octubre en Roma, varios Obispos alemanes procurarán que toda la Iglesia acepte las conclusiones del “Camino Sinodal” alemán, que, entre otras cosas, aprobó por amplia mayoría la bendición de las uniones homosexuales. El Papa no ha contrarrestado enérgicamente esta grave deriva progresista.

Oremos por la Iglesia, para que supere lo más pronto posible su crisis actual, y por el Papa, para que cumpla fielmente su misión de confirmar a sus hermanos en la fe cristiana y católica.

Daniel Iglesias Grèzes

No te tomes nada personalmente

EL SEGUNDO ACUERDO

No te tomes nada personalmente

Los tres acuerdos siguientes nacen, en realidad, del primero. El Segundo Acuerdo consiste en no tomarte nada personalmente.

Suceda lo que suceda a tu alrededor, no te lo tomes personalmente. Utilizando un ejemplo anterior, si te encuentro en la calle y te digo: «¡Eh, eres un estúpido!», sin conocerte, no me refiero a ti, sino a mí.

Si te lo tomas personalmente, tal vez te creas que eres un estúpido. Quizá te digas a ti mismo: «¿Cómo lo sabe? ¿Acaso es clarividente o es que todos pueden ver lo estúpido que soy?».

Te lo tomas personalmente porque estás de acuerdo con cualquier cosa que se diga. Y tan pronto como estás de acuerdo, el veneno te recorre y te encuentras atrapado en el sueño  del infierno. El motivo de que estés atrapado es lo que llamamos «la importancia personal». La importancia personal, o el tomarse las cosas personalmente, es la expresión máxima del egoísmo, porque consideramos que todo gira a nuestro alrededor.  Durante  el período de nuestra educación (o de nuestra domesticación), aprendimos a tomarnos todas las cosas  de  forma  personal. Creemos que somos responsables de todo. ¡Yo, yo, yo y siempre yo!

Nada de lo que los demás hacen es por ti. Lo hacen por ellos mismos. Todos vivimos en nuestro propio sueño, en nuestra propia mente; los demás están en un mundo completamente distinto de aquel en que vive cada uno de nosotros. Cuando nos tomamos personalmente lo que alguien nos dice, suponemos que sabe lo que hay en nuestro mundo e intentamos imponérselo por encima del suyo.

Incluso cuando una situación parece muy personal, por ejemplo cuando alguien te insulta directamente, eso no tiene nada que ver contigo. Lo que esa persona dice, lo que hace y las opiniones que expresa responden a los acuerdos que ha establecido en su propia mente. Su punto de vista surge de toda la programación que recibió durante su domesticación.

Si alguien te da su opinión y te dice: «¡Oye, estás muy gordo!», no te lo tomes personalmente, porque la verdad es que se refiere a sus propios sentimientos, creencias y opiniones. Esa persona intentó enviarte su veneno, y si te lo tomas personalmente, lo recoges y se convierte en tuyo. Tomarse las cosas personalmente te convierte en una presa fácil para esos depredadores, los magos negros. Les resulta fácil atraparte con una simple opinión, después te alimentan con el veneno que quieren, y como te lo tomas personalmente, te lo tragas sin rechistar.

Te comes toda su basura emocional y la conviertes en tu propia basura. Pero si no te lo tomas personalmente, serás inmune a todo veneno aunque te encuentres en medio  del  infierno.  Esa inmunidad es un don de este acuerdo.

Cuando te tomas las cosas personalmente, te sientes ofendido y reaccionas defendiendo tus creencias y creando conflictos. Haces una montaña de un grano de arena porque sientes la necesidad de tener razón y de que los demás estén equivocados. También te esfuerzas en demostrarles que tienes razón dando tus propias opiniones. Del mismo modo, cualquier cosa que sientas o hagas no es más que una proyección de tu propio sueño personal, un reflejo de tus propios acuerdos. Lo que dices, lo que haces y las opiniones que tienes se basan en los acuerdos que tú has establecido, y no tienen nada que ver conmigo.

Lo que pienses de mí no es importante para mí y no me lo tomo personalmente. Cuando la gente me dice: «Miguel, eres el mejor», no me lo tomo personalmente, y tampoco lo hago cuando me dice:

«Miguel, eres el peor». Sé que cuando estés contento, me dirás: «¡Miguel, eres un ángel!». Pero cuando estés enfadado conmigo, me dirás: «¡Oh, Miguel, eres un demonio! Eres repugnante. ¿Cómo puedes decir esas cosas?». Ninguno de los dos comentarios me afecta porque yo sé lo que soy. No necesito que me acepten. No necesito que nadie me diga: «¡Miguel, qué bien lo haces!», o: «¿Cómo eres capaz de hacer eso?».

No, no me lo tomo personalmente. Pienses lo que pienses, sientas lo que sientas, sé que se trata de tu problema y no del mío. Es tu manera de ver el mundo. No me lo tomo de un modo personal porque te refieres a ti mismo y no a mí. Los demás tienen sus propias opiniones según su sistema de creencias, de modo que nada de lo que piensen de mí estará realmente relacionado conmigo, sino con ellos.

