El lenguaje de derechos y el lenguaje de deberes

Cuando se trata de describir la moral (es decir, cómo deberían comportarse las personas), hay dos tipos de lenguajes disponibles: el lenguaje de derechos y el lenguaje de deberes (o  obligaciones).

El lenguaje de deberes es aquel que se ha usado en todas las culturas de la historia de la humanidad con la excepción de la cultura occidental moderna. Un ejemplo conocido lo dan los Diez Mandamientos. Por ejemplo, tenemos en el quinto mandamiento:

No matarás

Esto explica una obligación que tiene la persona que acepta la Biblia. Él no debe matar a nadie. Es un deber de la persona y podría haberse escrito como «Debes no matar» o «No matar es uno de tus deberes (u obligaciones)» . En general, para expresar gramaticalmente este lenguaje de deberes, normalmente se usa el imperativo, el verbo deber o los sustantivos «deber», «obligación», «responsabilidad» o similares.

Algunos otros ejemplos de lenguajes de deberes, tomados de otras culturas (sacadas del apéndice de «La abolición del hombre», de C.S.Lewis):

  • «No difames» (Antigua Babilonia, Himno a Samas)
  • «No pronuncies ninguna palabra que pueda herir a alguien» (Antigua India).
  • «No hagas a los otros lo que no quieres que te hagan a ti» (Antigua China. Analectos de Confucio)
  • «No te vengues aunque se porten mal contigo» (Sigdrifumál, Edda poética, antiguos vikingos)
  • «Prefiere las pérdidas a las ganancias deshonestas» (Quilón de Esparta, siglo VI a.C, Antigua Grecia)

En la cultura occidental de los últimos siglos (y todas aquellas culturas influenciadas por la cultura occidental moderna), este lenguaje ha caído en desuso en el discurso moral (aunque se conserva en el lenguaje de la legislación) y, por el contrario, tenemos un lenguaje moral basado en derechos. Veamos, por ejemplo, parte del tercer artículo de la declaración de derechos humanos de la ONU.

Todo individuo tiene derecho a la vida

Lo primero que hay que tomar en cuenta es que los lenguajes de derechos y de deberes son lógicamente equivalentes. En realidad, la cultura occidental ha olvidado que, por cada derecho, hay un deber relacionado y viceversa. Si todo individuo tiene derecho a la vida, quiere decir que todos tienen el deber de no matarlo. Si todos tienen derecho a la propiedad privada, todos tienen el deber de no robar.

Lo contrario es también cierto. Todo deber implica un derecho. Si nadie puede matar, todo el mundo tiene derecho a la vida. Si nadie puede robar, todo el mundo tiene derecho a la propiedad privada. Se trata de lo mismo, pero expresado de dos formas diferentes.

No hay derechos sin obligaciones, de la misma forma que hay una parte izquierda sin parte derecha o no hay «antes» sin «después» o, como descubrió Newton, no hay acción sin reacción. Quizás en vez de hablar de derechos y obligaciones, deberíamos hablar de derechos-obligaciones como una sola unidad.

Es increíble que la cultura occidental haya olvidado una verdad tan básica y hable de derechos aisladamente sin ni siquiera pensar en los deberes relacionados. Es parte de la fantasía en la que ha entrado la cultura occidental.

Es importante remarcar que los derechos y las obligaciones relacionados pueden caer en un único individuo, pero normalmente caen en individuos diferentes. Así, mi derecho a mi propiedad es una obligación a todos los otros de no robarme.

Sin embargo, aunque los lenguajes de derechos y deberes son lógicamente equivalentes, sus efectos no son los mismos. Esto es porque el ser humano no es un ser perfectamente lógico. En sus mejores momentos, el ser humano es lógico y algo más (emocional, instintivo). En sus peores momentos, el ser humano va contra la lógica. Para el ser humano no sólo importa el contenido que quiere transmitir el lenguaje, sino la forma en que este contenido se expresa (un ejemplo de esto es la poesía).

El cambio del lenguaje de derechos a lenguaje de deberes es causa y efecto a la vez de un cambio en la cultura occidental, que podemos observar si analizar los efectos de pasar de un lenguaje de deberes a un lenguaje de derechos.

El lenguaje de derechos tiende a la inflación.

El lenguaje de derechos tiende a la disgregación de la sociedad.

El lenguaje de derechos es una lucha de poder.

El lenguaje de derechos difumina la responsabilidad

El lenguaje de derechos es estatista.

El lenguaje de derechos esconde las obligaciones y costos.

Así, cada vez que se inventa nuevo «derecho» en nuestra sociedad donde los «derechos» se multiplican como conejos, lo que se está implicando es que se crean nuevos deberes también, normalmente para las personas . Por ejemplo, si alguien dice «toda persona tiene derecho a ir a la Universidad», esto se traduce a que alguien (normalmente todos los que pagan impuestos) tiene la obligación de pagarle la Universidad, aunque él no estudie y se pase en fiestas continuas.

En este sentido, cada vez que alguien inventa un nuevo derecho, esta invención es una herramienta de poder. La persona que reclama el nuevo derecho lo hace como si el derecho existiera de forma independiente del deber. Esto permite vender el nuevo derecho de forma positiva, indicando sólo las ventajas que se obtienen. Pero, por debajo de mano, esta persona está poniendo deberes a toda la sociedad, por lo que, al final, inventar un derecho es tomar poder para uno mismo, quitándolo a otras personas (normalmente, toda la sociedad).

Así, cuando se hizo propaganda del derecho al divorcio, sólo se concentró en los beneficios para la persona que quiere divorciarse. Nadie dijo nada de que este derecho llevaba con él obligaciones. El derecho de una persona a divorciarse es la obligación de los niños de crecer en un hogar roto, con poco acceso a uno de los padres. O es la obligación de un cónyuge de alejarse del cónyuge. El lenguaje de derechos oculta los aspectos desagradables de la maniobra de poder, pudiendo ocultar el trasvaso de poder de unas personas a otras, presentándolo como algo de que todos se benefician.

El derecho de un hombre transexual a ser llamado con un pronombre femenino es la obligación de todo el mundo de mentir. Es pues una herramienta de poder que el transexual usa con el resto de la sociedad.

 

 

Sobre la dificultat de mesclar dos pobles

Tu et queixaves que els xiquets musulmans anaven agafant tots els caramels en la cavalcada de Reis. Això demostra la diferència entre els dos pobles

Nosaltres som un poble auto-domesticat. Som pacífics i esperem que resolguen els problemes per nosaltres. També tenim consideració per als altres. Això és conseqüència de la nostra història i ens ha fet molt exitosos…MENTRE EREM NOMÉS NOSALTRES perquè no ens hem desgastat en lluites internes.

