Lo que mueve la destrucción de la Iglesia

Distingamos lo que es de siempre con lo que solo ocurre ahora. Esto es de siempre: El sacerdote devoto y santo no llega a obispo. Está más ocupado en la salvación de su alma y la de sus feligreses para dedicarse a intrigar para conseguir el poder. En esto, la iglesia no se diferencia de otras estructuras de poder, como la administración pública. La gente de más arriba es la peor.

Ha habido siempre pruebas de la corrupción (en sentido de «estar podrido,» no necesariamente económico) de las capas altas de la jerarquía. Ya San Pedro Damián (1007 – 1072) denunció los actos homosexuales de las autoridades eclesiásticas. En el Decamerón (1352), se bromea sobre la corrupción en el Vaticano, la cual fue más tarde excusa para la Revolución protestante (1517). ¿Y alguien cree que el cardenal Richelieu (1585-1642) era un ejemplo de fe y vida cristiana? Talleyrand (1754-1838), una de las personas más maquiavélicas de la historia, era un obispo.

Lo que es nuevo ahora es que hay una religión alternativa (la religión del progreso) y una forma de introducirla en la iglesia: el modernismo. Así los obispos corruptos (en sentido de «estar podridos») pueden tranquilizar su conciencia si se convierten a esta religión alternativa. Antes, el obispo que no tenía fe o que se dedicaba a pecados contra natura simplemente tenía que vivir con la idea de que era un hipócrita, tomando salario y poder de una religión católica en la que no creía.

Ahora no tiene esos problemas de conciencia, porque cree que está «modernizando la iglesia». No es que el sea pecador por dedicarse al arco iris, sino que lo del arco iris no es pecado y él está trabajando para que la iglesia se adapte a los nuevos tiempos. No es que él sea un hipócrita por no tener fe, es que la fe es obsoleta: todas las fe son iguales y su vago deísmo es tan bueno como cualquier otra creencia y la iglesia debería reconocerlo. Así que cambian la iglesia para que se parezca más a ellos, con el fin de tranquilizar su conciencia. Esto es lo que hay detrás d todo lo que pasa ahora en la Iglesia: las bendiciones LGBTI, por ejemplo, o todas las religiones son válidas, de Franciso y León. El motor es la conciencia de los obispos y autoridades.

Como la coniciencia no puede ser apagada, tiene que ser calmada continuamente y esto hace que las autoridades se esfuercen por cambiar la iglesia para que lo que hacen no sea pecado. Desmantelarán la iglesia para calmar su conciencia. Aunque detrás de esto, está el enemigo.

Los grupos «clásicos» les molestan porque les hacen recordar lo hipócritas y corruptos que son. Cuando ven alguien que sinceramente profesa su fe, inconscientemente comparan su hipocresía con la fidelidad de este fiel. Esto les reaviva el conflicto cognitivo, la conciencia que trabajan todo el día en sepultar (porque no puede ser desactivada) y les produce un conflicto interior. Así que hacen todo lo posible porque esto no exista: o bien cambiando las normas o bien persiguiendo o intentando corromper a estos fieles sinceros.

Por ejemplo, hacia 2001, un abogado mencionó favorablemente a los Heraldos del Evangelio al cardenal brasileño João Braz de Avizera obispo de Ponta Grossa. El prelado respondió: «No simpatizo con esa institución… El problema es que no soporto su pureza».. Ahí tienes la conciencia del cardenal en acción y por qué, una vez tuvo autoridad en el Vaticano, persiguió tanto a los Heraldos. Su pureza intranquilizaba la conciencia del cardenal, porque la comparaba con el estado de tu alma. Así que destruirán la Iglesia solo para intentar calmar su propia conciencia.