Es posible que incluso me digas: «Miguel, lo que dices me duele». Pero lo que te duele no es lo que yo digo, sino las heridas que tienes y que yo he rozado con lo que he dicho. Eres tú mismo quien se hace daño. No me lo puedo tomar personalmente en modo alguno, y no porque no crea ni confíe en ti, sino porque sé que ves el mundo con distintos ojos, con los tuyos. Creas una película entera en tu mente, y en ella tú eres el director, el productor y el protagonista. Todos los demás tenemos papeles secundarios. Es tu película.

La manera en que ves esa película se basa en los acuerdos que has establecido con la vida. Tu punto de vista es algo personal tuyo. No es la verdad de nadie más que de ti. Por consiguiente, si te enfadas conmigo, sé que eso está relacionado contigo. Yo soy la excusa para que tú te enfades. Y te enfadas porque tienes miedo, porque te enfrentas a tu miedo. Si no tuvieras miedo, no te enfadarías conmigo en modo alguno. Si no tuvieras miedo, no me odiarías en modo alguno. Si no tuvieras miedo, no estarías triste ni celoso en modo alguno.

Si vives sin miedo, si amas, no hay lugar para ninguna de esas emociones. Si no tienes ninguna de esas emociones, lógicamente te sientes bien. Cuando te sientes bien, todo lo que te rodea está bien. Cuando todo lo que te rodea es magnífico, todo te hace feliz. Amas todo lo que te rodea porque te amas a ti mismo, porque te gusta como eres, porque estás contento contigo mismo, porque te sientes feliz con tu vida. Estás satisfecho con la película que tú mismo produces y con los acuerdos que has establecido con la vida. Estás en paz y eres feliz. Vives en ese estado de dicha en el que todo es verdaderamente maravilloso y bello. En ese estado de dicha, estableces una relación de amor con todo lo que percibes en todo momento.

Sea lo que sea lo que la gente haga, piense o diga, no te lo tomes personalmente. Si te dice que eres maravilloso, no lo dice por ti. Tú sabes que eres maravilloso. No es necesario que otras personas te lo digan para creerlo. No te tomes nada personalmente. Aun cuando alguien agarrase una pistola y te disparase en la cabeza, no sería nada personal. Incluso hasta ese extremo.

Ni siquiera las opiniones que tienes sobre ti mismo son necesariamente verdad; por consiguiente, no tienes la menor necesidad de tomarte cualquier cosa que oigas en tu propia mente personalmente. La mente tiene la capacidad de hablarse a sí misma, pero también tiene la capacidad de escuchar la información que está disponible de otras esferas. Quizás a veces, cuando oyes una voz en tu mente, te preguntes de dónde proviene. Es posible que esta voz provenga de otra realidad en la que existan seres vivos con una mente muy similar a la humana. Los toltecas denominaron a estos seres «aliados». En Europa, África y la India los llamaron «dioses».

Nuestra mente también existe en el nivel  de  los  dioses, también vive en esa realidad y es capaz de percibirla. La mente ve con los ojos y percibe la realidad de cuando estamos despiertos. Pero también ve y percibe sin los ojos, aunque la razón apenas es consciente de esta percepción. La mente vive en más de una dimensión. Es posible que en ocasiones tengas ideas que no se originan en tu mente, pero las percibes con ella. Tienes derecho a creer o no lo que esas voces te dicen y a no tomártelo personalmente. Tenemos la opción de creer o no las voces que oímos en nuestra propia mente, del mismo modo en que decidimos qué creer y qué acuerdos tomar en  el  sueño  del planeta.

La mente también es capaz de hablarse y escucharse a sí misma. Tu mente está dividida, igual que lo está tu cuerpo. Del mismo modo en que puedes estrechar con una mano tu otra mano y sentirla, la mente puede hablar consigo misma. Una parte de tu mente habla y otra escucha. Cuando muchas partes de tu mente hablan todas al mismo tiempo, se origina un gran problema. A esto lo llamamos mitote, ¿recuerdas?

Podemos comparar el mitote con un enorme mercado en el que miles de personas hablan y hacen trueques a la vez. Cada una tiene pensamientos y sentimientos diferentes; cada una tiene un punto de vista distinto. Todos los acuerdos que hemos establecido – la programación de la mente – no son necesariamente compatibles entre sí. Cada acuerdo es como un ser vivo independiente; tiene su propia personalidad y su propia voz. Hay acuerdos incompatibles, que se contradicen los unos a los otros, y el conflicto se va extendiendo hasta que estalla una gran guerra en la mente.

El mitote es la razón por la que los seres humanos apenas saben lo que quieren, cómo lo quieren o cuándo lo quieren. No están de acuerdo con ellos mismos porque unas partes de la mente quieren una cosa y otras quieren exactamente lo contrario.