Els musulmans han tingut una altra evolució històrica. A ells els dona igual tindre consideració per als altres. Només intenten aconseguir el millor per a ells i abstraccions com la justícia i l’altruisme els importen tres pitos.

Tampoc tenen cap problema en lluitar personalment pel que volen. No esperen que un altre els respecte, perquè ells tampoc respecten a ningú. És una lluita de tots contra tots.

En el seu país és un desastre, perquè ningú confia en ningú, més enllà de la família o la tribu. Però ací els va molt bé. Perquè ells aprofiten tot el que poden i els altres tenen consideració.

Es per això perquè no es poden mesclar dos pobles, perquè tenen valors diferents.  Cada poble ha de tindre una llei que reflectisca els valors. La millor forma de fer-ho és que visquen cadascú en la seua nació. Si no, els antics, tenien gent diferent en una mateixa nació però segregats i sotmesos a lleis diferents (els jueus i moriscos a Espanya, els cristians i jueus en països musulmans).  Era l’única forma de minimitzar els conflictes.

Joseph de Maistre, un dels reaccionaris que va patir la Revolució francesa, va escriure, arran de la Constitució Francesa de 1795: “La Constitución de 1795, como las precedentes, está hecha para el hombre. Ahora bien, el hombre no existe en el mundo. Yo he visto, durante mi vida, franceses, italianos, rusos…, y hasta sé, gracias a Montesquieu, que se puede ser persa: en cuanto al hombre, declaro que no me lo he encontrado en mi vida; si existe, lo desconozco”.

La Ilustració crea una abstracció: l’home, que no existeix. Sempre l’home ve amb una cultura incorporada.

De Maistre només contava la meitat de la història. La Constitució Francesa deia que estava feta per a l’home, però en realitat, quan els que la redactaven pensaven en l’home, pensaven en un home francés, que era el que coneixien. La Constitució reflectia els valors de l’home francés mentre deia que eren valors universals.

Quan van vindre els musulmans, la gent va dir: «Per què no? La nostra Constitució està feta per a l’home i els musulmans són homes»

Gran cagada. No se n’adonaven que els valors que recull la Constitució francesa no eren universals, sinó valors francesos. I els musulmans tenien una altra opinió.

Sobre l’abandonament cristià (abandono cristiano)

«Estad siempre alegres, orad sin cesar, dad gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para vosotros en Cristo Jesús.» (1 Tesalonicenses 5:16-18)

«Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman» (Romanos 8:28)

«No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.»

(Millor llegir el passatge complet https://www.biblegateway.com/passage/?search=Mateo+6%3A25-38&version=RVR1960)

«No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.» (Filipenses 4:6)

Jesús es va aparéixer a la monja polaca Faustina Kowalska i, entre altres coses, li va dir

També es va aparéixer al pare Dolindo Ruotolo i li va dir que per a cada problema, ho entreguem a Déu, “Oh Jesús, me abandono a ti. Jesús, asume el control.”

Esta oració del pare Dolindo que em va donar una amiga ha sigut de gran consol en moments de gran dificultat. Ojalà us siga tan útil com ho ha sigut per a mi. Us la pose avall.

https://www.aciprensa.com/historias/mensaje-de-jesus-60

Una breve explicación del lío en que estamos metidos

1. La locura del mundo actual

Si uno observa la sociedad moderna, uno podría pensar que alguien ha puesto un químico en el suministro de agua que ha hecho que la población se vuelva loca, como en el célebre cuento de Jalil Gibrán.

La lista de locuras no tiene fin, se renueva diariamente y llenaría varios libros. Hombres con pene que se creen mujeres, feministas que predican la igualdad al mismo tiempo que piden que las leyes las trate con privilegios, 21 orientaciones sexuales diferentes en el censo oficial de Escocia, 71 sexos diferentes en Facebook, gente que entra en psicosis porque gana el otro partido en las elecciones, prohibición de los castigos en escuela a los alumnos rebeldes porque se consideran discriminatorios y racistas, bellos jóvenes que deforman sus cuerpos y los llenan de feos tatuajes y piercings, estudiantes que demandan agresivamente que nadie les lleve la contraria lo más mínimo porque se sienten amenazados por cualquier opinión diferente, iglesias con pinturas de adanes homosexuales, gente a quien se le despide de sus trabajos o de sus estudios por haber publicado una frase en Twitter, papas que dicen lo contrario de la Biblia, premios Nobel que se convierten en parias por decir lo que piensan, personas que creen que son animales… la lista no tiene final.

2. Una lucha de poder hace dos siglos

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Mario Vargas Llosa preguntó una vez: «¿Cuándo se jodió el Perú?». Podemos preguntar: «¿Cuándo se jodió la civilización occidental?».

Para saberlo, hemos de retroceder doscientos años en el tiempo. En aquel momento, quien dominaba el poder político eran los reyes y los aristócratas, que se diferenciaban por su sangre noble. Alguien era un rey o aristócrata porque sus padres también lo habían sido.

Quien dominaba el poder económico eran los llamados «burgueses», es decir, los ricos. Alguien era burgués si había conseguido mucho dinero con sus negocios o bien si heredaba la riqueza de sus padres.

Llegó un momento que los burgueses quisieron dominar el poder político además del económico, desplazando a los reyes y aristócratas. Lo consiguieron a través de las revoluciones burguesas, como la independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa, las independencias latinoamericanas, etc. Como resultado de estas revoluciones, se crea el mundo que conocemos hoy, dominado económicamente y políticamente por los ricos.

3. La ideología de los reyes y aristócratas

Para realizar estas revoluciones, los burgueses necesitaban propaganda, una ideología que justificara que ellos deberían mandar y no los reyes y aristócratas. Obviamente, los reyes y aristócratas ya tenían una ideología que legitimaba su poder, la cual no explicaremos aquí con detalle por falta de espacio. Pero dos elementos clave de esta ideología eran los siguientes:

  • Elemento A: Autoridad. Los reyes y aristócratas gobernaban porque todo grupo humano necesita una autoridad que diga qué es lo que hay que hacer. De esta manera, los hijos deben obedecer al padre, el creyente a Dios, el empleado al jefe, el vasallo al noble, los alumnos al profesor, los ayudantes al doctor, el súbdito al rey, etc. Si hablamos de una nación, esta autoridad deben ser los reyes y aristócratas, como indicaban las leyes, costumbres y tradiciones desde tiempos inmemoriales. No puede haber una revolución contra ellos porque es obligación de toda persona someterse a la autoridad humana y a la autoridad de las leyes y costumbres.
  • Elemento B: Nobleza obliga. Los reyes y aristócratas gobernaban porque eran mejores que la gente común. Así, que ellos gobernaran producía un mejor gobierno, lo que redundaba en el beneficio de todos. De esta manera, los reyes y aristócratas tenían el derecho de mandar y la responsabilidad de cuidar por aquellos que gobernaban (nobleza obliga), pues *** a quien mucho se le ha dado mucho se le exige.