Una parte de la mente pone objeciones a determinados pensamientos y actos y otra los apoya. Todos estos pequeños seres vivientes crean conflictos internos porque están vivos y cada uno tiene su propia voz. Únicamente si hacemos un inventario de nuestros acuerdos destaparemos todos los conflictos de la mente, y con el tiempo llegaremos a extraer orden del caos del mitote.

No te tomes nada personalmente porque, si lo haces, te expones a sufrir por nada. Los seres humanos somos adictos al sufrimiento en diferentes niveles y distintos grados; nos apoyamos los unos a los otros para mantener esta adicción. Hemos acordado ayudarnos mutuamente a sufrir. Si tienes la necesidad de que te maltraten, será fácil que los demás lo hagan. Del mismo modo, si estás con personas que necesitan Sufrir, algo en ti hará que las maltrates. Es como si llevasen un cartel en la espalda que dijera: «Patéame, por favor». Piden una justificación para su sufrimiento. Su adicción al sufrimiento no es más que un acuerdo que refuerzan a diario.

Vayas donde vayas, encontrarás a gente que te mentirá, pero a medida que tu conciencia se expanda, descubrirás que tú también te mientes a ti mismo. No esperes que los demás te digan la verdad, porque ellos también se mienten a sí mismos. Tienes que confiar en ti y decidir si crees o no lo que alguien te dice.

Cuando realmente vemos a los demás tal como son sin tomárnoslo personalmente, lo que hagan o digan no nos dañará. Aunque los demás te mientan, no importa. Te mienten porque tienen miedo. Tienen miedo de que descubras que no  son perfectos. Quitarse la máscara social resulta  doloroso.  Si  los demás dicen una cosa, pero hacen otra y tú no prestas atención a sus actos, te mientes a ti mismo. Pero si eres veraz contigo mismo, te ahorrarás mucho dolor emocional. Decirte la verdad  quizá resulte doloroso, pero no necesitas aferrarte al dolor. La curación está en camino; que las cosas te vayan mejor es sólo cuestión de tiempo.

Si alguien no te trata con amor ni respeto, que se aleje de ti es un regalo. Si esa persona no se va, lo más  probable  es  que soportes muchos años de sufrimiento con ella. Que  se  marche quizá resulte doloroso durante un tiempo, pero finalmente tu corazón sanará. Entonces, elegirás lo que de verdad quieres. Descubrirás que, para elegir correctamente, más que confiar en los demás, es necesario que confíes en ti mismo.

Cuando no tomarte nada personalmente se convierta en un hábito firme y sólido, te evitarás muchos disgustos en la vida. Tu rabia, tus celos y tu envidia desaparecerán, y si no te tomas nada personalmente, incluso tu tristeza desaparecerá.

Si conviertes el Segundo Acuerdo en un hábito, descubrirás que nada podrá devolverte al infierno. Una gran cantidad de libertad surge cuando no nos  tomamos  nada personalmente.  Serás inmune a los magos  negros y ningún hechizo te afectará, por muy fuerte que sea. El mundo entero puede contar chismes sobre ti, pero si no te los tomas personalmente, serás inmune a  ellos.  Alguien puede enviarte veneno emocional de forma intencionada, pero si no te lo tomas personalmente, no te lo tragarás. Cuando no tomas el veneno emocional, se vuelve más nocivo para el que lo envía, pero no para ti.

Ya puedes ver cuán importante es este acuerdo. No tomar nada personalmente te ayuda a romper muchos hábitos y costumbres que te mantienen atrapado en el sueño del infierno y te causan un sufrimiento innecesario. Bastará con practicar el Segundo Acuerdo para que empieces a romper docenas de pequeños acuerdos que te hacen sufrir. Y si practicas además el Primer Acuerdo, romperás el 75 por ciento de estos pequeños acuerdos que te mantienen atrapado en el infierno.

Escribe este acuerdo en un papel y engánchalo en  la  nevera para recordarlo en todo momento: No te tomes nada personalmente.

Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan los demás. Bastará con que confíes en ti mismo para elegir con responsabilidad. Nunca eres responsable de los  actos  de  los demás; sólo eres responsable de ti mismo. Cuando comprendas esto, de verdad, y te niegues a tomarte las cosas personalmente, será muy difícil que los comentarios insensibles o los actos negligentes de los demás te hieran.

Si mantienes este acuerdo, viajarás por todo el mundo con el corazón abierto por completo y nadie te herirá. Dirás: «Te amo», sin miedo a que te rechacen o te ridiculicen. Pedirás lo que necesites. Dirás sí o dirás no – lo que tú decidas – sin culparte ni juzgarte. Siempre puedes seguir a tu corazón. Si lo haces, aunque estés en medio del infierno, experimentarás felicidad y paz interior. Permanecerás en tu estado de dicha y el infierno no te afectará en absoluto.