4. La ideología de los burgueses

En su búsqueda de una ideología que legitimara las revoluciones burguesas, los burgueses echaron mano de unas ideas que habían desarrollado algunos intelectuales poco brillantes en el siglo anterior. Estas ideas se conocen con el nombre propagandístico de «la Ilustración».

Tampoco hay espacio para explicar con detenimiento la ideología de la Ilustración. Pero lo que les interesaba a los burgueses de esta ideología es que contenía los elementos para combatir el dominio de los reyes y aristócratas. Estos elementos eran básicamente dos.

Elemento A: Libertad. Según la Ilustración, el hombre debía ser libre y no someterse a ninguna autoridad humana, ley o costumbre que no hubiera libremente aceptado. Como se ve, la libertad era el arma perfecta para eliminar el principio de autoridad, sobre el que se basaba el gobierno de los reyes y aristócratas.

Elemento B: Igualdad. Según la Ilustración, todos los hombres son iguales, por lo que los reyes y aristócratas no eran superiores a nadie y no tenían derecho privilegiado para gobernar. Obviamente, la igualdad era el arma perfecta para atacar el principio de nobleza obliga, que era la base del gobierno de los reyes y aristócratas.

Estas ideas se hicieron también populares entre el pueblo llano, la gente que no era ni aristócrata ni burguesa. ¿Quién no quiere hacer lo que le dé la gana sin limitaciones? ¿Quién no quiere ser igual a los que tienen una posición social mayor que él? (Cuando se habla de igualdad, nadie mira a los que están por debajo de él).

Ayudados con el pueblo llano y las ideas propagandísticas de libertad e igualdad, los burgueses consiguieron tener éxito en sus revoluciones, quitar a los aristócratas del poder político y ponerse ellos como los gobernantes políticos.

(Lo siguen siendo hasta el momento de hoy. El hecho de que estas palabras de libertad e igualdad sean tan importantes en nuestra sociedad, mientras que nadie ha oído del principio de autoridad o de nobleza obliga, nos indican que vivimos en una sociedad dominada por los burgueses, por los ricos)

5. La ideología de los burgueses era pura propaganda

Antes de seguir, y en forma de paréntesis, hay que remarcar que estas ideas eran propaganda para los burgueses. Ni las practicaban, ni las creían, sino que eran un arma que usaron para derrotar a los reyes y aristócratas. Como ejemplo, se pueden poner los burgueses que redactaron la Declaración de Independencia y la Constitución americana. ¿Cómo olvidar el preámbulo de la Declaración?

Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

No hablaremos aquí de lo absurdo de estas líneas, que contienen un montón de falsedades enunciadas de forma descarada. Por ejemplo, no es evidente de que los hombres son creados iguales. Al contrario, lo evidente es que no hay dos hombres iguales. El párrafo intenta disimular su falsedad usando retórica que produce emociones positivas con palabras agradables (libertad o felicidad). Así, consigue que la gente está de acuerdo con este párrafo porque le da buen yuyu. Produce una agradable reacción emocional, aunque para ello se deba desconectar la mente racional. Pero esto no es lo que nos ocupa aquí.

Lo que queremos destacar aquí es la gran hipocresía de los que redactaron estas líneas. Mientras las redactaban, estas personas (como Jefferson) tenían esclavos y  estas mismas personas  crearon un sistema político donde sólo podían votar los ricos (los burgueses): el llamado «sufragio censitario». Todo esto mientras hablaban de la libertad y de que todos los hombres eran creados iguales.

Es decir, para los burgueses, las ideas de la libertad e igualdad eran solamente pura propaganda para acabar con el dominio de los aristócratas. Más concretamente, para los burgueses:

  • «Libertad» quería decir «nosotros los burgueses no nos tenemos que someter a los aristócratas o a las leyes o costumbres tradicionales que dan el gobierno a los aristócratas»
  • «Igualdad» quería decir «nosotros los burgueses no somos inferiores a los aristócratas para gobernar».

Nunca pensaron en aplicar estas ideas al pueblo llano. Por supuesto que ellos debían gobernar sobre el pueblo llano: por eso tenían esclavos o creaban sistemas donde sólo los ricos podían votar.

El origen del lío en que estamos metido radica en que, como los burgueses habían ganado las revoluciones y tenían  el poder político, esta ideología de la Ilustración, esta ideología de la igualdad y la libertad, que era pura propaganda, se convirtió en la ideología oficial del Estado y la ideología dominante en la cultura (y lo sigue siendo hasta hoy). Las escuelas enseñaron esta ideología a los niños. Las leyes se basaron en esta ideología. Los medios de comunicación hicieron propaganda de esta ideología. Los conflictos sociales se plantearon y resolvieron apelando a esta ideología.

Poco a poco esta ideología de la libertad y la igualdad fue penetrando toda la sociedad hasta actuar como una religión oficial (esto se consiguió en Europa en los años 60 y en España en los años 80). La libertad e igualdad se convirtieron en dogmas indiscutibles, imponerlos era una obligación ética y rechazarlos te convertía en un hombre malvado. Así, a los que rechazan la libertad se les llama «opresores». A los que rechazan la igualdad se les llama «discriminadores», «sexistas», «machistas», «racistas», «homófobos», «islamófobos», «transfobos», «xenófobos», etc.

En otra parte, he explicado que toda sociedad necesita una religión oficial en la que se basen las leyes y la vida social. También he explicado que toda ideología necesita unos dogmas indiscutibles. Este no es el problema de la religión de la Ilustración.

Es decir, el problema no es que la Ilustración sea una religión, ni que sea una religión oficial sino que es una una religión absurda y antisocial y, por ello, los males de nuestra sociedad se reducen a la implantación de esta religión.

6. ¿Por qué la libertad es un concepto incoherente?

Hemos dicho que la religión de la Ilustración es absurda y antisocial. Comenzaremos demostrando que es absurda y después demostraremos que es antisocial.

La religión de la Ilustración es absurda, porque el concepto de la libertad no es coherente y el concepto de la igualdad es falso. Comencemos con el concepto de la libertad.

En la discusión que sigue es importante tener en cuenta que «derecho» es una clase de «libertad». Si tengo derecho a la propiedad privada, quiero decir que tengo la libertad de tener propiedad privada. Aunque esto necesitaría una explicación más larga y con más detalles, no la haremos aquí y trataremos «derecho» y «libertad» como sinónimos.

El mundo occidental se justifica como «nuestro sistema político está basado en la libertad». En realidad, ningún sistema político puede basarse en la libertad, porque la libertad o derecho de uno es la obligación de otro. Así, mi derecho a mi propiedad privada es la obligación de todo el mundo de no robarme esta propiedad. El derecho a la vida significa la obligación de no matar.

Un ejemplo reciente se dio cuando una pareja gay le pidió a una pastelería cristiana hornear un pastel para su «boda gay». El pastelero se negó debido a sus creencias cristianas y el caso acabó en los tribunales.

Aquí vemos que la libertad (o derecho) de la pareja gay de elegir pastelería choca con la libertad (o derecho) del pastelero cristiano de no ir en contra de sus creencias. Si la pareja gay tiene libertad de elegir pastelería para el pastel, el pastelero tiene la obligación de cocinar el pastel. Si el pastelero tiene derecho a no ir en contra de sus creencias, la pareja gay tiene la obligación de buscar otra pastelería.

Por ello, ningún sistema politico puede basarse en la libertad (así en abstracto), sino que tiene que privilegiar unas libertades sobre otras, lo que significa imponer unas obligaciones sobre otras. Para ello, el sistema político debe basarse en una concepción de la moral, del bien y del mal (es decir, una religión oficial, que en nuestros tiempos es la religión de la Ilustración en su versión políticamente correcta). La ley dará libertad al tipo de acciones que considera buenas (e impondrá obligaciones para posibilitar estas libertades).

Un sistema político moderno se basa en considerar la no discriminación como bien supremo. Por ello, privilegiará la libertad de la pareja gay de elegir pastelería, por lo que impondrá la obligación al pastelero cristiano de cocinar el pastel. Un sistema político tradicional considerará la libertad de creencia como bien supremo. Por ello, privilegiará la libertad del pastelero de no ir en contra de sus creeencias y obligará a la pareja gay a buscar otra pastelería.

Así, por ejemplo, los países occidentales modernos privilegian la libertad de divorciarse (pues la satisfacción sexual es un bien supremo para ellos), por lo que imponen la obligación de aceptar una famila rota a los hijos y al cónyuge que no lo desea.

Por el contrario, los países occidentales tradicionales privilegiaban la libertad de tener una familia unida (pues la familia era bien supremo para ellos), por lo que imponían la obligación de no divorciarse al cónyuge que así lo quería.

Al final, no hay ningún sistema político basado en la libertad, sino que siempre se tienen que priorizar unas libertades sobre otras y, por lo tanto, tiene que imponer obligaciones para garantizar las libertades prioritarias.

Cuando decimos que nuestro sistema político está basado en la libertad, se miente. Es por eso que nuestra cultura política está basada en la mentira.

Se sostiene «nuestro sistema político está basado en la libertad» pero esto es imposible y no se puede llevar a la práctica. Entonces se lleva a la práctica un sistema lleno de obligaciones mientras se proclama «nuestro sistema político está basado en la libertad».

El sistema político se mantiene engañando a los ciudadanos sobre su naturaleza. Sólo es estable mientras los ciudadanos no se den cuenta de la mentira obvia. Afortunadamente para el sistema, son pocos los ciudadanos que piensan estas cosa más de 30 segundos y, los que lo hacen, pueden ser descalificados o marginados por la masa que no piensa.

 

 

7. ¿Por qué la religión de la Ilustración es antisocial?

8. Breve descripción de cómo los problemas actuales se deben a la religión de la Ilustración.

Describir cómo la religión de la libertad e igualdad produce los problemas sociales modernos ocuparía todo un libro, pero aquí se puede dar unos apuntes para los problemas más importantes.

La libertad y la igualdad son un disolvente, pero lo son de maneras diferentes.

Bajada de niveles educativos. En nombre de la igualdad entre los alumnos, que se igualan por lo bajo (igualarlos por lo alto es imposible).

Falta de disciplina en las aulas. En nombre de la libertad de los alumnos.

Inmigración descontrolada. En nombre de la libertad de movimiento de los inmigrantes y también de la igualdad entre nacionales e inmigrantes.

Expansión del Islam. En nombre de la igualdad entre las religiones.

Tolerancia del velo islámico y de las prácticas islámicas ajenas a la tradición occidental. En nombre de la libertad de las personas.

Separatismo. En nombre de la libertad de los ciudadanos para separarse de la nación.

Destrucción de la familia. En nombre de la libertad de cada miembro de la familia para destruir la familia y de la igualdad entre las diferentes opciones de vida.

Destrucción de las roles de género que son la base de la sociedad. En nombre de la igualdad entre hombres y mujeres.

Promoción de estilos de vida poco recomendables para la persona y que disuelven la sociedad (feminismo, promiscuidad, homosexuales y transexuales). En nombre de la igualdad de opciones de vida.

Hombres que creen que son mujeres o animales. En nombre de la libertad para construir la propia identidad y la igualdad entre aquellos que creen ser mujeres y las que son mujeres.

Decaimiento de la religión y de la moral tradicional. En nombre de la libertad de cada uno de hacer lo que le dé la gana.

Triunfo de la fealdad (tatuajes, piercings, edificios horribles). En nombre de la libertad de cada uno de hacer lo que quiera y de la igualdad entre lo bello y lo feo.

Guirigay entre opiniones diferentes y triunfo de movimientos absurdos (como el rechazo de vacunas) y de la mentira vocinglera contra la verdad experta. En nombre de la libertad de opinar y la igualdad entre opiniones. «Todo es igual, nada es mejor : lo mismo un burro que un gran profesor», como dice el tango Cambalache.

Como se ve, todos estos son disolventes de la sociedad. No puede ser de otra manera, porque la libertad y la igualdad son un ácido disolvente de la sociedad, como se vio en el punto ***.

Conforme luchamos por aplicar la libertad y la igualdad, nuestra sociedad se hace más caótica. Las estructuras que forman la sociedad (como la familia) se disuelven, creando una sociedad atomizada de individuos solos, en lucha todos contra todos. En esta lucha ganan los poderosos y aquellos a quien los poderosos quieran favorecer.

Llegará un momento en que la sociedad se hará tan caótica que será conquistada por otras sociedades (seguramente el Islam). En este punto, la sociedad será tan lamentable que, incluso los cristianos, nos arrodillaremos y daremos gracias a Dios de que los musulmanes nos conquisten y pongan un poco de cordura en una sociedad completamente esquizofrénica.

Mientras tanto, nos esforzaremos por solucionar los problemas producidos por la libertad e igualdad con más libertad e igualdad. Bebemos el veneno que nos destruye como si fuera ambrosía. Como sociedad, somos dogradictos que buscan con ansiedad las drogas (libertad e igualdad) que les hacen sentir bien mientras le destruyen lentamente.