Why did the West go to Hell? (Ia): A general overview (a)

Why did the West go to Hell (Ia): A general overview (a)

by Virapala

[Why did the West go to Hell attempts to be a logical and historical explanation of the genesis of today’s Absurdistan: a world where you are evil if you say that pigs cannot fly. You can contact the author on virapala.merdeta.com]

Introduction

After some decades of thinking, reading and observing about the decadence of the Western civilization, I have decided to write my ideas about this topic. I started writing about the concept of rights, which went completely out of control producing four different long posts. I quickly realized that the topic of Western decline is so complex that there is the danger of the forest not being able to be seen for the trees.

So I have decided to write a general overview of the causes of decadence in Western civilization, trying to hide or summarize as many details as possible. The outcome has been this text, which is divided into two different posts. The text is  a bit long, a bit heavy in information and includes some claims that are not justified. My idea is to start from this general overview and write other texts to tie the loose ends and explain better the ideas presented here.

Why civilizations decline and fall

As another text will explain, all civilizations decline and fall because of the same reasons. These reasons are caused by a basic human contradiction: humans evolve individually but they live in society.  As a result, natural selection has shaped human nature to maximize individual fitness (defined as the ability to have as most descendants as possible) and this goes against a harmonious society because of the tragedy of the commons.

For example, males have evolved to maximize their individual reproduction. This means that their biological instincts make them to desire to have sex with every attractive woman they find. But this does not produce a good society because, if all men are competing for sex, they cooperate less, they focus less on work, and all series of conflicts are produced when men want to accumulate women or have sex with other men’s wives.

In short, the set of biological instincts wired in us by evolution is an insatiable beast. I imagine it as a roaring lion that wants to have all the resources (sex, money, status)  he can and to the hell with everybody else. I will call it «selfishness» or «selfish human instincts». In Christianity, it is called «original sin»: the innate tendency to engage in sin (in antisocial behavior). This will be explained more accurately in another text.

Of course, the complete actualization of these selfish human instincts is not possible because  everybody has these instincts inside him but not everybody can have all the resources in the world. So the complete actualization of the instincts of a person conflicts with the complete actualization of the instincts of another person, because they want the same resources.

As a result, the selfish instincts of people must be repressed to make living in society possible. They are repressed through two kinds of restrictions:

  • Practical restrictions. Selfish instincts are restricted because of practical aspects that make them impossible to completely actualize. For example, I can’t have sex with all women in the world because I don’t have the energy,  the money, the access to all women («that girl living on the mountains of Kazakhstan seems pretty cute!»), not all  women want to have sex with me and other practical aspects.
  • Cultural restrictions. Human culture has three mechanisms to restrict selfish  human instincts and encourage pro-social behaviors. These mechanisms are called «guilt», «shame» and «fear» in anthropology and will be analyzed in other texts. Even if I could, I wouldn’t have sex with my neighbor’s wife  because a) I would feel guilty of being such a scoundrel b) I would not want other people in the community to ostracize me and/or c) I would not want to be beaten by my neighbor or to be punished by the State.

So the lion (the set of selfish human instincts) is inside a cage with two kinds of bars that restrict his movements: practical restrictions and cultural restrictions, so he cannot harm others. Every person and every society lives in a continuous conflict between his selfish instincts and the restrictions to these instincts (called «repression» in psychology). This repression is necessary for a society to exist. As Sigmund Freud said: «The history of civilization is the history of the renunciation of instinct.»

However, the lion is always trying to escape his cage in all the manners possible and, to do so, he invents all kinds of strategies to take advantage of some defect in the bars of the cage. If some bars are weakened or removed, the lion takes advantage of this fact immediately.

Decadence starts when society reaches a high level of success and practical restrictions decrease (due to a  bigger power, prosperity or technology) so selfish human instincts can have a better actualization. For example, maybe I can now have sex with more women because better contraceptives and cheaper travel give me better access to women with less hassle («Yes, this is my first visit to Kazakhstan, mister officer. The travel is affordable now.»).

In this situation, the culture of a society changes so cultural restrictions are also relaxed (for example, adultery is decriminalized, divorce and free sex are encouraged, etc.) in order to allow this better actualization of human instincts. The cage has fewer practical and cultural bars so the lion (the set of selfish instincts) is allowed more freedom .

This creates a higher level of conflict and societal dysfunction because everybody is trying to actualize his selfish instincts more than before and this enters into conflict with the instincts of everybody else. As a result, the society ends up being conquered by other societies that repress better the individual instincts of their citizens so they function better as a society.

The success of these other societies will lead them to eventually removing some restrictions to the selfish instincts of their citizens so they start the cycle again. This is a cycle that repeats once and again in history. You see it in the Late Bronze Age collapse (it is obvious in the ancient conquest of Canaan by the Israelites, as narrated in the Bible), ancient Greece, ancient Rome, the Abbasid Empire and our modern Western civilization.

The insanity of the modern West

However, when we compare the decadence of the Western civilization to the decadence of other civilizations (say, the Roman Empire), we cannot help marveling about the insanity of our own decadence. For example, in a period of some few years,  Western civilization has «discovered» that some men are women in reality. This has been elevated as a self-evident truth and the ones who deny such an absurd proposition are labelled as immoral, fired or persecuted with the force of the law.  The late Romans, the late Greeks or the late Abbasids  had their dose of degeneracy, thank you very much, but they never reached such levels of insanity.