 

Sobre el Papa Francisco dient que els comunistes pensen com els cristians

Esta se m’havia escapat, però hui ha aparegut en el meu Facebook

https://www.publico.es/politica/papa-francisco-comunistas-piensan-cristianos.html

«Son los comunistas los que piensan como los cristianos. Cristo ha hablado de una sociedad donde los pobres, los débiles y los excluidos sean quienes decidan. No los demagogos, los barrabás, sino el pueblo, los pobres, que tengan fe en dios o no, pero son ellos a quienes tenemos que ayudar a obtener la igualdad y la libertad»,

Mentida rere mentida.

Jesús no va voler mai construir un règim polític. «Mi reino no es de este mundo», «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

Contrastar «los pobres, que tengan fe en dios o no» (Bergoglio) amb «Si no os arrepentís, vosotros también pereceréis» – (Jesús, Lucas 13:3)

«son ellos a quienes tenemos que ayudar a obtener la igualdad y la libertad» (déus de la religió de l’egoisme, res a vore amb la religió cristiana). La llibertat cristiana no és fer el que a un li dona la gana, sinó que està subordinada a la veritat. «La verdad os hará libres».  I Jesús no parla en cap moment d’igualtat.

Jo realment, voldria que renunciara a l’oficina del Papa i es posara com a polític o com a un càrrec en Nacions Unides, que és la seua veritable vocació.

Es com si el president de Podemos fora Santiago Abascal. Es el «falso profeta» del que parlen les profecies

Scalia sobre el socialismo y el cristianismo

About the Messianic Jews are Jews or Christians

Late conservative rabbi Jacob Neusner said “Jews who practice Christianity cease to be part of the ethnic Jewish community, while those who practice Buddhism remain within.”

Look, most modern Christians see the Jews as the ancient religion of Israel. The spiritual descent of the ancient Israelites that didn’t accept Jesus as Messiah. As if Jews had been stuck in the Old Testament. If this were true, it would be possible to be Jew and Christian at the same time. For example, James the Just, practiced the religion of the Old Testament thoroughly while being one of the first Christian leaders.

In reality, modern Judaism is a new religion founded in the first centuries of the Christian era. Its base is not the Old Testament but the Talmud, a book of commentaries that replace the Mosaic law in the Old Testament (which was unable to be applied after the destruction of the Temple in 70 AD, since the Mosaic law required a Temple). You can know more about Judaism in this article, written by a Jew.

For example, traditionally religious Jews pay little attention to most of the Old Testament, and even very learned rabbis or students who have devoted many years to intensive study may remain largely ignorant of its contents. Instead, the center of their religious world view is the Talmud, an enormously large, complex, and somewhat contradictory mass of secondary writings and commentary built up over many centuries, which is why their religious doctrine is sometimes called “Talmudic Judaism.” Among large portions of the faithful, the Talmud is supplemented by the Kabala, another large collection of accumulated writings, mostly focused on mysticism and all sorts of magic.

This new Talmudic religion is anti-Christian. I don’t know how to put this in a non-harsh way and I don’t mean to offend anybody. Talmudic Judaism was born as a reaction against Christianity, to which most Jews had converted (especially in the diaspora, see the work of Rodney Stark about the growth of early Christianity). It was necessary for it to protect against the assimilation of Christianity, which had become dominant in the late Roman Empire.

Whereas pious Muslims consider Jesus as the holy prophet of God and Muhammed’s immediate predecessor, according to the Jewish Talmud, Jesus is perhaps the vilest being who ever lived, condemned to spend eternity in the bottommost pit of Hell, immersed in a boiling vat of excrement.

Religious Jews regard the Muslim Quran as just another book, though a totally mistaken one, but the Christian Bible represents purest evil, and if circumstances permit, burning Bibles is a very praiseworthy act.

Pious Jews are also enjoined to always spit three times at any cross or church they encounter, and direct a curse at all Christian cemeteries. Indeed, many deeply religious Jews utter a prayer each and every day for the immediate extermination of all Christians.

Look, I am not attacking the Jews (most Jews don’t know their religion that well). I only say that their religion excludes Christianity. This is why Messianic Jews are (Protestant) Christians and not Jews.

Restauremos el estigma

Roger Scrutton.
City Journal. Otoño 2000

Sin él, nos convertimos en una sociedad sin vergüenza – con algunas consecuencias desastrosas

[Original en inglés aquí]

En la actualidad, es normal considerar el estigma social como una forma de opresión, que debe ser descartada en nuestra búsqueda colectiva de libertad interior. Pero esa opinión hubiera horrorizado a los filósofos políticos y los novelistas de tiempos pasados. Para casi todos los asuntos relacionados con los requerimientos básicos del orden social, ellos creían que la presión amable de maneras, morales y costumbres – impuesta por varias formas de desaprobación, estigma, vergüenza y reprobación – era una mejor garantía de conducta civilizada y legal que las mismas leyes. Las sanciones internas, afirmaban, mantenían la sociedad de forma más segura que las sanciones externas como la policía y los tribunales. Es por ello que, por ejemplo, los moralistas del siglo dieciocho apenas mencionaban de pasada el asesinato, el robo, la violación o el engaño delictivo. Por el contrario, estaban interesados apasionadamente en las pequeñas costumbres de las que depende el orden social y las cuales, si se cumplen con propiedad, hacen que esos delitos sean impensables.

En nuestra era, se ha evaporado el estigma y, junto con él, mucha de la autorregulación constante de la comunidad a pequeña escala, que depende del respeto y miedo de cada individuo a cómo lo juzgan los demás. En consecuencia, las leyes se han expandido, tanto en extensión como en complejidad, para llenar ese vacío. Sin embargo, como las sanciones han pasado de la sociedad al estado, la gente se siente mucho más libre de seguir sus propias tendencias, de no respetar las buenas costumbres y de ignorar el efecto de su conducta sobre los otros y sobre el bien común. Pues, aunque la ley impacta mucho más en sus vidas, la experimentan como una fuerza externa sin ninguna autoridad moral auténtica. Además, la ley distingue cada vez más el dominio público (en el cual es la única autoridad objetiva) del dominio privado (en el que no puede entrometerse), dejando el dominio privado cada vez menos regulado, a pesar de que incluye la mayoría de asuntos de los que depende el futuro de la sociedad: la conducta sexual, la crianza de los hijos, la honestidad en los tratos y el respeto por uno mismo.