There are two reasons why the decadence of the Western civilization is much bigger and weirder than other decadences. In the modern West, the two bars that repress selfish human instincts (practical and cultural restrictions to selfishness) have been removed in a specially drastic way.

Starting with the practical restrictions,  the wealthier and more technologically advanced a civilization is, the more pronounced its decadence is, because it can remove practical restrictions to selfish human instincts better (this will be better explained in other texts). The West is incredibly wealthy and technologically advanced, due to the successive waves of the Industrial Revolution (whose last wave is the digital revolution). This removes many practical restrictions and allows the selfishness to express in unprecedented ways, not seen before in human history.

A relativistic civilization

However, in this series of texts, I want to focus on the second cause of the magnitude of the decadence of the Western civilization. This second cause is that the cultural restrictions of the modern West have also been relaxed in an unprecedented way to allow the expression of  selfishness in ways unseen in human history.

More specifically, in 5000 years of history, the Western civilization is the only one that has a relativistic ideology  as its official ideology (as its official religion, because we will see that ideology and religion are synonyms). This allows the biological selfishness to express in unprecedented ways.

This is a new event in the history of mankind, because something so absurd has never occurred to any other civilization before. How we ended up in such a dead end is only explained because of a strange chain of historical events, which will be explained along the line. For Christians like me, it is difficult to avoid the feeling that demonic forces were behind this chain of events, but this is going to be a historical and logical analysis, not a spiritual one.

We say that a concept is absolute if it is the same for everybody. A concept is relative if it is different for different people. A society or culture is absolutist if it is founded on absolute concepts. This is the only sane way to found a society and all enduring societies have been absolutist, with exception of the modern West and the societies that the modern West has managed to infect and pervert.

A culture is relativistic in theory if it claims to be founded on relative concepts. A culture is relativistic in practice if if claims to be founded on absolute concepts but these concepts are, in reality, relative. The modern West is a mixture of these two kinds of relativism.

The modern Western civilization is relativistic in theory with respect to the truth and morality. It is founded on the idea that different people have different opinions on truth and morality and these opinions are equally valid (we will see that this foundation is not true in reality, but this is the official argument). So there is no absolute truth or morality (which are independent from each person, and true for all people) or,  even if it existed, it would be impossible to discover. So the only way to take collective decisions is to count the different opinions and see which opinion is majority. As Argentinian writer Jorge Luis Borges said: «Democracy is an abuse of statistics». This, in reality, is not true (the important collective decisions are taken outside the democratic game, as we will see), but it is the official argument.

Western civilization is also relativistic in practice because it is founded on concepts like freedom, equality and rights, which are presented as absolute. But these concepts are relative, because the freedom/equality/right of a person is, in reality, the lack of freedom/equality/right of another person, as we will see. So these concepts are relative to the person being considered.

Three problems of relativism

The problems of relativism are well known. First, relativism in truth is self-refuting. The statement «Each truth is relative (different for each person)» claims to be a universal truth that applies to all people, that is, it is  an absolute statement that contradicts the very idea it is claiming.

In reality, this is the lesser of problems of relativism in Western civilization, because most people have lost the ability of thinking logically and they only emote and react to conditioning like Pavlov’s dogs. They don’t have any problem in having a contradictory worldview and, even if they could understand the contradiction, they would not give a dam.

The second problem of relativism is that it encourages selfishness and antisocial behavior, producing anarchotyranny. If freedom/equality/rights are paramount (which is always interpreted as «my freedom/equality/rights are paramount» because of the innate selfish bias of humans), I don’t have to think so much about other people. In addition, if I define my own truth and morality, I can define my morality to fit my selfishness. I am judge and jury.

«Yes, I abandoned my husband because the new man was more exciting, but I define my morality and I decide that I have the right to be happy. My kids? They are happy if I am happy. So this action was perfectly moral and, in fact, morally obligatory. About not committing adultery? These are tales of old church ladies. I don’t believe in any external moral authority: I believe in myself and being true to myself. Staying in an unhappy marriage would have meant not being true to myself. And my husband is sad now but it will be better for him to be with a woman who loves him. In fact, I am making him a favor.»

Men is not a rational animal: it is a rationalizing animal. He does what he wants and then finds reasons to justify his actions. With no external rule of conduct, he is judge and jury so he always finds a way to justify himself, to absolve his own selfish actions, whether by redefining morality or by using freedom/equality/rights as an alibi.

So the relativistic society gets more and more immoral and chaotic, with more conflict, a fight of everybody against everybody to express his selfish human instincts as much as he can. For example, England and Wales had 66% more population in 2001 than in 1898. But they had 4024% more rapes and 2630% more indecent assaults on women than in 1898.

In short, the relativism of Western civilization relaxes the cultural restrictions to selfish human instincts seen above. I can say to myself that I am not behaving badly because I define my truth and my morality and I define them in a way that they justify my behavior. I also define my bad behavior as a part of my freedom/equality/rights. So «guilt» and «shame» are removed, creating anarchy. Only «fear» (the fear of the State punishing me for my bad behavior) is left producing totalitarianism. As we will see, this is one of the roots of Western anarchotyranny.

The third problem of relativism is that it produces atomized societies. If different people have different concepts of the truth, they have three options: they enter into conflict with each other (anarchy, as we have just seen), they leave the State to solve the conflicts by force (tyranny, as we have just seen) or they separate from each other to decrease the level of conflict.  This separation can be physical or psychological (for example, lack of meaningful relationships). So, under the banner of the relativistic concept of freedom, the Western societies unravel. First, the societies turn into a set of communities  (see ethnic neighborhoods, posh woke real state) and then the communities unravel themselves. Families are more and more broken. People are more and more lonely.  Western societies resemble more and more a formless groups of atomized individuals with are safe and lonely in their relativistic existence and are only bound through transactional relationships or through the State. This was Rousseau’s dream and it is illustrated in the Youtube documentary «The Swedish theory of love», which I highly recommend.

There is a fourth problem of relativism and it is the most important to understand the evolution of Western society but this post is long enough, so it will be explained in the next post.


We saw in the previous post that the modern Western civilization is

  • relativistic in theory with respect to the truth and morality, which are claimed to be relative (different for each person).
  • relativistic in practice because it uses concepts like freedom, equality and rights. These concepts are relative, because the freedom/equality/right of a person is, in reality, the lack of freedom/equality/right of another person.

We have seen that the relativism of Western civilization causes societal problems like anarchy, tyranny and atomized societies.  But the main problem of the relativism in Western civilization is the one will be explained in next.

Political systems cannot be based on relativism

The main problem of relativism is that it is impossible to scale. Every man can adopt relativism in an individual manner (and, as we saw, this produces conflict, which causes anarchy, tyranny and atomized societies). But it is impossible to apply relativism in a collective manner.

To be more specific, it is impossible for a political system  to be based on relativism, as we are going to see.

This is because each political system is based on laws. The law should allow some things and forbid other things. Which things should the law allow or forbid? It should allow good things and forbid evil things so it needs a concept of good and evil that is publicly shared by the elite and authorities and, even better, by the entire population (even if they don’t feel this way in private, see Timur Kuran’s Private Truths, Public Lies).

This concept of the good and the evil upon which the law is based is the official ideology of the society, that is, its official religion, because a religion is a moral system that distinguishes good from evil (some of you will object to my use of the R word but, please, bear with me, this will be explained in another text and let’s not quarrel about names). In this sense, every country is a theocracy.

This official religion cannot be relativistic in theory (if there is no absolute truth and no absolute good, there is no reason to have laws that allow and forbid behaviors).

This official religion cannot be relativistic in practice either. For example the law cannot be founded on «freedom». It is common for politicians to say: «Our political system is founded on freedom», as if the relative concept of freedom was an absolute concept (the same for everybody). But there is no such thing as a political system founded on freedom because the freedom of somebody is the lack of freedom of somebody else.

My freedom to have private property is the lack of freedom of everybody else to use my property without my consent. Capitalist countries will allow the first freedom and will forbid the second one. Communist countries will do the opposite (in theory). But you cannot allow both freedoms at once. So there is not a political system based on freedom, the same way you cannot have a coin with one side.

In short, a political system  cannot be founded on relativist concepts, because the law is absolutist and not relativistic.

But we have said that the Western civilization is based on a relativistic ideology. So how is this possible? Are we contradicting ourselves?

The paradox of Western civilization

It is possible because relativism is the theoretical official religion of the Western civilization  but it is never put into practice in the political systems of this civilization. It is only used by the powers that be in a rhetorical, official and theoretical way  (in speeches, official documents  and,  more importantly, as a way of justifying policies and laws). But, as explained above, it cannot be applied in practice so it is not applied.

For example, in theory, all people in Western countries are free, equal and have the same rights. This statement is completely relativistic and completely theoretical.

But, in practice, some people are freer than others, some people are more equal than others and some people have more rights than others. So, for example, in a divorce, the person who wants out of the marriage has freedom and rights to divorce, but, the person who wants to remain in the marriage and his kids have no freedom or rights at all.  In an abortion, the woman is free to kill her child (it is her right) while the man and the fetus have no freedom or rights and nothing to say. And so on and so forth.

As we have seen, it would be impossible for a society to be based on freedom, because the freedom of a person is the lack of freedom of another person (the freedom to divorce of a woman is the lack of freedom of a man to see how their kids grow). So in the Western civilization, like in any other countries, some freedoms are guaranteed while other freedoms are restricted.  In a Muslim country, the woman has no freedom to divorce but the man has the freedom to see his kids grow. The late blogger Zippy Catholic used to hammer this point home once and again (we miss you, Mark).

Muslim countries don’t have less freedoms than Western countries. They have different freedoms. However, Muslim countries are coherent because they don’t claim to be based on freedom while Western countries do.