Asimismo, no hay ninguna evidencia de que la ley pueda compensar realmente la pérdida de sanciones sociales. La ley combate el delito, no eliminando los planes delictivos sino aumentando el riesgo asociado a ellos; el estigma combate el delito creando personas que, de entrada, carecen de planes delictivos. El hecho de que la ley sustituya de forma regular al estigma es una causa clave del aumento constante en el número y la severidad de los delitos.

Se sabe que, hace medio siglo, la antropóloga Ruth Benedict clasificó las sociedades según si la vergüenza o la culpa gobernaba las vidas internas de sus ciudadanos, estando la vergüenza dirigida hacia fuera (hacia la sociedad) y la culpa dirigida hacia adentro (hacia el yo). Pero esta es una distinción irrelevante, pues la culpa es simplemente el residuo interior de la vergüenza. La culpa es una respuesta aprendida – una internalización de la desaprobación, ira y ostracismo que los padres, los profesores y los vecinos dirigen al niño rebelde para moldear su conciencia. Por ello, la culpa existe donde la gente teme que le juzguen mal. La experiencia recogida en las sociedades modernas sugiere que, cuando la comunidad deja de responder a los fallos morales con sanciones públicas, los individuos dejan de sentirse culpables por éstos y la conciencia se debilita. Si queremos que existan las sanciones internas, debemos respaldarlas con sanciones de un tipo más exterior y público. También deben imponerse normas morales, que deben ser generadas colectivamente.

La moral sexual proporciona un ejemplo particularmente claro e importante. El sexo es el pegamento de la sociedad y también la fuerza que la hace explotar. Si se gestionan correctamente, los sentimientos sexuales producen matrimonios duraderos, familias estables, niños con padres que los cuidan y el traspaso entre generaciones del tesoro del capital social. Si se gestionan de forma incorrecta, producen una sociedad – quizás se debería decir “sociedad” – de encuentros casuales, celos y agresiones, en la que no hay ni compromisos duraderos ni sacrificio por los hijos.

La sociedad hace de la conducta sexual un asunto de conciencia y, de esta forma, la regula más efectivamente. Y esta moralización del sentimiento sexual también lo transforma, creando sentimientos que no sólo son únicamente humanos sino vitales para nuestra felicidad. El amor erótico, en contraste con el deseo animal, requiere distancia y que ésta sea vencida por la pasión. Esta distancia no existe en una sociedad en la que cualquiera puede obtener desahogo sexual en cualquier lugar y de cualquier persona sin ser penalizado con la culpa o la vergüenza, impuestas mediante el estigma u el ostracismo.

Tiñendo los sentimientos sexuales con sanciones psicológicas, las sociedades tradicionales se aseguraban que eran controlados por la persona que los siente. Como resultado, estos sentimientos se integraban en el carácter moral y no se gobernaban desde fuera con leyes y regulaciones, sino desde dentro con la voluntad. Este control interior ponía distancia entre las personas; también las protegía de los demás asegurándose de que las iniciativas sexuales no eran robos relámpago para conseguir los bienes que están a la vista, sino los primeros pasos hacia el amor y el compromiso. Si se quita este control interior, lo que era antes una fuente de cohesión social se convierte en una causa de decadencia social.

Hace mucho tiempo, las sociedades reconocieron que no podían catalogar el adulterio o el embarazo fuera del matrimonio como crímenes sin dar lugar a injusticias intolerables; el mismo Cristo tomó el primer paso hacia esta descriminalización cuando invitó irónicamente a cualquiera que estuviera sin pecado a lapidar a la mujer acusada de adulterio. Sin embargo, incluso aunque la ley se retiró de esas áreas, el código moral permaneció y las comunidades pudieron protegerse de los excesos sexuales que amenazaban su existencia estigmatizando a aquellos que se permitían estos excesos. Si se quita el estigma, nos quedamos sin métodos socialmente aceptables para hacer cumplir la moral sexual.

Esta pérdida es especialmente significativa hoy, cuando comenzamos a darnos cuenta del daño que la destrucción del matrimonio ha causado en la sociedad. La familia estable de padre y madre ya no parece […] una peculiaridad de la sociedad “burguesa”. Cada vez más, la reconocemos como la institución que aseguraba la estabilidad, armonía y prosperidad de las sociedades occidentales y que permitía a una generación transmitir su cultura e instituciones a la siguiente. No era la ley la que conservaba el matrimonio sino el estigma, el cual aseguraba que la mayoría de niños, incluso si no eran concebidos dentro del matrimonio, al menos nacían dentro de él, disfrutando así de la aceptación social y el cuidado paterno que los niños necesitan para convertirse en ciudadanos seguros y decentes.

Por supuesto, la estigmatización de los hijos ilegítimos tenía efectos laterales crueles – como los niños a los que la gente ridiculizaba como “bastardos”. Mi abuelo fue uno de ellos […] Pero, como James Q. Wilson y otros han mostrado, la eliminación del estigma sobre los hijos ilegítimos, no ha hecho nada para mejorar el carácter y las perspectivas de éstos. Por ejemplo, los estudios estadísticos de prisioneros estadounidenses muestran que la ilegitimidad es, por mucho, el factor más importante que predispone a los niños a una vida de crimen – más significativo que el coeficiente intelectual, la raza, la cultura o cualquier otro factor investigado por criminólogos. La función del estigma era evitar que la gente se reprodujera en formas socialmente destructivas. Con el estigma desaparecido, cada vez más niños nacen fuera del matrimonio y las ayudas sociales a las madres solteras hacen que tomar este atajo al éxito reproductivo sea ventajoso económicamente. Esto es una catástrofe en los barrios marginales de hoy en día; será una mayor catástrofe en Gran Bretaña de aquí 20 años, cuando los niños nacidos dentro del matrimonio sean minoría.

El caso no es muy diferente del adulterio. La gente de la generación de mis padres no confesaría públicamente este tipo de transgresiones; si lo cometían, lo hacían en secreto […] Hoy, sin embargo, alguien invitado a una cena con su esposa puede aparecer, en cambio, con su amante – incluso una amante que nadie conoce todavía – sin producir más que una ligera curiosidad.