Therefore, in fact, Western civilization has two official religions:

1. A relativistic religion in theory, for rhetorical uses. I will call this «liberalism». Its concepts (liberty, equality and rights) are presented as if they were absolute concepts and they are claimed to be the foundation of the society. Of course, this is only a rhetorical ploy (for speeches and, more importantly, to justify policies and laws). Relativism cannot be put into practice so liberalism is only a rhetorical ploy. Liberalism is a very simple ideology (it only consists of some few words: liberty, equality, progress, rights, etc.) and has not substantially changed for the last 200 years.

2. There is a real official religion, which is codified in the laws and it is the base of public discourse and policies. I will call it «leftism». This is an absolute religion with absolute goods and evils. For example, absolute evils are racism, sexism, homophobia, white nationalism. Absolute goods are the legalization of divorce and abortion, secularization, uncontrolled immigration, etc. These are absolute concepts and must be enforced as absolute by the law, the government and society in general. Leftism is constantly changing and incorporating new absolute goods and evils (transphobia is the latest evil so far, but it won’t be the last).

Go to a workplace and say that you don’t think the new LGBTI program is a good idea, because everybody should have their opinion and freedom of thought, and you will see how long liberalism (relativism) goes (I did this and I was fired). You will see what the ideology being enforced in society is leftism, not liberalism.

Liberalism is only a rhetorical ploy to justify leftism.  It took me a lot to see this distinction and this article by Bonald was useful so I decided to use his terminology.

That article explains how both religions are used to justify leftism, for example, in a debate of  gay marriage. You attack the ideas of ideologies other than leftism by using liberalism («Christian marriage is a cultural construct that does not allow freedom and equality to gay couples. Live and let live») and you defend your own ideas by using leftism («You should bake the cake for a gay wedding, you bigot, you homophobe»). There is no freedom or live and let live for this last case.

In short, your ideas are relative (liberalism), my ideas are absolute (leftism). It is «relativism for thee but not for me». This phenomenon of «relativism for thee but not for me» will be constantly seen in the history of relativism in Western civilization.

In short, Western civilization is based on what I call «a fake relativism». Relativism (liberalism) is used in a rhetorical way as if it was the foundation of the society but the society is based on leftism, on an absolutist religion (like any other society is because it is impossible to do it another way).

How other societies work with ultimate justification

If Western society is really based on an absolutist ideology like other societies, why is so harmful that it uses relativism in a rhetorical function?

The problem is that relativism is used as an ultimate justification of changes in the culture and in the law. And relativism can justify anything, no matter how insane it is.

If we start asking: «Why is A true/false?», this will have an answer along the lines of «A is true/false because it is derived from B, which is true/false». Then we can repeat the question with B: «Why is B true/false». This will produce a C being true/false. We cannot go on infinitely with this chain of justification. This chain stops with Z being true/false, full stop. Z is an ultimate justification and we can call it «a reality dogma».

Morality works the same way. If we start asking: «Why is A good/evil?», this will have an answer along the lines of «A is good/evil because it produces B, which is good/evil». Then we can repeat the question with B: «Why is B good/evil». This will produce a C being good/evil. We cannot go on infinitely with this chain of justification. This chain stops with Z being good/evil, full stop. Z is an ultimate justification and we can call it «a morality dogma».

All civilizations have dogmas, which are the foundation of the civilization. In ancient societies, dogmas were collected in holy traditions or holy texts such as the Bible, the Qur’an or the Talmud, which were used as the ultimate justification in these other societies. Each chain of justification ended with «the Bible/Qur’an/Talmud says it so».

However, these holy texts are extensions of obvious reality («men are women are different») and of the natural law («don’t steal»), that is, the universal moral law that all sane societies follow, because it is biologically wired in humans and it is the only way to organize a society.  The natural law has dogmas like «don’t lie, don’t steal, don’t murder, respect your neighbor’s wife, etc.».

All traditional holy texts include the dogmas of obvious reality («men are women are different») and the natural law («don’t steal») with some exceptions). They also include some other dogmas in addition («the Trinity», «the obligation to pray»). So the traditional holy texts can be seen as extensions of obvious reality and the natural law. See the appendix of The Abolition of Men by C.S.Lewis to see how all civilizations agree on the dogmas of the natural law (called «the Tao» by C.S.Lewis).

(The mechanism that makes all the holy texts to agree on obvious reality and the natural law is that societies that are not based on the natural law don’t survive long term , because the natural law is the minimum set of rules needed for a society to function, so the holy traditions of these societies die with them. This will be explored in another text)

Having the dogmas of a society derived from holy texts has as a benefit that its culture is not completely free. The culture is constantly changing but it does not get very far away from the dogmas of the holy texts, so it does not get very far away from the dogmas of the natural law. I imagine these cultures as a dog tied to a stick with a chain. The stick is the natural law. The dog (the culture) can move somewhat but he is not completely free, he must be somewhat close to the stick, even if the chain is long.