El efecto sobre el matrimonio es evidente. En Gran Bretaña, como en Estados Unidos, casi la mitad de todos los matrimonios acaban en divorcio […] El matrimonio ya no es la norma socialmente aceptada que señala la verdadera conclusión del desarrollo sexual, sino una opción individual, que no es asunto de nadie sino de la pareja que lo contrae. Por lo tanto, ningún estigma se asocia al divorcio. La poligamia secuencial es la norma entre hombres exitosos y, a los que pierden en ese estado de cosas – las mujeres y niños que estos hombres abandonan –, se les ha privado de su protección más importante, que eran los castigos sociales que sufría el malhechor. Nuestra sociedad prodiga generosamente simpatía sentimental a víctimas imaginarias (cuya conducta irresponsable es la causa real de su infortunio), pero es completamente indiferente a las víctimas de verdad, como los niños abandonados o ilegítimos (cuya desgracia resulta de la negativa de la sociedad a juzgar a los malhechores). […]

Se suele considerar que el ataque al estigma comienza con los grandes dramas de culpa protestante – con “La Letra Escarlata” de Hawthorne o “John Gabriel Borkman” de Ibsen – pero ya está presente en el énfasis que pone la Ilustración en la libertad individual como objetivo de la vida social y en la concepción romántica del marginado social. […]

Por lo tanto, para la imaginación moderna posromántica, la disposición a mantener normas sociales usando el estigma y la vergüenza parece aberrante, una forma de mala conducta más que una cura para ésta. La cultura estadounidense actual se ha posicionado firmemente contra las formas antiguas de estigma social, desprendiéndose de su herencia puritana […]. La guerra del siglo XX sobre la culpa ha acelerado este proceso. Debido en parte a la lectura incorrecta y a la vulgarización de Freud por los que veían la “represión” como un mal y la “liberación” como cura para ella, y en parte a la creencia existencialista en la “autenticidad” y la “buena fe”, la culpa pasó a ser vista como una fuerza negativa, una fuente de sufrimiento que no produce beneficios que compensan este sufrimiento.

Muchos teóricos presionaron para avanzar hacia esta conclusión. Por ejemplo, el discípulo de Freud, Wilhelm Reich atacó la “familia patriarcal” como la fuente de represión sexual y de deformación de la libido del individuo – como si la represión sexual fuera algo incuestionablemente malo. Su “Función del Orgasmo” ofreció liberar nuestros impulsos sexuales, proporcionándoles un objetivo sencillo y moralmente neutral – no el amor y el compromiso o la procreación y la familia, sino un breve espasmo de la carne. Herbert Marcuse vendió la misma mercancía en el lenguaje del humanismo marxista, mientras Sartre desarrollo una completa teología de liberación, diseñada para representar a la sociedad convencional (junto con sus normas, sanciones y convenciones) como la fuente de todo mal, la cual nos impide florecer en nuestra libertad y disfrutar los frutos de nuestras verdaderas elecciones. El mayor pecado, según Sastre, era la “mala fe” – la obediencia a una autoridad externa al propio yo. La mala fe era la voz del Otro, y el principal enemigo de la libertad humana es la comunidad de gente honrada, que cumple las leyes y se vigila mutuamente.

Atacar la culpa incluye negar la vergüenza en la misma medida. Por ejemplo, si no debemos sentirnos culpables sobre nuestras aventuras sexuales, entonces tampoco podemos sentirnos avergonzados de las mismas. Además, cualquier intento de avergonzarnos, de tratar con desdén y desprecio nuestras seducciones, orgías y excesos, es un acto de opresión, una negación de nuestros derechos fundamentales. Por consiguiente, se ha asumido que debemos considerar las excentricidades de nuestros vecinos como un asunto completamente privado y éstas no deben ser más criticadas o ridiculizadas que el contenido de su carro de la compra cuando llegan a la caja del supermercado. En la esfera sexual, como en la esfera de la compra, la única ley vinculante es la ley del mercado.

Sin embargo, el extraño resultado de este movimiento para rechazar el estigma ha sido la introducción de un estigma de otro estilo. La gente “moralista” (“judgmental”) se ve condenada con una vehemencia que hubiera sido apropiada en [el juicio de las brujas de] Salem. Los que viven según la moral tradicional acaban siendo clasificados con etiquetas abusivas; si lamentas la ilegitimidad y la dependencia de las ayudas sociales que ésta frecuentemente produce, demuestras ser un “miserable” y una persona a que le falta “compasión”; […]; si crees en la cultura occidental eres un “elitista” – todas estas son etiquetas que pueden dañar una carrera profesional. El estigma flota libremente en el mundo anárquico de los estilos de vida individualistas, listo para adherirse a cualquiera que defienda el autocontrol.

Es en este contexto en el que deberíamos entender la corrección política [es decir, lo políticamente correcto]. El nuevo tipo de estigma crea un nuevo tipo de miedo. La corrección política no es una moral en el sentido tradicional: no requiere que cambies tu vida, que hagas sacrificios o que vivas según un código exigente de conducta. Te dice que cuides tu lenguaje, para evitar que te juzguen negativamente de la única manera posible, que es juzgar a aquel que juzga negativamente. […]

Sin embargo, al contrario que las formas antiguas de estigma, cuya función era unir a una comunidad y ligar cada miembro al destino común, esta nueva forma de estigma tiene exactamente el objetivo opuesto: permitir la fragmentación social. La mención de “la inclusión social” es una máscara que oculta lo contrario. La corrección política no busca incluir el Otro en nuestra comunidad sino aceptar sus diferencias y permitirle vivir fuera de la comunidad. En efecto, intenta crear una sociedad de extraños, donde cada uno persigue su propia gratificación en la manera que ha escogido libremente y no responde de lo que hace a nadie sino a sí mismo. Por supuesto, hay límites: aún están prohibidas las actividades que amenazan la vida o la propiedad. Pero es la ley la que las prohíbe y no la moral […]

Sin embargo, hay una gran excepción a esta actitud y va al corazón de nuestra naturaleza moral. Esta excepción es la pedofilia […] La histeria sobre la pedofilia indica una sociedad que ha llegado al borde de la autodestrucción y se encuentra allí mirando al vacío. […] Si la corrección política se convirtiese también en la norma en esta área […] entonces la “sociedad de extraños” sería, por fin, una realidad. La “inclusión social” significaría atomización social: a nadie le importaría lo mínimo la conducta del otro, siempre que no fuera amenazado directamente por ella y nadie haría nada para asegurarse de que se transmiten los beneficios y las cargas de la civilización.[…]

Por supuesto, todavía no hemos llegado a esta etapa. Sin embargo, las formas permitidas de estigma están disminuyendo […] La disminución del estigma significa inevitablemente que la tarea de asegurar el control social es dejada al estado. Por lo tanto, el estado se ha convertido en el guardián del orden social.

Pero esto ha pasado en el momento preciso en el que el estado no ve otro remedio a los males sociales que no sea la “compasión”, lo que quiere decir subsidiar a los malhechores. El estado ya no representa una sociedad burguesa normal, con sus convenciones y su decoro. Se ha hecho subversiva de todo ello y se dedica a monopolizar las sanciones morales, mientras que, al mismo tiempo, las vacía de toda su fuerza. Los castigos son cada vez más leves, las excusas son cada vez más aceptables y una niebla de corrección política asfixia todas las oportunidades para condenar o juzgar.

Reprochar [la conducta de] tu vecino es arriesgarte a perder su buena disposición, defender las convenciones es exponerte a la burla de los “liberados”.

Y, sin embargo, el bien de la sociedad puede requerir que la gente corriente tome estos riesgos – riesgos que, si se van a gestionar correctamente, requieren valor, justicia e incluso un toque de humildad. La literatura moderna no ha cantado a menudo el heroísmo de la conciencia convencional. Pero los griegos cantaron bellamente ese heroísmo, tanto en los coros de las tragedias como en los personajes, como Creón en la Antígona de Sófocles, que intenta mantener a flote la nave del estado a pesar de las apasionadas transgresiones de sus ciudadanos.

No hay nada que nos sería más útil que esa forma antigua de heroísmo – el heroísmo de la reprobación, por el que la gente se arriesga a ser condenada por el hecho de condenar. El estigma no es un acto de agresión sino un signo de que nos preocupamos por la vida y acciones de los vecinos. Expresa el hecho de estar consciente de otra gente, de desear su buena opinión y de esforzarse para defender las normas sociales que hacen que juzgar sea posible. Es la expresión exterior de un orden interior – y una declaración de fe en la naturaleza humana.

Sobre el bioleninisme des de la meua perspectiva

La nostra cultura té una base nihilista, perquè la religió de l’egoisme és nihilista. No hi ha un estàndard social per distingir el bé del mal.

Per això, la llibertat: com la societat no distingeix entre bé i mal, cadascú pot fer el que li dona la gana. (Altres societats pensaven que no tens dret a fer el mal)

Per això, la igualtat. Al contrari d’unes altres societats no pot haver-hi millor ni pitjor, perqué no hi ha bé ni mal

En esta absència total de regles de mesurar, en este nihilisme i relativisme… En este milió de veus que criden alhora dient mil coses contradictòries i que totes consideren d’igual valor… Quina és l’opinió que marcarà la direcció de la societat?

Es fàcil: qui cride més fort, qui siga més fanàtic i aconseguisca fer callar als altres. I cride i cride. I repetisca el mateix tema una i una altra vegada

I quin tipus de gent és eixa? La gent amb problemes mentals. La gent amargada.  La gent obsessionada. La gent neuròtica i paranoica.  La gent que no s’accepta a ella, o a la vida o la realitat.

Eixa gent viu la vida obsessionada amb les seues frustracions i els han fet creure que la causa de les frustracions no són ells sinó la societat, que no són ells els problemàtics sinó la gent normal (la societat) és la que els està fotent (oprimint).

Així el seu patiment i la seua malaltia mental acaben transformant-se en activisme polític obsessiu que sobrepassa a tots els altres

Així en la plaça pública dominen els missatges d’homes que es creuen dones, de  dones que creuen que tots els seus fracassos es deuen al patriarcat i que veuen un arbre de Nadal i interpreten que representa una xufa, de gent que pensa que tots els seus problemes es resoldran amb la independència de Catalunya, de tipus que volen ensenyar a masturbar-se a xiquets, de  gais que volen prohibir tot el que no els aplaudisca.

La gent ferida, la gent destorbada. Estos són els que decideixen en quina direcció va la societat.

Porten als altres al seu terreny.  Així, per exemple, dones que en un altra epoca haurien sigut felices. Hui viuen amargades perquè pensen que la seua vida seria perfecta si no fora que els homes estan tot el dia pensant en com oprimir-les

Com diuen els anglesos: The inmates are running the asylum. Vol dir «els bojos són els qui manen en el manicomi»

Qui serà més efectiu políticament? Una persona que és bàsicament feliç en la seua vida o un home que està obsessionat que és una dona, passa el dia menjant-se el cap a ell mateix dient-se que és una dona i està obsessionat a que tot el món li diga que és una dona.

La persona que és feliç té una vida a viure: la seua parella, els seus fills, els seus amics. La política només ocupa una part xicoteta de la seua vida.  El destorbat mental tota la vida es redueix a una obsessió continua i la política és el mitjà principal per aconseguir-lo.

Així el poder recluta a la gent que té problemes psicològics i els dona el que volen, perquè saben que són bon soldats.Són lleials i et votaran, sempre que els dones el que volen, la seua obsessió.

I ara pregunta’t: entre dos persones que estan malament psicològicament, quina guanyarà en el terreny polític? La que estiga més malament del cap! Es la més fanàtica, la que crida més fort.

Es per això que els transexuals estan derrotant a les feministes en victòries humiliants

Sobre l’esquerra

Esther, l’esquerra no ha sigut mai el partit del poble. De Marx a Pablo Iglesias, ha sigut el partit de la classe mitjana educada (professors, funcionaris, escriptors) i dels fills de rics educats, avorrits o amb culpa (Engels, Bescansa).

Tampoc representa al poble. «Los progresistas nunca preguntan al pueblo que es lo que quiere – ¿para qué hacerlo, si ya saben lo que es bueno para el pueblo?» (Derek Bickerton). Primer el que ells sabien que era bo per al poble era el marxisme i ara és correcció política (una ideologia de falsa rebel·lia manufacturada per ajudar als poders financers)

Quan el poble s’ha rebel·lat contra les receptes de l’esquerra, l’esquerra no ha tingut cap problema en massacrar-los (100 milions de morts en el segle XX). Així que la vella esquerra marxista tampoc té cap lliçó de superioritat moral que donar.

Més recentment ho hem vist en el Brexit. El poble britànic volia Brexit i l’esquerra britànica ha intentat fer totes les trampes possibles i carregar-se la democràcia per carregar-se el Brexit, perquè és el que li convenia a ella.

Sobre la corrupció en Haití

Con 500 mil dólares en donaciones, la Cruz Roja construyó exactamente 6 casas en Haití después del terremoto.

https://www.huffpost.com/entry/red-cross-haiti-report_n_7511080

Veus este armari? Es de metall. Imagina-t’ho pitjor acabat

Quan jo estava en Haiti, Nacions Unides va comprar centenar d’ells per donar-los a la Policia. El feien dos negres amb un soldador en una xabola

No crec que l’armari costara mes de 50 dòlars en Haiti. Per cadascun vam pagar 3000 dòlars, mig milió de peles.  Algú es va quedar els diners i no van ser els negres.

Però així va tot.

Arribe un dia i Hugo, un company de Canada, em diu:

– «Estem donant ventiladors! En vols un? Son 100 dòlars!»
– «I això és molt o poc?»
– «Molt. Però com va a funcionar la corrupció, si no?»

El mòbil que ens donaven era de fa 10 anys i el compraven per 500 dòlars

I no parlem de tots els milions que van fer els Clinton en Haití