This seems outrageous to modern Western people, raised in a diet of fake rationalism. How can you limit your freedom of thought? You should be able to question anything! Follow your reason when it leads you!.

In fact, human reason (aided by convincing fallacies and social pressure) can justify absolutely anything, The modern West is a society that prides itself in its rationalism and it has rationally justified that a man is a woman (see «the social construction of gender» and other sophistries).

The dogmas of the holy texts mean that ancient cultures are protected from insanity. They cannot say that there are 26 genders because «God created man in his own image, in the image of God created he him; male and female created he them. (Genesis 1:27). Or, if you are a Muslim, «O mankind, fear your Lord, who created you from one soul and created from it its mate and dispersed from both of them many men and women.» (Qur’an 4:1)

How the modern West works with ultimate justification

As we have said, the modern West has leftism as his real religion, but liberalism is his ultimate justification. Unlike ancient societies, whose dogmas were written in long texts, the dogmas of the modern West are surprisingly short: they are limited to a series of relativistic liberal concepts: freedom, equality, rights, and progress (with an additional implicit concept: tabula rasa).  In the modern West, these concepts of liberalism play the same role than the Bible, the Qur’an or the Talmud in other societies, which are used as the ultimate justification in these societies.

Every ultimate justification of the leftist religion in Western society is done starting from liberalism (which is the rhetorical religion) and not from leftism (which is the real religion). So why is homophobia evil? Because it goes against the freedom, equality and rights of homosexual people. Why is secularization good? Because it goes in favor of the freedom and equality of people of non-Christian religions, and so on and so forth.

So why is having liberalism as justification so bad? And how it is possible than an absolutist ideology (leftism) is justified starting from a relativistic ideology (liberalism), when this is logically impossible?

It is bad because the dogmas of Western civilization (freedom, equality, rights) are completely relativistic. When applied to the collective, they are fake dogmas that don’t mean anything. They are words to conceal the fact that the Western civilization has no dogmas at all. This means that this civilization is a free dog, with no chain. The civilization can move in any direction and there is no limit to the insanity it can accept.

Any direction the Western civilization moves can be justified as a new right, freedom or equality. Do we want to legalize divorce? We can say we are protecting the rights and freedoms of people unhappy in their marriage. Do we want to forbid divorce? We can say we are protecting the rights and freedoms of kids to have a stable family.

Do we want to enforce the identification of trannies as women? We can say we are protecting the rights of people trapped in the wrong body or are wanting the equality of these «women» with other women. Do we want to forbid identification of trannies as a women? We want to protect the rights of women to have private spaces (like restrooms) or the equality of women to have the same reward as men with the same effort in sports.

The sacred relativistic concepts (freedom, equality, rights) of our civilization are able to justify ANYTHING, no matter what. They are no concepts when applied to collective but a series of empty words than don’t mean anything. They can justify anything and its opposite.

More specifically, there is no insanity big enough that cannot be justified by using relativistic concepts. And this is why our society has reached these levels of insanity: liberalism (relativism) as an ultimate justification allows it, while other societies are restricted by their holy texts, their absolute religions based on the natural law.

Liberalism for me but not for thee

But this produces another question. If liberalism can justify anything, why is it only used to justify leftism? Why isn’t liberalism used to justify the freedom of everybody to use the pronouns he wants to interact to other people? Or the rights of kids to have a stable family?

That is to say, the fact that the relativistic liberalism allows insanity does not mean that it forces insanity. If liberalism concepts mean nothing, if liberal concepts give freedom to the society (to the dog) to go in any direction (because they are relativistic), we would expect for the Western society to go in random directions, but the direction is always the same: towards insanity and towards the opposite direction of obvious reality and the natural law.

In fact, if we speak accurately, liberalism is not properly an ultimate justification of leftism. It is an ultimate rationalization.

Leftism has its own dynamics and evolves in an completely independent way from liberalism. It has mechanisms in place that make leftism evolve in one direction. As Mencius Moldbug said “Cthulhu may swim slowly. But he only swims left. Isn’t that interesting?”

Once leftism has produced a cultural change because its own internal dynamics, liberalism is called to justify it, to rationalize it. A liberal justification is created which justifies the novelty as derived from the freedom/equality/right of someone (let’s say the freedom and right to be called by your favorite pronouns). The fact that the freedom/equality/rights of other people is restricted is completely omitted (the freedom/right of everybody to free expression). So leftism is rationalized starting from liberalism using a fallacy of omission («stack the deck» fallacy). This is the only way to derive an absolute ideology (leftism) from a relativistic ideology (liberalism).

So, in other words, it is liberalism for me but not for thee. Relativism is never applied in a complete manner. It is applied in a partial way that justifies leftism and, when it contradicts leftism, it is not applied. Liberalism justifies leftist rights but other rights are never discussed. We will constantly see this in the history of the modern West.

But, what are the mechanisms that make leftism always evolve in the same direction? This will be seen in the last post of this text.

This is the end of this text. But it is only a summary. There is a lot more to explain such as the historical birth of relativism, the factors than increase its influence and lots of loose ends included in this text.